¿Qué es lo que sigue?

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Víctor López Jaramillo

Se viven días de incertidumbre y azoro. Ha quedado demostrado que el famoso Mexican Moment, del que tanto hablaban los medios de comunicación extranjeros como una especie de revival del Milagro Mexicano, ha quedado desfasado. Estamos ante un escenario que no estaba programado.

Hoy queda como anillo al dedo la frase irónica acuñada por el cronista Carlos Monsiváis: “O ya no entiendo lo que está pasando o ya pasó lo que estaba yo entendiendo”.

¿Qué fue lo que ya pasó que muchos parecíamos entender? Básicamente que el regreso del PRI por la vía electoral a la Presidencia de la República anticipaba un retorno a las formas políticas que garantizarían una estabilización del país ante los resultados que entregaba Acción Nacional y sus 12 años de mandato.

El primer indicio fue el llamado a un pacto nacional entre todas las fuerzas políticas. Para los que tengan memoria política, recordarán que llamar a pactos entre las fuerzas productivas, sociales o políticas, era una forma habitual de generar gobernabilidad para el PRI de los años 80 y 90. ¿Cómo olvidar los llamados precio pacto, cuando se ponía un tope al costo de los productos?

Con esa misma fórmula regresó el PRI. El Pacto por México parecía tejer ese andamiaje político para generar estabilidad y continuar con las reformas estructurales del modelo neoliberal.

Seguido de una campaña de relaciones públicas similar a la salinista, la prensa internacional destacaba esos logros políticos del grupo en el poder. Mexican Moment lo llamaron, como ya lo hemos mencionado.

Hasta allí, parecía la repetición de la puesta en escena del PRI en el gobierno. Repitiendo las fórmulas que en el pasado le habían dado resultado, el PRI comenzaba su sexenio y en el discurso le apostaba a la estabilidad política y cambios económicos. Sepultaban en el silencio los resultados de la violencia en el país heredada del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

Con la oposición pactada, el proyecto priista avanzaba. Sin embargo, la narrativa política del gobierno se salió del guion cuando la opinión pública se indignó por la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Guerrero.

Al respecto, comparto las mismas preguntas que la periodista Claudia Ivonne Hernández ha formulado: ¿Qué pasó con Ayotzinapa que despertó tanta rabia e indignación? ¿Qué pasó con Ayotzinapa que no pasó con Atenco, con Acteal, con las mujeres desaparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez?

A lo que Claudia Ivonne responde: “Quizá ignoramos las desapariciones porque creíamos que los reportes periodísticos eran ciencia ficción y sin embargo, ahora estamos superados…  la realidad superó las primeras planas y ya nada la pudo parar. Hace más de 20 años, una información trascendía en lo local, pero ahora, lo local ya es propiedad universal gracias a las redes sociales. La velocidad con la que fluye la información, nos permite aprop Seguir leyendo ¿Qué es lo que sigue?

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#YaMeCansé #20deNovMX #Querétaro

10367599_10204255636963342_8111575643345074917_nVíctor López Jaramillo

De manera involuntaria, el procurador Jesús Murillo Karam ha aportado una nueva frase a la estulticia de la política nacional. “Ya me cansé”, dijo para terminar la conferencia de prensa donde informó que las evidencias indican que los estudiantes fueron asesinados y quemados en un basurero. Un momento triste en la historia reciente de México que terminó abruptamente con un “Ya me cansé” del procurador.

El “Ya me cansé” se suma a otras infortunadas declaraciones de la historia política mexicana, desde el premonitorio “Se cayó el sistema”, de Manuel Bartlett; al “¿Y yo, por qué?”, de Vicente Fox; pasando por el “No traigo cash”, de Zedillo; el “Ni los veo ni los oigo”, de Carlos Salinas; hasta el “Los demonios andan sueltos”, de Mario Ruiz Massieu… una larga serie de frases que únicamente resumen el desdén de la élite política hacia los ciudadanos.

