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¿Debate? ¿Debatín? ¡Debatidillo! Más ocurrencias que ideas

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Víctor López Jaramillo

¿Qué nos deja el segundo debate entre candidatos a la presidencia de la República? ¿Seguiremos preguntándonos retóricamente quien ganó? ¿Quién perdió? ¿Quién lo aprovechó más? De entrada el diagnóstico es claro: no fue un debate de ideas sino de ocurrencias.

Aprovechemos que aún siguen vigentes las palabras dichas en el debate del 20 de mayo de 2018 en Tijuana, Baja California, para hacer unas breves reflexiones.

De entrada, en este nuevo encuentro verbal entre los candidatos salieron perlas políticas que serán recordadas por años. Lamentablemente, ninguna de esas perlas es producto de alguna idea o propuesta política que permee en el ánimo político.

En el debate, para citar a Paz cuando discutió en ‘Proceso’ con Monsiváis, no hubo ideas sino ocurrencias.

Y hubo en demasía. Si en la víspera Anaya, de la alianza entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, hacía alarde de que aniquilaría en el debate a sus contrincantes con ese video donde sale golpeando una perilla de box en mangas de camisa, el golpeado durante el debate fue él.

Anaya es un hombre muy estudioso, que no deja nada a la improvisación, mide y trata de anticipar a sus rivales. Esa es su fortaleza y debilidad. Eso se ve reflejado en el momento cumbre del debate cuando acecha a López Obrador, candidato de Morena, PT y PES, y se le pone justo enfrente para intimidarlo.

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¿Y la oposición?

El nuevo presidente estatal del PRI, Juan José Ruiz en recorrido por comunidad
El nuevo presidente estatal del PRI, Juan José Ruiz en recorrido por comunidad

Víctor López Jaramillo

El tiempo político de los nuevos gobiernos ha empezado a correr.

Se ha asentado la polvareda que dejaron los resultados electorales y de la sorpresa de la aplastante victoria del PAN, hemos pasado a las primeras acciones de gobierno.

Sin embargo, hay un hecho que no debemos de pasar por alto, que es el papel que debe desempeñar la oposición al gobierno de Francisco Domínguez en el gobierno del estado y al de Marcos Aguilar Vega en el municipio de Querétaro.

Entendemos por oposición, de acuerdo con la académica Elisa Servín, a “toda aquella expresión política organizada, casi siempre pero no sólo con propósitos electorales, crecientemente institucionalizada en la forma de partido político, que compite, cuestiona y se enfrenta al poder constituido desde la acción política, no armada, y cuya trayectoria oposicionista es variable”.

En su libro La Oposición Política, editado por el Fondo de Cultura Económica y el Centro de Investigación y Docencia Económicas, la autora hace un repaso de cómo se desarrolló la oposición a un sistema de partido hegemónico.

Para el caso local tendríamos que preguntarnos qué alcance tendrá la oposición al nuevo gobierno panista.

Para ello, primero debemos dividirla en dos partes: Por un lado, la oposición político electoral y por el otro, la social.

La oposición política, PRI

En el primer caso, nos encontramos con que los principales partidos han renovado sus liderazgos y han cambiado su discurso.

En el caso del PRI, partido que nació en el poder, ha cambiado de presidente y ha quedado al frente uno de los preferidos del ex gobernador José Calzada: Juan José Ruiz.

La asunción de Ruiz como nuevo dirigente estatal del tricolor de inmediato generó ruido en las filas del otrora partido gobernante. Sin embargo, antes de resolver las disputas internas, el nuevo líder del priísmo se lanzó de lleno contra la nueva administración estatal. ¿Motivo? El despido de los burócratas que simpatizan con el PRI. Es decir, la defensa de los cuadros que dejaron incrustados en el aparato estatal.

No es una divergencia de fondo, es una diferencia temporal. Por el momento, se mantiene la tensión pero falta ver si más adelante el PRI estatal mantendrá el mismo tesón opositor o su discurso se diluirá.

Morena opositor

Morena es el tercer partido en importancia en Querétaro y también han renovado dirigencia. Tras el hundimiento electoral del PRD y la pérdida del registro del PT y Movimiento Ciudadano, Morena se erige como la fuerza principal de izquierda, y con ello, como una sólida oposición al régimen panista.

