¿De ladrillo o de mármol? El dilema de administrar o transformar

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Víctor López Jaramillo
En su lecho de muerte, el primer emperador romano, Octavio Augusto, pidió a quienes que lo rodeaban que si consideraban había hecho de su vida una buena obra en este mundo terreno, hicieran como en el teatro griego: aplaudieran al autor. Evidentemente, quienes lo rodeaban, aplaudieron al agonizante mandatario.
Motivos para aplaudir no faltaban. Como el mismo Augusto resumió: recibió una Roma de ladrillo y entregó una Roma de mármol. Como gobernante había decidido no ser un simple administrador y ser un transformador. Del caos heredado tras el asesinato de Julio César, reorganizó el corpus jurídico y político para cimentar las bases de una nueva organización: el imperio.
Esa es la sutil diferencia entre ser un político o un estadista. En elegir entre sólo administrar el caos o entregar un nuevo orden.
Durante una mesa de análisis en RadioUAQ con los maestros Luis Alberto Fernández y José Luis Álvarez Hidalgo, en donde se comentaba el informe del gobernador, surgió la pregunta: ¿Qué grandes obras ha hecho? ¿Cómo se recordará al gobierno de José Calzada Rovirosa?
A botepronto, no encontré un adjetivo, lo que me llevó a releer un artículo de mi amigo Daniel Muñoz en donde se plantea discretamente este dilema: ¿El gobierno de José Calzada administra o transforma?
Evidentemente, desde la propaganda oficial, nos han bombardeado los grandes logros de este gobierno. Un momento de consolidación, una construcción de un estado idílico. Crecimiento económico y seguridad. El mismo discurso que repiten los gobernantes queretanos desde mediados del siglo pasado.
Con diferentes matices, se repiten viejas historias. Que finalmente Querétaro está en la mira del mundo. Y digo viejas historias, porque desde los años 50, revistas norteamericanas se han ocupado de hacer reportajes sobre la tierra prometida que un día será Querétaro.
La narrativa política de Querétaro no se ha reinventado. Se recicla. En cada informe, el paraíso está a la vuelta de la esquina. Aunque los problemas del desmedido crecimiento urbano, siguen en aumento. Y la percepción de que los robos a casa habitación crecen.
Aunque los índices de seguridad son bajos con relación a otras zonas de la república, aún se vende la idea de que Querétaro es una especie de Suiza neutral en la violencia que azota el país. Y si algo llega a suceder, se le considera un hecho aislado. Insisto, la misma vieja canción.
Se anuncia que el servicio de transporte público será de prepago. Querétaro aspira a ser una ciudad de primer mundo con transporte de tercera. En tanto, las unidades de transporte siguen descuidas y las rutas saturadas. La apuesta de cambio es arriesgada, pero quedan dos años para ver si sólo se administró el caos o en realidad se transformó.
¿Cómo recuerda la historia a Enrique Burgos García? ¿A Ignacio Loyola Vera? ¿A Francisco Garrido Patrón? ¿Fueron administradores que se dejaron llevar por la inercia económica por planes desarrollados desde el centro o fueron transformadores?
Cuando cuestionan al gobernador qué como le gustaría ser recordado, responde que dijeran que cumplió. Pero, ¿Qué es cumplir? ¿Simplemente administrar y mantener ese mismo sueño de vanagloria queretana o en realidad hacer las trasformaciones para cumplir ese sueño?
¿Cómo recordará la historia a José Calzada? ¿Cuál es su narrativa política? ¿Cuál es el fondo de su discurso? ¿Un gobernador que sólo cumplió? ¿O un gobernador transformador? Ha iniciado el quinto año de gobierno. Empieza la cuenta regresiva.
En dos años, los ciudadanos podemos decidir si aplaudir verdaderamente a Calzada por haber hecho de su gobierno una obra trascendente o el silencio se impondrá y el juicio de la historia será impecable.
Y el gobernador aún tiene tiempo para hacer las últimas obras para ver si en realidad nos entrega un nuevo Querétaro o una versión más del sueño queretano de grandeza, que lleva cincuenta años reciclándose. ¿Pasaremos de un Querétaro de ladrillo a un Querétaro de mármol?

