La capitulación marquista


La fotografía que subió el gobernador Francisco Domínguez a sus redes sociales es simbólica y definitoria. Una imagen donde el alcalde Marcos Aguilar presenta a su nuevo equipo de trabajo al mandatario estatal.

Una foto típica de cuando los bandos en guerra firman la paz y posan para que la historia guarde, en su memoria gráfica, el momento en que uno de los dos capitula ante el vencedor.

Así, tras seis meses de disputas y desencuentros, finalmente, Marcos Aguilar capituló ante Francisco Domínguez y, como en juego de ajedrez, sacrificó a sus alfiles y torres, para goce del grupo de poder estatal en turno. Marcos, con una amplia sonrisa como la del Gato de Cheshire, de Alicia en el País de las Maravillas, se rendía ante el gobernador y comenzaba la reestructuración de su gobierno que en seis meses marcó polémicas y desperdició capital político.

La noche del martes 19 de abril comenzó la lluvia que desembocó en tormenta.

Primero la renuncia por “motivos familiares” de José Luis Sáenz, lo cual implica una ruptura de Marcos Aguilar con el grupo de Ricardo Anaya.

A partir de allí, comenzó una ola de rumores que finalmente se conformarían la mañana del 20 de abril: un triple cambio de funcionarios. El corazón del proyecto político era trasplantado bajo la supervisión del cirujano político Francisco Domínguez.

Así, era extirpado del gobierno municipal el polémico general Rolando Eugenio Eddy y era sustituido por Juan Luis Ferrusca Ortiz, quien ha hecho su carrera al amparo de los hermanos Granados, quienes controlan el gobierno y la seguridad estatal. Y con este cambio, también la capitalina.

En la Secretaría de Gobierno es relevado Francisco De Silva y enviado a la Secretaría Privada. Durante los paros policiacos y del personal de limpia, De Silva mostró nula capacidad para operar políticamente. Su lugar es ocupado por Manuel Velázquez Pegueros, quien hasta entonces se desempeñaba como secretario de Administración.

Y para completar el enroque político, en sustitución de Velázquez Pegueros, quedó Raymundo Gómez Ramírez, quien tiene como credenciales ser secretario de Gobierno de Antonio Zapata en el municipio de Corregidora.

Los cambios, que se hicieron sin convocar a la prensa, se anunciaron en video a través de redes sociales. Hasta eventos posteriores, Aguilar aceptó una ronda de preguntas y respuestas para atender las preguntas de los reporteros.

Entre las respuestas dadas por Aguilar, habla de una autocrítica y el clásico lugar común de que en gobierno no existen reglas mágicas.

Y contraviniendo su discurso, sin dejo alguno de autocrítica, dijo que “más allá de referir al concepto de crisis, yo refiero a un proceso de evolución que deriva de una etapa que hemos vivido, que se ha cerrado”.

Con ello, Marcos intenta dejar atrás un ciclo, “lo que ha sucedido debe de quedar en el pasado”. Ya lo pasado, pasado, parece cantar.

Así, con su capitulación ante el gobernador y la entrega de sus principales piezas políticas, Marcos Aguilar cierra el primer ciclo de su gobierno. Un periodo en donde pensó que su amplio triunfo electoral era un cheque en blanco para poder hacer lo que quisiera y recordemos que en política la soberbia es mala consejera.

Y con su rendición política, Aguilar nos ha mostrado de frente quiénes eran sus enemigos políticos y ha tenido que convenir con ellos para garantizar la supervivencia de su proyecto político.

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