Papel higiénico, símbolo de nuestra civilización


Cuando en 1857 Joseph Gayetti comenzó a vender el actual papel higiénico, nunca pensó que este se convertiría en el actual símbolo de nuestra civilización occidental, o por lo menos para las clases medias y altas que ante el pánico lo primero que hacen es acaparar este producto de higiene personal.

Toda crisis termina por sacar lo mejor y lo peor de quienes la padecen y la actual pandemia del COVID-19 ha venido a demostrar cuales son las prioridades de quienes ven venir una emergencia y tienen que quedarse encerrados en su casa pues no compran comida sino van por cientos de rollos de papel higiénico, como si este fuera la frontera que nos separa de la barbarie.

Si con el homo erectus el dominio del fuego fue el punto que marcó la evolución y nos separó definitivamente del resto de los animales, para el homo consumistus un rollo de papel higiénico es el último reducto simbólico de la civilización.

Al igual que el actual virus COVID-19, la idea de usar un trozo de papel para quitar los restos de suciedad tras evacuar tiene su origen en la antigua China. Entonces ya se fabricaba papel para dichos propósitos.

Los antiguos romanos, quienes no tenían producción de papel en masa, en los baños públicos tenían esponjas que eran mojadas en agua salada y con ello se podían limpiar las suciedades restantes tras evacuar los intestinos. No quiero imaginar cómo era el trabajo del esclavo encargado de limpiar todas esas esponjas. El rastro se pierde en la Edad Media, época que no se destaca por su higiene y sí por las múltiples epidemias que sucedían. Hojas vegetales era lo que se usaba para la higiene que hemos mencionado.

Pero llegamos al siglo XIX y la comercialización de Gayetti que se ha convertido en ese pináculo de la civilización occidental. Se podrá acabar la comida, el agua, la gasolina, pero si aún tienes papel higiénico te mantienes dentro de los límites de lo civilizado, piensan algunos integrantes de la clase media aspiracional y la clase alta.

Cuando hace años comenzaban a circular las noticias de la crisis en Venezuela, lo primero que destacaban muchos medios era la escasez del papel higiénico y de allí seguía la histeria de las clases medias: si no hay papel de baño es el fin del mundo, el horror de los horrores.

Hoy, con las compras de pánico vemos imágenes de centros comerciales para clase media alta donde los estantes del papel higiénico lucen vacíos y carros de supermercado atestados de ese papel blanco y suavecito, algunos con olor a manzanilla o con aloe vera.

Roger Waters en su disco Amused To Death dice que cuando antropólogos alienígenas encuentren los restos de muestra civilización y vean los cadáveres apilados frente al televisor, concluirán que esta cultura estuvo entretenida hasta la muerte, así, podemos decir que si nuestra civilización se extingue y encuentran nuestros restos, hallarán en cada casa cientos de papel higiénico y concluirán que paradójicamente estuvimos limpios hasta la muerte pero que no pudimos controlar una pandemia que era controlable precisamente con la higiene. Así de contradictorios somos.

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