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Instagram y Fidel Velázquez

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Víctor López Jaramillo

¿Qué tienen en común la aplicación fotográfica Instagram y el extinto líder de la CTM don Fidel Velázquez? Son de siglos distintos y en apariencia nada los une, pero en retórica política sus viejas máximas políticas siguen vigentes.

El ahora lejano siglo XX dejó al léxico político muchas frases y figuras retóricas que en pleno 2013 aún persisten en el imaginario político local.

Y no, querido lector, no me refiero al vocabulario electoral que incluía mapaches y urnas embarazadas, me refiero a dos frases que quizá a los jóvenes votantes les parezcan incomprensibles pero intentaré desentrañar su significado para que comprendan como se hace política en estos modernos y agitados tiempos que se parecen tanto a los viejos.

“El que se mueve no sale en la foto”, dijo el sempiterno líder de la CTM, don Fidel Velázquez. ¿A qué refería ese viejo lobo de la política? En la traducción política, la frase aplicaba como regaño a los políticos que pretendían adelantar los tiempos y madrugar en la candidatura. El líder obrero supo sintetizar muy bien en una frase uno de los mecanismos del PRI: el elector de los candidatos no es la militancia partidista, sino el líder máximo del partido, en este caso, el presidente de la República.

Y la frase era una metáfora que implicaba que todo aquel político que se moviera antes de tiempo, no saldría en la foto política de las próximas elecciones. Por moverse, muchos perdieron su oportunidad, otros disciplinados, esperaron los tiempos y fueron premiados por la candidatura.

En los años noventa, en una entrevista con este reportero, el líder opositor Rodolfo Muñoz Lámbarri dijo que esos tiempos habían quedado atrás y con el dominio del video, ahora el que no se movía, no salía en la foto. Esa lógica aplica muy bien para la oposición en un régimen como el priista. Incluso ahora, por ello los panistas andan muy movidos en búsqueda de salir en el vídeo.

Sin embargo, vivimos momentos vintage, momentos en que todo lo pasado parece estar de moda y las políticas no son ajenas a ello. Aunque el PRI presume ser nuevo, muchas de sus prácticas siguen intactas. Ahora las fotos políticas se toman con Instagram y se les ponen un filtro de 1977.

Por ejemplo, en el pasado proceso de selección de candidato del tricolor a la alcaldía capitalina, el candidato que se movió mucho finalmente no salió en la foto electoral y el que se quedó quieto en espera de los tiempos políticos, ahora despacha desde el Centro Cívico. ¿El PRI aplicará la misma lógica en la designación de candidato a gobernador?

Eso nos lleva a la segunda metáfora política: la del tapado. “El tapado fuma elegantes”, rezaba un cartón muy famoso del caricaturista Abel Quesada en el siglo pasado.  En él, se apreciaba a un sujeto con el rostro cubierto y que fumaba alegremente.

El tapado era el candidato designado por el máximo líder priista que para evitar el desgaste político, lo mantenía oculto y a salvo de los ataques de todos los suspirantes que se movían y luego no salían en la foto.

Muchos priistas están en la búsqueda de las candidaturas para el 2015, pero quizá por moverse mucho, no alcancen a salir en el Instagram electoral con filtro vintage, y en cambio, el tapado será, valga la redundancia, destapado hasta dentro de un año.

Empiezan los momentos de decisiones políticas. Como buenos jugadores de ajedrez deben pensar muy bien cada movimiento que dan. En el pulso político del PRI rumbo al 2015, ¿Qué pesará más? ¿Aquel que se mueve y desafía la lógica del Instagram político o se impondrá la vieja regla del tapado? Sólo el tiempo dirá…

(Publicado previamente en El Universal Querétaro)

¿La fiesta democrática?

