La lección brasileña

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¿Pueden escucharla? Presten atención. Tic-tac suena la bomba de tiempo. Tic-tac, avanza lentamente. Lo que parecía un tranquilo verano, se ha convertido en una bomba de tiempo.

Sólo basta echar un vistazo a Brasil, que pintaba para ser una fiesta y las recientes manifestaciones han demostrado que el futbol es lo más importante de lo menos importante. Los brasileños han dado una lección al mundo que no todo es pan y circo y que antes que goles, prefieren frijoles.

¿Cómo empezó todo en Brasil? Empezó por un problema que también tenemos en Querétaro: el transporte público. El gobierno aumentó el equivalente de un peso mexicano el costo del pasaje, lo que generó una ola de protestas.

Y aunque el gobierno brasileño ya dio marcha atrás en el incremento, las protestas siguen y han opacado la Copa Confederaciones. Incluso jugadores de la verdeamarelha se han mostrado solidarios con el movimiento.

De la protesta por la tarifa del transporte ahora luchan contra la corrupción generalizada de la clase política. Los altos costos de la construcción de los estadios para el mundial del 2014 han despertado a los ciudadanos brasileños.

Para muchos ha sido sorpresa porque en realidad tene Seguir leyendo La lección brasileña

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¿Y la clase media?

ImagenVíctor López Jaramillo

Publicado en El Universal Querétaro

En los hoy lejanos años noventa, el escritor canadiense Douglas Coupland escribió un libro que fue un referente para explicar a toda una época: “Generación X”. Más allá de la calidad literaria del texto, lo que destacó de sobremanera fue el glosario para explicar la nueva era, del cual, utilizaré un término en este artículo.

¿Cómo llamar a la separación creciente entre ricos y pobres, y la consiguiente desaparición de las clases medias?, Para Coupland la palabra es “Brasilificación”. Aunque la palabra bien pudo ser Mexificación.

Tras la temprana jubilación del Estado del Bienestar y el auge de las políticas reaganianas, la economía produjo nuevos millonarios… pero también nuevos pobres. Desde entonces, la obsesión de los gobiernos de las economías emergentes (antes llamadas tercermundistas) es demostrar que la brecha entre ricos y pobres se ha acortado y su clase media, crecido. De eso se jactó Salinas de Gortari, aunque el error de diciembre le derrumbó su mito genial.

De eso se jactaron Vicente Fox y Felipe Calderón, que México es un país de clases medias y hasta sus intelectuales orgánicos lo pregonaron a diestra y siniestra. Y de hecho se jactan diversos funcionarios de todos los colores en Querétaro, que somos un estado económicamente de clase media y por ello se inaugurarán centros comerciales para satisfacer todas nuestras ansias consumistas.

Sin embargo, siempre hay un sin embargo que echa a perder la fiesta, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía presentó un documento a la prensa en donde busca contribuir a la discusión sobre el tema aunque, dice el mismo texto para curarse en salud, los datos no pueden ser considerados estadística oficial.

Aunque el INEGI en primera instancia pretende demostrar que la clase en media ha crecido, un dato tira ese sueño: 59 de cada 100 mexicanos son de clase baja, 39 son de clase media y 2 de clase alta.

Y para terminar de rematar el sueño, el Banco Mundial reiteró en s Seguir leyendo ¿Y la clase media?

A dios lo que es del César

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Publicado en El Universal Querétaro
Víctor López Jaramillo
Definitivamente, en este país uno no puede aburrirse, dicen que algo parecido dijo el gran Monsiváis. Y yo a Monsi no lo voy a desmentir, sobre todo cuando nuestra clase política se empeña en darnos horas y horas de diversión dignas del campeón del humorismo blanco.
Y aunque nuestros políticos no tienen horario estelar en la barra de comedias de televisora alguna, más de uno dejaría sin chamba a los malos comediantes de hoy día. El más reciente chiste corrió por cortesía de Margarita Alicia Cervantes Arrellanes, alcaldesa de Monterrey, Nuevo León, quien tuvo la puntada de entregarla la ciudad a ¡Jesucristo! con todo y reconocimiento, como si fueran las llaves de la ciudad. Y ya encarrerada, lo nombró máxima autoridad. O sea, ¿Ya para qué quieren los regiomontanos elecciones si ya tienen autoridad suprema eterna?
Digo, uno es libre de entregarle las llaves de su alma al dios de su preferencia, así sea Huitzilopochtli o los dioses del Estadio Azteca que tantos goles hacen fallar a nuestra sufrida selección nacional de futbol; pero de eso a entregarle, simbólicamente claro, una ciudad al dios cristiano, hay un largo trecho.
Que un gobernante entregue toda una ciudad a un ser divino, es algo típico de la Edad Media, como cuando un rey se volvía protestante, tooodo el pueblo tenía que volverse protestante.
Y tenía que ser panista la alcaldesa que entregó la ciudad a Jesucristo. Me pregunto que si antes de hacer tal evento, ¿acaso consultó a la población? ¿Al menos consultó al cabildo? ¿O se sintió como princesa medieval y creyó que sólo su palabra es la ley? ¡Qué alguien piense en el Estado laico tan olvidado últimamente!
¡Pobre Estado laico! Ya nadie lo respeta. Los políticos en su afán de quedar bien con las jerarquías religiosas y ganar votos a través con ellas, se olvidan de esa máxima que dice: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pero últimamente en México, todo lo del César ya es de Dios.
Claro, la alcaldesa panista no es la primera aunque sí la más aventada. Recordemos que en nuestro Querétaro lindo y querido ya habían hecho algo parecido los mismos panistas. En los tiempos no tan lejanos de cuando Manuel González Valle era alcalde y Amadeo Valladares su jefe de policía, se rindieron honores a Santiago Apóstol, quien dice la leyenda (repito: leyenda, no hecho histórico) le echó la mano a los españoles para conquistar estas tierras.
Así es, aun en algunas mentes políticas permea ese pensamiento medieval y se olvidan de que vivimos en una república laica y no en una monarquía religiosa.
Aunque para el caos cotidiano que se ha vuelto la ciudad y la incapacidad de los gobernantes de resolver los problemas de transporte y desarrollo urbano, no estaría de más empezar a pedir un poco de ayuda divina y entregarle la ciudad.
Igual y en una de esas la Virgen del Pueblito resulta más eficaz que nuestros gobernantes.