El pasmo del gobierno priísta del presidente Enrique Peña Nieto ante la desaparición de los normalistas en Guerrero, estado gobernado por el Partido de la Revolución Democrática, es diametralmente opuesto a la respuesta que ha tenido la sociedad civil mexicana y la opinión pública internacional. ¿Dónde están? Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Pero Jesús Murillo Karam está cansado.

Sí, también yo estoy cansado. Ya me cansé que desde 1994, México sea un país en vilo, que sólo ha vivido un breve interregno de esperanza democrática. Ya me cansé que desde 1976, México viva crisis económicas cíclicas con espejismos salinistas de prosperidad. Ya me cansé de que el porvenir de varias generaciones haya sido hipotecado por la creencia casi religiosa en el dogma neoliberal.

Ya me cansé de candidatos con sonrisa de pasta dental, ya me cansé de elecciones, ya me cansé de los partidos políticos que son parte del problema, no de la solución.

Ya me cansé de spots televisivos que presumen un país de fantasía. Ya me cansé de un presidente que gobierna para los aplausos de la prensa extranjera. Ya me cansé de 500 diputados f Seguir leyendo #YaMeCansé #20deNovMX #Querétaro

López Portillo y los audios filtrados

Víctor López Jaramillo
Una noticia cimbró la política queretana la semana anterior y su eco aún se escucha hoy.
Mientras el Gobierno del Estado hacia cuentas alegres con la cumbre de negocios y mostraba su mejor cara al México y al mundo mostrándose como un oasis de estabilidad en un país en llamas, un video colgado en YouTube mostraba el peor rostro de la intolerancia del gobierno encabezado por José Calzada Rovirosa.
El mencionado video en la red social de videos incluye el audio de tres llamadas entre el secretario de Gobierno Jorge López Portillo, el director de Comunicación, Abel Magaña y la dueña de una estación local de radio. Cabe agregar que la autenticidad de la grabación ya fue reconocida por el propio López Portillo, quien ya pidió disculpas.
Alarmado porque en un programa de la estación de radio, se criticaba la inseguridad en Querétaro, Jorge López Portillo le habla a Abel Magaña para pedirle ejerza el control sobre dicho medio e incluso ordena, disculpe usted lector el lenguaje, “romperle la madre”.
Abel Magaña, obedientemente, llama a la dueña de la concesión de radio para pedirle explicaciones. Enseguida, Magaña llama a López Portillo y le explica que se trata del programa El Guardián de la noche que sólo trata de temas de corte social, no de política. Y agrega que el conductor es gay. En ese momento es cuando se produce la joya verbal del secretario de gobierno al llamar, y disculpe nuevamente usted lector el lenguaje, pero por cuestiones periodísticas hay que mencionarlo, al locutor “putarraco”. Y el secretario de gobierno se desahoga en contra del comunicador que osó cuestionar los niveles de seguridad en el estado.
De este penoso acontecimiento, podemos hacer varias lecturas. La primera es que se confirma el control que ejerce el Gobierno de Estado sobre los medios de comunicación a través de amenazas. Lo duro del lenguaje y la orden directa no deja lugar a dudas. Para el secretario de Gobierno no hay espacio para la crítica en el estado y a cualquier voz disidente, hay que silenciarla de manera inmediata.
Tenemos también el problema de que tanto la radio y la televisión son concesionarias de un bien público, es decir, de todos los ciudadanos, y el gobierno y dueños de la concesiones las manejan como si fueran privadas, es decir, dejando el bien público de lado.
Por otra parte, se muestra la discriminación y homofobia del secretario de gobierno al adjetivar de manera despectiva al conductor. En un estado donde poco a poco ha ido ganando terreno la apertura a la diversidad sexual, López Portillo muestra la intolerancia del régimen.
¿Será suficiente una disculpa? Por el caso Ronaldinho, hasta pedían cárcel contra el militante panista que había ofendido al jugador brasileño. ¿Se medirá con la misma vara ambos casos? Por una situación así, en cualquier otro lugar, el secretario de Gobierno tendría que renunciar.
Y finalmente, surge la gran pregunta, ¿Quién filtró las grabaciones? Si el secretario de Gobierno, encargado de la política interna y de la seguridad del estado tiene el teléfono intervenido, que podemos esperar los demás ciudadanos. ¿En manos de quien está nuestra privacidad?
De manera tardía, Gobierno del Estado ha intentado controlar la crisis. Primero, el miércoles, el gobernador José Calzada se apersonó en la camioneta donde viajan los reporteros que cubren la fuente gubernamental y les dijo que se tomarían medidas.
Inútil resultó el gesto porque en redes sociales el tema se siguió comentando mientras López Portillo y Magaña se hundían en las arenas movedizas del silencio. Finalmente, este lunes, Portillo ofreció disculpas y Magaña sigue en silencio. Al mismo tiempo, se informó que un particular presentó denuncia porque sus comunicaciones fueron intervenidas.
La semana que empezó con un glorioso despliegue informativo sobre la cumbre de negocios, terminó opacada por la demostración de cómo el gobierno del estado controla los medios. ¿Habrá cambios en el gabinete?