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Víctor López Jaramillo

Me gustas, Democracia, porque estás como ausente
con tu disfraz parlamentario,
con tus listas cerradas…
Javier Krahe

Uno de los lugares comunes que nuestra clase política suele decir respecto a los procesos electorales es que es la fiesta de la democracia. Así, Doña Democracia toda oronda se viste con sus mejores galas y es festejada por todos los votantes que la honran al emitir su voto.
Fastuoso presupuesto para tamaña fiesta. Los preparativos que inician desde meses antes, preparación de funcionarios electorales, promesas de campaña como regalos y cientos de spots invitándonos a asistir a la fiesta en la casilla que nos corresponde. Todo sea por honrar la virtud de Doña Democracia.
¡Que paisaje tan idílico! La fiesta perfecta: el votante que desafía a la lluvia, a los mapaches, carruseles, a la operación tamal y llega para evitar la casilla zapato.
Es una lástima que todo esto sea parte de la imaginación de nuestra clase política y que la realidad sea radicalmente diferente, ahora y siempre.
El escritor José Agustín en su trilogía Tragicomedia Mexicana, cita las Memorias del cacique potosino Gonzalo N. Santos y cuenta como fueron las elecciones presidenciales de 1940 (donde los principales candidatos fueron Manuel Ávila Camacho del PRM –papá del PRI- y Andrew Almazán, del PRUN –Partido Revolucionario de Unificación Nacional- realizadas también un 7 de julio:
“A las 7 de la mañana Santos ya había matado a un almazanista en un tiroteo; después formó una brigada de choque que llegó a tener más de 300 gentes, y con ella se dedicó a asaltar casillas a punta de balazos. La gente acudía a votar en grandes cantidades y, al menos en las ciudades, lo hacía en favor de Almazán y los candidatos del PRUN. Pero al poco rato llegaban las brigadas del Comité Pro-Ávila Camacho y a balazos hacían huir a los votantes y representantes de casilla. Tumbaban las mesas, rompían las urnas y se tiroteaban con los almazanistas, que eran muchos y estaban en todas partes”.
Así, la fiesta democrática en los años 40 era como una fiesta de rancho donde al final todos se peleaban con todos. Las urnas se llenaban con votos marcados por la sangre de los opositores. La democracia mexicana era una quimera que sangraba a cada paso que daba.
A través de una lenta transición, los ciudadanos presionaron para quitar al gobierno el control de los procesos electorales y así fue como nacieron nuestras modernas instituciones democráticas. Eso permitió que el año 2000 se diera una alternancia y, aunque también hubo irregularidades durante el proceso, la percepción de elecciones transparentes triunfó porque se reconoció como ganador a un candidato opositor.
Ayer, nuevamente 14 estados de la República tuvieron su fiesta democrática y estuvo cerca de ser un fiasco. Prácticas como las narradas por Gonzalo N. Santos volvieron. Quema de urnas, grupos de choque dispuestos a robar urnas, compra de votos, vamos, hasta un instituto electoral se inundó y se le cayó una barda.
Prácticas que creímos superadas volvieron. O quizá nunca se fueron, quizá esas sucias prácticas electorales siempre estuvieron allí, pero eufóricos por la fiesta democrática las minimizábamos.
La realidad nos ha mostrado que aún falta mucho para llegar al horizonte democrático. Pero el desencanto ya ha hecho presa de los electores. Reportes preliminares indican que en algunos puntos del país la abstención pudo haber alcanzado hasta un 70 por ciento. Al ritmo que vamos, ya nadie va a querer ir a la fiesta de Doña Democracia y se va a quedar solita en su festejo.
Que esto no sea el inicio del adiós a la democracia y el pretexto para regresar a modelos autoritarios, es hora de reformas para dar más poder a los ciudadanos, como las candidaturas independientes y el plebiscito para remover a los gobernantes demagógicos.
Porque si no, llegaremos al desencanto democrático, como lo canta el español Javier Krahe:

“(¡Ay Democracia!)
No cuentes con que vaya hacia ti cuatrianualmente, / no compartamos más la cama, / vamos a separarnos civilizadamente. / Y sigue tú viviendo de tu fama.
Cuando veas mi imagen taciturna / por las cívicas sendas de la vida / verás que no me acercan a tu urna. / No alarguemos ya más la despedida
.”