Su nuevo dirigente, Carlos Peñafiel Soto, tiene frente a sí un doble reto. Consolidar la organización interna de Morena y evitar que se fragmente en diferentes grupúsculos, como ha sido el destino de muchas organizaciones de izquierda, incluido el propio PRD.

Por otra parte, tiene el reto de ser una oposición que tenga capacidad de incidir en la agenda pública estatal y en la defensa de los derechos de las minorías.

Por lo pronto, en entrevista, Peñafiel Soto ha dicho que serán una oposición responsable. Esperemos que eso no acabe diluyéndose en una oposición leal como la que mantuvo el PAN contra el PRI durante décadas. Tienen una diputada y cinco regidores en municipios para empezar a ser oposición.

La oposición social

Finalmente, la oposición que podría representar un verdadero dolor de cabeza podría no venir de los partidos políticos sino de las organizaciones sociales.

En estas primeras semanas, las organizaciones en pro de los desaparecidos y en defensa de los derechos sexuales, son las primeras que han levantado la voz en contra del discurso conservador de Acción Nacional.

Recordemos que a finales del sexenio de Francisco Garrido se desató fuerte polémica con la penalización del aborto, lo que hizo que las organizaciones alzaran la voz y pusieran el tema en agenda.

Ahora, como si el gobierno priísta hubiera sido sólo un paréntesis, con el regreso del PAN, la agenda ha retomado fuerza y las primeras voces de inconformidad han surgido de estos grupos.

Apenas van tres semanas y los escenarios opositores también empiezan a dibujarse. Habrá que hacer el corte de caja al primer año para evaluar no sólo al gobierno sino a su oposición.

Francisco Domínguez y su relación con los medios

Vale la pena preguntarnos, ¿cambiará la relación tras una nueva alternancia en el gobierno del estado?
Vale la pena preguntarnos, ¿cambiará la relación tras una nueva alternancia en el gobierno del estado?

Víctor López Jaramillo

A días del cambio de gobierno, ya se han tocado varios temas que tendrá que encarar el nuevo mandatario, entre ellos el nuevo gabinete, la seguridad, las inundaciones, la presencia de testigos sociales (posibilidad negada por el equipo de transición panista) pero hay un tema que no se ha tocado: la relación entre los medios y el gobierno de Francisco Domínguez.

En una democracia funcional, esta pregunta ni tendría que plantearse puesto que el papel de la prensa es ser el “perro guardián” de la democracia.

LOS ELEMENTOS DEL PERIODISMO

Un periodismo que, de acuerdo con lo planteado por Bill Kovach y Tom Rosentiel, en el libro Elementos de periodismo, debe cumplir con lo siguiente: la primera obligación del periodismo es la verdad. Debe lealtad ante todo a los ciudadanos. Su esencia es la disciplina de verificación. Debe mantener su independencia con respecto de quienes informa. Ejercer un control independiente del poder. Ofrecer un foro público para la crítica y el comentario. Esforzarse porque el significante sea sugerente y relevante. Las noticias deben ser exhaustivas y proporcionadas y debe respetar la conciencia individual de sus profesionales.

De estos nueve puntos, destaco dos: la lealtad ante los ciudadanos y la independencia con respecto de quien informa. La primera consiste en que no se debe tratar a los lectores como clientes.

Si bien un medio debe buscar la rentabilidad, este no debe ser el único fin, sino crear una relación con su audiencia “basada en sus valores, en sus juicios, autoridad, coraje, profesionalidad y compromiso con la comunidad. Al proporcionar todo esto, establecen un vínculo con el ciudadano que la empresa periodística alquila luego a sus anunciantes”, establecen Kovach y Rosentiel.

En el caso de la independencia, significa mantener la mirada crítica de lo que se informa y sobre quién se informa.

¿Y LA PRENSA QUERETANA?

¿Estos puntos básicos se cumplen en la relación entre la prensa queretana y el poder político, en concreto, el gobierno estatal?

