El Brindis del Ateo

Víctor López Jaramillo Llegó la hora del brindis, la hora en que las burbujas de las copas pelean y se reconcilian para luego morir en una garganta festiva; es justo el momento que precede a los abrazos y decir “¡Feliz Navidad!”. Y todo va bien en la cena (ya saben, estas historias siempre tienen un […]

Tlatelolco, 50 años

Era una tarde de miércoles, ya el reloj rebasaba las seis de la tarde. Faltaban 10 días para que se inauguraran los Juegos Olímpicos que mostrarían al mundo la mejor cara de nuestro país y su milagro político y económico. En vez de ello, México volvió a mirarse en el espejo negro de Tezcatlipoca y vio como de manera violenta se segaban las flores antes de dar frutos, vio la sangre de sus jóvenes correr en el altar de los sacrificios de los crímenes de Estado.

Mis memorias del Mundial México 86: Estadio Corregidora, cuando la Coca-Cola supo a cloro

Pedimos una Coca-Cola, dos Coca-Colas. Apenas nos las sirvieron, mi hermana le dio un trago y de inmediato lo escupió. Volteó enojada a ver a mi padre y dijo: “esto no es refresco”. Mi padre que intentaba poner atención al soporífero partido, le dijo que no dijera nada. Probé y, en efecto, eso sabía a rayos. Era imposible de beberlo. Muchos en las gradas se empezaron a quejar del sabor de la Coca-Cola.

La vuelta de los años

Y tarde empezamos a correr por la vida como el conejo de Alicia, con un reloj en la mano siempre diciendo que es tarde, que es irremediablemente tarde. O quizá de tanto correr se ha llegado temprano. Todo depende del tiempo.

Areopagítica digital #EPNvsInternet

El Conde de Mirabeau retoma lo dicho por Milton y agrega: “No es suprimiendo la libertad de prensa como se podrá uno jactar de llegar a ese fin, puesto que los menores asuntos exigirán la misma censura; y así por ese método, no haríamos otra cosa que ponernos trabas ridículas e inútiles.”.