Mr. Waters y el señor Presidente #RogerWaters #RenunciaYa

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La frase Renuncia Ya se pudo leer en los tres conciertos de Roger Waters, fundador de Pink Floyd

Víctor López Jaramillo

De las cenizas de revoluciones

Revolución era la palabra clave cuando Pink Floyd nació en la convulsa segunda mitad de los años sesenta.

Revolución de las conciencias, revolución sexual, revolución social, revolución política, etc.

Hoy, medio siglo después, solo nos quedan cenizas de revoluciones, sin embargo, de esas cenizas surgió un reclamo contra el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

En sus conciertos en México, realizados el 28 y 29 de septiembre y el 1 de octubre en el Foro Sol y el  Zócalo, el cofundador de Pink Floyd envió un claro mensaje político: exigió se esclarezca lo ocurrido en Ayotzinapa hace dos años; el tradicional cerdo volador de sus shows traía un mensaje sobre ese mismo tema y los más de 28 mil mexicanos desaparecidos. Por si fuera poco, en el muro de mensajes del show pidió la renuncia del presidente. Para Roger Waters, rock sin mensaje crítico solo es solo melodía edulcorada. Seguir leyendo Mr. Waters y el señor Presidente #RogerWaters #RenunciaYa

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De Polk a Trump

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México, como en la época del presidente Polk en 1846, es parte de la agenda política interna de Estados Unidos.

Víctor López Jaramillo

Desde el debate en el congreso de Estados Unidos por la aprobación del Tratado de Libre Comercio a inicios de los años 90, los mexicanos no habíamos estado tan interesados en un debate político entre integrantes de la clase política estadunidense. Ahora, el que nos ocupa es el que se realiza entre los dos principales candidatos a la presidencia del vecino país del norte.

Escribo estas líneas antes del choque verbal entre la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump. En un escenario donde diversas encuestas dan una apretada ventaja a Clinton, este encuentro puede ser fundamental para sus aspiraciones presidenciales. Seguir leyendo De Polk a Trump

Entretenidos hasta la muerte #RogerWaters

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Víctor López Jaramillo

Tras su separación de Pink Floyd, la historia le dio a Roger Waters, exbajista de dicha banda, la oportunidad de presentar ‘The Wall’ en Berlín, meses después de la caída del Muro de dicha ciudad, en donde estuvo acompañado de gente de la talla de Scorpions, Ute Lemper, Cindy Lauper, Sinead O’Connor, entre otros.

En 1992, con la inercia de dicha presentación, Waters preparó un nuevo disco conceptual a la manera del ya mencionado ‘The Wall’.

Este disco fue el ‘Amused to death’ (Entretenido a muerte) y desde el arte de la portada define el concepto del disco: un mono ve la televisión y a través de ese reflejo cultural, se ve la esencia de la humanidad. Seguir leyendo Entretenidos hasta la muerte #RogerWaters

Mis memorias del Mundial México 86: Estadio Corregidora, cuando la Coca-Cola supo a cloro

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Foto tomada de mercadolibre.com.mx

Víctor López Jaramillo

No recordamos el pasado como fue sino como somos. Así, cada instante vivido vuelve a ser reconstruido. Le pedimos testimonio y lo llamamos a declarar ante el juez Cronos. Todos somos actores secundarios en el gran Teatro de la Memoria, como lo llamó Leonardo Sciascia.

¿Qué actor somos de nuestro pasado? ¿Como recordaremos el futuro? ¿Cómo viviremos nuestro pasado? Ante tanta incertidumbre , tendré que recurrir al apotegma Garciamarquiano: no es como vivimos la vida, sino como la recordamos para contarla.

¿Qué recuerdo del Mundial México 86? ¿Cómo lo viví? ¿Qué les puedo contar? ¿Qué recuerdos a mis tiernos once años guardé de ese Mundial?

De lo destacable es que, como muchos queretanos, estuve en el primer partido del Mundial en el Estadio Corregidora, un Alemania Occidental (¡Entonces era un mundo donde había dos Alemanias!) en contra de la República Oriental del Uruguay, que terminó empatado a un gol y que recuerdo como terriblemente aburrido.

Mientras dibujo mi recuerdo, empiezo a excavar en mis archivos del pasado.

Una vez dijo Mick Jagger que él no era archivista de su vida y lamentablemente yo tampoco, pues muchos de esos archivos se han perdido en la humedad del olvido.

Así, al estilo David Carr que reporteó que había sido de su vida durante sus años perdidos en sus excesos, decido reportear mi memoria, contrastar mis recuerdos, buscar testimonios cercanos y documentos que me reconstruyan ese 4 de junio de 1986 en el Estadio Corregidora. Contrastar mi frágil memoria con lo que fue.

El primer documento es un boleto del partido que tengo en mi álbum de fotografías. El logotipo del mundo unido por un balón en el extremo izquierdo mientras que al centro dice “Estadio La Corregidora, Querétaro, Qro. Junio 4-12:00. 1a Fase/Juego 1.” Es el primer paso. Es el equivalente al hueso del que los paleontólogos reconstruyen un tiranosaurio rex completo.

Entonces cursaba el sexto año de Primaria en la escuela Miguel Hidalgo en San José Iturbide, Gto. Un día antes del primer juego en el Estadio Corregidora la selección mexicana había debutado en el Azteca en contra de Bélgica.