Para encontrar una respuesta, podemos citar a los investigadores de la UAQ Germán Espino y Efraín Mendoza en su nuevo libro Los gobernadores, enclaves del autoritarismo en México, sometimiento y subordinación de los medios de comunicación locales, en cuyas conclusiones afirman que: “en Querétaro los medios locales se convierten en voceros del gobierno en tiempos ordinarios pero esto empeora en la época de campañas electorales”.

Y agregan: “en las elecciones de 2012 los medios locales ya no sólo funcionaron como voceros del partido gobernante (PRI), en estas elecciones cruzaron la línea y se convirtieron en los protagonistas de la campaña negativa del PRI. Mintieron, difamaron e insultaron al candidato opositor con absoluta impunidad”.

Vale la pena preguntarnos, ¿cambiará la relación tras una nueva alternancia en el gobierno del estado?

Para ello, baste revisar los antecedentes que ha tenido el PAN en el poder y su relación con los medios.

En el libro ya mencionado, Espino y Mendoza señalan que durante los doce años de gobierno panista no se alteró el pacto establecido desde los tiempos del priísmo hegemónico.

Y destacan la rotación de periodistas, incluso de directores de medios, durante el sexenio de Francisco Garrido (2003-2009). Señalan que estos constantes cambios sólo sirvieron para “consolidar la dominación que ejercía el gobernador Garrido sobre los medios de comunicación locales”.

EL PAN SOMETIÓ A LOS MEDIOS

Los medios estuvieron sometidos al poder del palacio de la Corregidora durante la era panista.

Francisco Domínguez no llega en blanco a la gubernatura. Ya tiene sus antecedentes con los medios. Cuando alcalde, fue criticado en redes sociales por rifar una casa entre reporteros de la fuente durante una de esas tradicionales comilonas que se da a los integrantes de los medios con motivo de las fiestas decembrinas.

Su modelo no se apartó del modelo priista o garridista: la compra de voluntades a través de prebendas a la prensa.

¿Esa será la base de su relación con la prensa durante su paso como ejecutivo estatal?

Si en primera instancia Domínguez ya negó la posibilidad de testigos sociales durante la entrega recepción, ¿habrá la posibilidad de modificar la relación con los medios o seguir con la misma vieja fórmula? Por el momento, dados los antecedentes, no hay visos de cambios.

UNA PROPUESTA

Aunque hay un punto que puede servir de inflexión para Francisco Domínguez, y el bloque panista en general: la aprobación de la Ley para la Protección del Ejercicio Periodístico. Si en un principio, integrantes del gremio rechazaron la propuesta hecha por el priísta Braulio Guerra, era porque mantenía los controles hacia la prensa a través de prestaciones sociales y económicas.

Una nueva ley, en donde se respete el trabajo periodístico y la protección el ejercicio profesional y además se mantenga la independencia del poder, debería ser impulsada por los diputados y promulgada por Francisco Domínguez. Sin embargo, la tentación autoritaria del panismo parece imponerse y no querrá mover ni un ápice la estructura de la relación actual de la prensa, simplemente pedirá un cambio de dueño.

Cuidador de palacio

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Víctor López Jaramillo

En 1949, cuando el gobernador Agapito Pozo Balbás solicitó licencia ante la Legislatura para abandonar el cargo de gobernador de Querétaro, Eduardo Luque Loyola fue designado como gobernador interino para complementar el periodo 1943-1949.

Luque Loyola, quien aspiraba a ser gobernador constitucional, vio así truncadas sus aspiraciones y en vez de gobernar por seis años, tuvo que conformarse con hacerlo por seis meses. Asumió el cargo con la idea de ser “el cuidador de Palacio”, y de seguir la línea marcada por su antecesor, además de resolver los problemas que se presentaran en el resto del periodo, esto de acuerdo al periodista David Estrada, quien así lo narra en su libro “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939-1985”.

Esa frase de Cuidador de Palacio define a la perfección también el papel que jugará el nuevo gobernador sustituto Jorge López Portillo Tostado, quien asumió el cargo tras la licencia de José Calzada Rovirosa, quien parte a la Ciudad de México a integrarse al gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto.