¿Estás con Policarpo o con Torres Landa? #Guanajuato

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Víctor López Jaramillo
“¿Estás con Policarpo o con Torres Landa?”, fue la pregunta que en mi infancia me hicieron mis compañeritos de primaria. Y de la certeza de mi respuesta dependía que no me tumbaran los dientes. “No sé”, respondí. Pregúntale a tus papás, me sentenciaron.
Mi familia y yo apenas teníamos dos meses en San José Iturbide, Guanajuato. Para un niño, la política es el reino de la aburrición y mis padres no sabían quiénes eran los susodichos. Recién desempacados de San Juan del Río, mis padres me dijeron: di que estamos con Camacho Guzmán, entonces gobernador de Querétaro. Y eso dije. Incapaces de conocer otro nombre político más allá de la dualidad local, mis inquisidores dejaron mis dientes intactos.
En ese otoño de 1983 aprendí una lección: La política no es tan aburrida. Apenas el año anterior, San José Iturbide se había cimbrado por el movimiento político llamado Causa Iturbidense cuyo principal fruto fue lograr que un jovencísimo Juan Ignacio Torres Landa fuera presidente municipal tras romper con el PRI.
Apoyado por un amplio número de ciudadanos para ser candidato por el tricolor, la candidatura le fue negada desde el CEN del PRI y ésta fue otorgada a Policarpo Vargas. Juan Ignacio intentó registrarse por el PARM, sin embargo, dicho partido había perdido el registro en las elecciones de julio de 1982. Optó por la vía independiente y la Causa Iturbidense tomó el color verde como distintivo y en cada casa de simpatizantes se colgó un moño de dicho color.
Entrevistado por este reportero en junio de 2006 para un documento académico, Juan Ignacio Torres Landa declaró que “la gente siguió el impulso de que deberíamos de llegar a la alcaldía y es como alcanzamos la Presidencia Municipal a través de un triunfo bajo fórmula no registrada, ni siquiera círculo independiente. No estaba el nombre impreso en la boleta, la gente tenía que colocar el nombre del Ayuntamiento en el recuadro para candidatos no registrados y bueno, fue un triunfo maravilloso, arriba de un 80%.”
La política calentó ese frío otoño iturbidense. Tanto que hasta la casa del candidato priista Policarpo Vargas ardió en llamas y se vio obligado a abandonar el pequeño pueblo.
Divididas las actividades de cada miembro de la familia Torres Landa, Juan Ignacio sería el político; otros hermanos, los empresarios. Y Juani, como le decían de cariño, iniciaba brillantemente. El plan era ser alcalde, diputado local, federal y finalmente gobernador de Guanajuato. En ese junio de 2006 comentó que había llegado hasta tercera base, sólo faltaba llegar a home.
El brillante inicio pronto fue opacado. El conflicto: querer regresar al PRI. Lo que parecía ser una primavera democrática, pronto se volvió invierno cuando en 1983 anunciaba el regreso al partido por el que su padre Juan José Torres Landa había sido gobernador.
En una plaza pública, anunció el regreso a su viejo amor. Muchos iturbidenses aplaudieron; otros, simplemente se desilusionaron de la política. Su carrera fue ascendente pero sin la heroicidad que da el pelear contra el sistema.
Su renuncia al PRI había dejado una enseñanza en la política local: es posible derrotar al partido hegemónico. Y de hecho, ese fue el principio del fin del tricolor en ese rincón de Guanajuato. Aspirante que no era beneficiado por la candidatura, renunciaba para derrotar al PRI desde otra fuerza política. Desde 1991, el PRI no gana en San José Iturbide.
La prueba de fuego llegó en el año 2000. La gubernatura estaba al alcance de la mano. El rival era un candidato azul pero muy gris. Parecía un contrincante a modo para lograr la carrera perfecta.
Dama caprichosa es la política y a veces le da por obedecer las reglas de la física: a cada acción corresponde una reacción en sentido inversamente proporcional. Y en ese 2000, su campaña de 1982 lo alcanzó. En pleno debate entre candidatos a la gubernatura de Guanajuato, una voz del pasado emergió desde la penumbra, interrumpió el debate y le reclamó que él le había arruinado su vida y quemado su casa. En efecto, era Policarpo Vargas que regresaba sólo para cobrar venganza contra Torres Landa.
Ese año el PRI y él tuvieron su derrota más estrepitosa. Parecía el ocaso del partidazo y de su carrera. Alejado de los reflectores políticos, lamió sus heridas, esperando una segunda oportunidad al bate. Los negocios y desencuentros ecológicos en San Luis Potosí lo esperaban.
En el 2012 la ansiada gubernatura estaba nuevamente al alcance de la mano. Con un PAN desgastado, un candidato presidencial priista apoyado por Televisa y el ánimo renovado, Juani emprendió otra vez la aventura. Nuevamente, la sombra de Policarpo Vargas se asomó en el debate para acusarlo. Incluso hoy sigue abierto un proceso legal por esa intervención.
Su partido recuperaba la Presidencia de la República e incluso el bastión azul de León. Pero a él, la dulce victoria definitiva se le negaba.
Juan Ignacio Torres Landa llegó a primera base con la alcaldía, a segunda con la diputación local, a tercera con la federal. Con dos turnos más al bate fue incapaz de conectar de hit y llegar a la gubernatura. Le faltaba un turno más pero la muerte no le permitió batear por última vez…
Siempre en mi memoria retumbará esa pregunta que me hicieron en mi infancia: ¿Estás con Policarpo o con Torres Landa?