Iba en el turno vespertino, por lo que el partido de México se cruzaría con las clases que, aunque usted no lo crea, no se suspendieron ni nos pusieron una televisión para ver el partido. Quizá entonces el futbol no tenía tanta importancia como ahora o en ese rincón de Guanajuato no era lo más importante.

Eso sí, entre profesores se iban pasando los detalles más importantes del encuentro. Así que antes de terminar la primera hora de clase, ya sabíamos que México había ganado su primer partido. Por la noche, vería los goles de Quirarte y Hugo Sánchez en el resumen por televisión.

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Foto tomada de ebay.com

“Un juego de ajedrez viviente”

Llegó el gran día. Ir al templo pagano del Estadio Corregidora a ver un duelo mundialista (Y faltar a clases). A mi padre le habían obsequiado pases en la compañía trasnacional para la que trabajaba -esa que los marxistas se desgañitan gritando que son las aguas negras del imperialismo, frase que siempre me ha causado risa y que me acaba de generar una sonrisa mientras escribo esto.

Asistimos toda la familia. Mi madre nos alistó desde temprano porque mi padre pertenece a esta tribu que adora llegar con horas de anticipación al estadio. Sin embargo, recuerdo que llegamos tarde, como suele suceder muchas cosas en mi vida.

Apenas nos sentábamos en las gradas tras la portería norte en un lugar que, como dijo don Napoleón, amigo cercano de mi papá, íbamos a ver el juego de maravilla, “como si fuera un juego de ajedrez viviente”, cuando cayó el gol uruguayo.

Hasta el otro extremo de la cancha, un jugador de celeste le ganaba la pelota a uno de verde y la pateaba para incrustarla en el arco alemán. Uruguay uno, Alemania cero.

– ¿Seguro que estábamos detrás de la portería norte?, me pregunta mi padre cuando platico con él vía telefónica para intentar reconstruir ese juego.

– Sí, aquí dice claramente en el boleto del Mundial. Al menos mi asiento era el 02-19-01764. ¿Qué mas recuerdas del juego?, le vuelvo a preguntar.

– Fue un juego muy aburrido. Un empate. Era el primer juego. Estuvo mejor el de Dinamarca, al que fuimos después…

– A ese ya no me llevaste.

– ¿No? ¿En serio que no?

Un juego “tácticamente interesante”

Tengo que recurrir a la hemeroteca para recordar los detalles del juego. El Diario de Querétaro calificó al juego como un duelo de poder a poder en donde las escuelas charrúa y alemanabrillaron en todo su esplendor”, de acuerdo con la nota del reportero Gonzalo Vargas.

Busco en YouTube y el gol uruguayo lo hizo Alzamendi, quien aprovechó un mal pase retrasado de Lothar Mathäuss y fusiló al arquero.

En mis recuerdos no vi un juego de ajedrez, mas bien uno de damas chinas en donde las fichas verdes (Alemania) chocaban con las fichas celestes (Uruguay).

Un juego trabado, donde cada equipo trató imponerse a través de la fortaleza física y no por el talento, que a cuentagotas soltaba el uruguayo Francescoli. Pocas jugadas de fantasía que hacen que un niño se enamore del futbol, sólo un juego “tácticamente interesante”, ese eufemismo que se usa para decir que un partido es aburrido.

Coca-cola y cloro

Tras el gol charrúa y la defensa a ultranza, comenzó el sopor. Buscar distraerse de otra cosa en el estadio. Pasó el vendedor de palomitas y compramos palomitas. Fiel a mi costumbre, me llene de salsa mientras me las comía, en tanto, en la cancha del Corregidora alemanes y uruguayos se pateaban mutuamente.

Después vino lo memorable del partido. Y no pasó en la cancha. Sucedió en las gradas, bueno, no en todas las gradas, sino en la zona donde estábamos.

Las palomitas nos dieron sed y para aplacarla, nada como las deliciosas aguas negras del imperialismo (insisto, me causa mucha gracia esa frase y más con la rabia que la dicen algunos).

Pedimos una Coca-Cola, dos Coca-Colas. Apenas nos las sirvieron, mi hermana le dio un trago y de inmediato lo escupió. Volteó enojada a ver a mi padre y dijo: “esto no es refresco”. Mi padre que intentaba poner atención al soporífero partido, le dijo que no dijera nada. Probé y, en efecto, eso sabía a rayos. Era imposible de beberlo. Muchos en las gradas se empezaron a quejar del sabor de la Coca-Cola.

¿Que fue lo que pasó? Pues que en el primer juego, la compañía refresquera quiso innovar y meter repartidores con un tanquecito de refresco en la espalda. Al parecer, el agua no estaba bien purificada, tenía cloro y, por tanto, la Coca-Cola sabía feo. Para el segundo tiempo cambiaron, dejaron los tanquecitos y daban Coca-Colas queretanas de vidrio en vaso de plástico y problema solucionado.

Ya con el sabor correcto mas la combinación con las palomitas enchiladas, hicieron más llevadero el juego.

¿Y el resultado? Ah sí, la defensa charrúa no soportó el embate teutón y casi al final del partido, Alemania empató con gol de Klaus.

Ese 4 de junio en mi memoria está archivado un juego aburrido entre Alemania Occidental y Uruguay y que en las gradas nos vendieron refresco con sabor a cloro.

De ese Mundial en Querétaro, también recuerdo el partido España- Dinamarca pero no tanto por haber asistido, sino porque gracias a él, me libré de una estricta educación religiosa para poder ser un pagano entregado a la religión del futbol y otras malas artes, pero esa es otra historia.