¿Y no hay esperanza?

Víctor López Jaramillo
Se cumple un mes de la desaparición de los estudiantes normalista de Ayotzinapa en Guerrero. Un mes que ha venido a desnudar la frágil condición social y política por la que atraviesa el país.
Más fosas clandestinas se han encontrado, cuerpos sin nombre, políticos en fuga y el gobernador de Guerrero ha renunciado. Los partidos políticos han quedado evidenciados. PRI, PAN, PRD son parte de la madeja institucional que tiene a este país indignado.
Ayotzinapa. A raíz de ese lamentable hecho, el país ya no es el mismo. Nos hemos mirado en el espejo humeante de Tezcatlipoca y hemos visto el rostro del horror de la violencia del Estado, de la descomposición política y la desesperanza.
El rostro desollado del estudiante asesinado en Guerrero es una metáfora del horror en que nos hemos sumergido como nación.
El sueño democrático de México, terminó produciendo violencia. Con la precisión que da la poesía, Javier Sicilia describe lo que sucede: El PRI creyó que podría “administrar el infierno, pero no sabía de su dimensión”
Así es y no hay esperanza, sentenció otro poeta, el norteamericano Allen Ginsberg, para retratar la condición apabullante de una época.
El 10 de marzo de 1973, escribió el autor del famoso poema Aullido:
“No hay esperanza para los dos millones de muertos en
    Indochina, el medio millón de Comunistas asesinados
    en Indonesia? La Masacre de Inocentes en la Ciudad
    de México, las Masacres de Wounded Knee My-Lai 
    Lidice Ática, 15 millones que nunca volvieron de 
    Siberia.”
Hay tiempos oscuros en la vida de un país donde la desesperanza se anida en los rincones más oscuros y aniquila cualquier mirada en el porvenir.
Son días de incertidumbre y la gran pregunta que circula estos días es “¿y que sigue?”, “¿Qué debemos hacer?”, “¿Cómo vencer la desesperanza?”.
La primer reacción ante la injusticia es protestar. Una respuesta inmediata ha sido la protesta. Salir a las calles. En el Zócalo de la ciudad de México, los ciudadanos ya señalaron quien fue el responsable de la desaparición de los 43 normalistas y miles de desaparecidos y muertos en el México del siglo XXI: Fue el Estado.
Los queretanos no han sido la excepción y los estudiantes de la Universidad Autónoma de Querétaro han estrado a la altura del momento histórico enarbolando la bandera de la protesta. Mientras la Universidad estaba en la fase final de su proceso electoral para designar rector, los estudiantes se organizaban para levantar la voz y hacer sentir a sus pares de Guerrero que no estaban solos.
Las protestas han seguido. Y al parecer se mantendrán mientras en el Centro de convenciones de Querétaro se celebra la Cumbre de Negocios, en las calles, el ruido de la protesta por la violencia del Estado sigue.
¿Hasta dónde llegará este movimiento nacional? Por el momento, es imposible predecirlo, pero que la muerte de los normalistas no nos haya sido indiferente, es un signo de que las cosas pueden cambiar. Sigue el momento definitivo, plantear opciones ante el anquilosamiento de los partidos, ante lo caduco de las formas políticas de los gobernantes. ¿Así es y no hay esperanza?