7 de Junio, una mala costumbre. #LibertaddeExpresión

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Publicado en El Universal Querétaro
Víctor López Jaramillo
En el principio fue el papel… O más bien dicho, la falta de papel. Una escasez de ese insumo elemental para la prensa escrita dio origen al tradicional besamanos entre la prensa domesticada y el ejecutivo en turno.
Era 1951. El PRI se afianzaba como partido hegemónico. Para ello, no dudaría hacer fraude electoral en 1952 contra el general Miguel Henríquez Guzmán y reprimir a todo aquel que protestara. Nada quedaba fuera del control del priismo. Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, es la máxima que resume el Priato.
Los medios no podían escapar de esa lógica. Controlados, amordazados. Los medios nacen al amparo del poder político priista. Por ejemplo, en 1950 el primer programa de televisión que se transmite en México en el canal 4, embrión de lo que hoy es Televisa, es el 4º Informe de Gobierno de Miguel Alemán. Por más que quiera evitarlo, Televisa llevará siempre, parafraseando a la canción, sabor a PRI.
La prensa escrita no tiene mejor suerte. En ese medio siglo, la mayoría de la prensa firmaría su boda de sangre con el poder priista. Solucionada toda posible escasez de papel, organizados por el general García Valseca, dueño de la cadena de los soles –hoy OEM-, los empresarios periodísticos organizan una comida para darle gracias al señor presidente.
Entre platos de langosta a la americana, arroz a la criolla y copas de vino Chablis 1946 y champaña Charles Heidseck, la prensa domesticada daba gracias a Miguel Alemán por la “libertad de expresión”.
Es una lástima que a seis décadas de dicha sumisión de la prensa al poder ejecutivo, en Querétaro sigamos con esa lamentable “tradición”.
Aunque a nivel nacional se ha erradicado poco a poco esa costumbre, aquí cada 7 de junio, gobierno del estado organiza una comida para que los periodistas “agradezcan” la “libertad de expresión” que se les ofrece. Y para que se note que hay más libertad, hasta se rifan obsequios entre los asistentes. Comidas que son replicadas por todos los ámbitos de gobierno y se llega al exceso de hasta rifar casas a los reporteros de la fuente, como lo hizo el hoy senador Francisco Domínguez.
Aunque en Querétaro tuvimos una alternancia política en la gubernatura, la relación prensa-poder se mantuvo al más puro estilo del cacicazgo priista. Una subordinación de las empresas periodístico al poder político.
Dice el prestigiado periodista colombiano Javier Darío Restrepo que con las rifas en las comidas de “libertad de expresión”, uno de los principales afectados es el propio gobierno.
“Tiene que haber mucho por tapar cuando un alcalde, gobernador, gerente, ministro o cualquier funcionario, acuden a este recurso para fletar o para silenciar periodistas. Porque finalmente todos pierden, sean los periodistas y medios que pecan por la paga, o las autoridades o empresas que pagan por pecar”, afirma Darío Restrepo en su consultorio ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.
Sin prensa libre no hay democracia plena. Una comida para “agradecer” al gobierno el ejercicio de la “libertad de expresión” sólo es un reflejo de lo atrasado en materia de relación prensa-poder que vivimos en Querétaro.