(Publicado previamente en El Universal Querétaro)

Máximas mínimas políticas

Víctor López Jaramillo

¿Es usted un alcalde desesperado porque se acerca el día de su informe y sus asesores de comunicación no dan pie con bola en la preparación del discurso? ¿Ya tiene los espectaculares, los spots rotan todo el día en radio y tv pero no logra despertar el entusiasmo de las masas?

No se preocupe, todo podría ser peor, como decir una barrabasada en pleno informe y ser blanco de memes en redes sociales y ganarse el desprecio de la historia.

Para ello, le presentamos una recopilación de las peores frases dichas no sólo en informes, sino en cualquier circunstancia política, para que usted querido alcalde, no las repita. Son palabras que marcaron época como sinónimo del narcisismo y la tragedia política mexicana.

Si hubiera parque, usted no estaría aquí: Pedro María Anaya. Dícese de cuando tienes una batalla perdida y hay que fingir dignidad ante el invasor, en este caso gringo. Pueden aplicarse variantes modernas como: Si hubiera tenido suficientes votos usted no estaría aquí o algo similar.

Encierro, destierro o entierro. La famosa ley de los tres “ierros” (así, sin hache) implementada desde el Porfiriato y que alcanzó su esplendor durante el Priato. Muchos opositores desistían ante el primer “ierro”.

(2 de octubre) Hoy fue un día soleado. Jacobo Zabludovsky. Máxima aplicable cuando se quiere evadir un tema escabroso. Una variante popular es: Mira, lo importante es que tenemos salud.

En política la moral es un árbol que da moras o vale para pura chingada. Gonzalo N. Santos. Supongo que ésta frase no necesita mayor explicación pero que sigue vigente en muchos políticos, da igual si son del PRI, PAN o PRD.

Ni nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario. Locuaz el presidente Echeverría, creía que acuñaba aforismos cargados de filosofía para la posteridad, cuando en realidad sus frases eran hilarantes y daban pena ajena.

Defenderé el peso como un perro. El presidente José López Portillo en un arrebato de nacionalismo y cursilería, derrotado ante la crisis que se venía y macho como era, retó, pese a todo, a la economía y ladró amenazante. En respuesta, el peso se devalúo. Lloró, como solía hacerlo en sus informes.

 

Aquí en Querétaro el único que hace política soy yo: Rafael Camacho Guzmán. Es la máxima representación de cómo se concentra el poder. Los gobernadores recientes añoran ese férreo control.

No fue tortura, fue madriza: Ignacio Loyola Vera. Explicación semiótica de la diferencia de una golpiza hecha por la fuerza represora del Estado y otra por lo guaruras del góber. No es lo mismo pero es igual, dijo Silvio Rodríguez.

Son hechos aislados. Cuando la inseguridad amenaza, cuando los índices de violencia se disparan, esta frase siempre es de las más recurridas. Siempre va acompañado de un “Querétaro es seguro, los delincuentes son de fuera”. Una variante tras las inundaciones en época pluvial es: “Son lluvias atípicas”.

Con ellos, sin ellos o a pesar de ellos. Genial frase de Armando Rivera Castillejos con la que selló su destino político en un informe de gobierno. Pretendía dar un golpe de autoridad contra una facción de su partido y terminó por acrecentar la división. Sus correligionarios opositores le pasaron la factura en 2012 cuando fue derrotado en las urnas en su intento de regreso al Centro Cívico.

Un Querétaro sin colores. Cliché usado para mostrar que su gobierno será abierto y plural, aunque a final de cuentas, los cargos más importantes de su gobierno sean ocupados por yuppies priistas.

En fin, esta una breve recopilación. Faltan muchas más, pero este es un catálogo básico de lo que no hay que decir en un informe. Por su atención, gracias.

(Publicado previamente en Códice Informativo)

Temporada de informes #Querétaro

Foto tomada del perfil de Facebook oficial de Roberto Loyola Vera. Meme: @danielopski
Foto tomada del perfil de Facebook oficial de Roberto Loyola Vera. Meme: @danielopski

Víctor López Jaramillo

La medición del tiempo es una invención social. La inventamos para tener referencias, para establecer ciclos. Basados en modelos matemáticos astronómicos, se creó el calendario. El solar, el lunar, el chino, el maya, el gregoriano, en fin, cualquier calendario.

Nos sirve para establecer ciclos, comenzar periodos. Todos tienen una lógica. Las cosechas, las lluvias, los solsticios, los cambios de estación, etcétera.

A todos estos calendarios, podemos agregar uno más: el calendario político.  Y aunque el político carece de lógica astronómica o agrícola, establece también ciclos y, en algunos casos, mide expectativas.

Un ejemplo de los calendarios políticos es el famoso ciclo de los cien días de gobierno. Aunque ese lapso de tiempo es relativamente corto, puesto que apenas los gobernantes implementan sus primeras medidas, a algún genial publicista se le ocurrió que era una buena medida de tiempo y era deber promocionar acciones espectaculares, aunque la mayoría apenas fueran esbozos de líneas de gobierno. En realidad, el ciclo de los cien días dice poco, es más propaganda que hechos.

Pero con la llegada de julio, llega otra fecha que sí es punto de inflexión. El calendario político queretano marca que es época de informes de gobierno. Así como para los estudiantes antes del verano tienen que presentar exámenes, los gobernantes y representantes populares tienen que explicar ante la ciudadanía que han hecho con los fondos públicos en el ciclo que termina.

Alcaldías, legislatura y gobernador se presentan en el inicio de verano a rendir cuentas ante la ciudadanía. O bueno, al menos eso debería ser el informe, pero, ¿es realmente una oportunidad para la rendición de cuentas o un pretexto para el autoelogio y la promoción del gobernante?

Durante años, el informe de gobierno era el día del señor presidente, gobernador o alcalde. Eternos discursos carentes de autocrítica y lleno de cifras en donde se vanagloriaban y se definían como los mejores gobernantes. Y todo ante un aplauso fácil de la concurrencia. Sin lugar no digamos para la crítica, sino incluso para el cuestionamiento lógico.

A nivel nacional, esa tradición priista del elogio en el día del informe se rompió con la llegada del PAN al poder. Sin embargo, a nivel local, los informes siguieron la misma lógica del antiguo régimen: más que rendir cuentas, el autoelogio del gobernante.

Sin embargo, dos puntos marcan una ruptura en esas fechas de solemnes: el V informe de gobierno del panista Francisco Garrido y el III informe del priista José Calzada Rovirosa. En el primer caso, un ciudadano cuestionó el imperio de la impunidad en el sexenio panista; en el segundo, una marcha multitudinaria protestó afuera del recinto contra el regreso del PRI al poder federal.

Los tiempos están cambiando, cantó Bob Dylan hace décadas, y los tiempos políticos no son la excepción. Inicia el maratón de informes de gobierno y cada uno tiene la tarea de presentar el suyo. ¿Qué veremos en esta temporada de informes?  ¿El regreso del viejo estilo de “informar” o una auténtica rendición de cuentas? ¿La autopromoción a costa del erario en búsqueda de un nuevo puesto de elección popular o escuchar las demandas ciudadanas?

Y de nuevo recurro a Bob Dylan: la respuesta, mi amigo, está en el viento… y en los spots y espectaculares.

* Previamente publicado en El Universal Querétaro