Calzada abandona la gubernatura en pleno proceso de entrega recepción, el momento fundamental de la transición. Traicionando sus palabras de que gobernaría por seis años completos, José Calzada abandona en el ocaso a su barco, para brincarse a otro barco que también parece hundirse pero cuyo capitán, Enrique Peña Nieto, da golpes de timón para salvarlo.

En el más puro estilo autoritario priista, el gobernador deja su cargo para incorporarse al gabinete federal, sin importar lo que suceda en la entidad. Justo como se hacía en la Presidencia Imperial priista, término acuñado por Enrique Krauze, cuando el presidente omnipotente podía remover gobernadores a su voluntad. Lo que sucedió el 27 de agosto de este año es una muestra más del intento restaurador del autoritarismo priista.

Apenas un mes y una  semana faltaba para que Calzada terminara su periodo. ¿Acaso no podía esperar ese tiempo el exgobernador para dejar su cargo en el estado a cuyos ciudadanos tanto quiere, según dijo en su videoinforme hace apenas un mes? No, al parecer, en la Restauración Priista, los deseos del presidente imperial siguen siendo órdenes.

NEGRO HISTORIAL DE JORGE LÓPEZ PORTILLO

Si la genuflexión de los estados priistas al presidente imperial es una de las cosas que preocupa, es más preocupante quién fue designado sucesor. Jorge López Portillo Tostado, llega con un negro historial.

En su currículo como secretario de Gobierno destaca que ha amenazado a comunicadores y ha sido acusado de nepotismo porque gran parte de su familia nuclear labora en gobierno del estado. Se ha enfrentado a la empresa Uber, más porque su hijo es socio de una App rival directa de la empresa, que por asuntos legales.

Es decir, el gobernador sustituto no se ha distinguido por ser democrático ni abierto a la crítica. A sus críticos, como el locutor que criticó la inseguridad, lo llamó putarraco. Así es su nivel de tolerancia.

Tiene un mes de gobierno. Un mes, que estará más absorto en el proceso de entrega recepción que en ejercer acciones de gobierno.

Jorge López Portillo Tostado será gobernador sustituto cuando la Constitución local también prevé la figura de encargado de despacho de la gubernatura. Sin embargo, los legisladores decidieron nombrarlo gobernador. Pero más que gobernador, será un Cuidador de Palacio.

¿El choque que viene?

Dos estilos diferentes ¿Chocarán?
Dos estilos diferentes ¿Chocarán?

Víctor López Jaramillo

Hay una notable diferencia entre el ejercicio del poder entre el PRI y el PAN. A los cuadros priistas los caracteriza la disciplina partidista a toda prueba; en la esquina contraria, entre los panistas lo natural es disentir democráticamente entre ellos.

Mientras el PRI aparentaba democracia y una división entre sectores como si fueran una santísima trinidad política: campesino, obrero y popular, pero todos unidos bajo el manto protector del laicismo del Presidente de la República; desde su fundación en 1939, Acción Nacional mostró que no iban a ser un partido cual bloque monolítico.

Y tras la atravesar la brega de eternidad y su etapa de sembrar ciudadanos, Acción Nacional ha mantenido aún ese rasgo desde su fundación, aunque en el ejercicio del poder hayan perdido vasta parte de sus ideales políticos.

UN PRI DISCIPLINADO

Tomemos como ejemplo Querétaro. Bajo los gobiernos priistas, los gobernantes y representantes emanados de las filas del tricolor aceptan de manera inmediata al gobernador como el primer priista del estado y acatan su voluntad. La disciplina es la regla.

En cuanto Roberto Loyola Vera dejó la secretaría de Gobierno para ganar por escaso margen las elecciones para presidente municipal, siempre se mantuvo a la sombra de Calzada. Su agenda política y mediática siempre estuvo supeditada a la voluntad dictada desde el Palacio de la Corregidora.

Siguiendo la disciplina priista, Loyola acató siempre el estilo de gobernar que se ejercicio desde el gobierno del estado. Ni siquiera en campaña, como algunos candidatos priistas lo hicieron en el pasado, se atrevió a mostrar un rostro político propio y mostrar una sana distancia con Calzada y lo pagó en las urnas.

UN PAN FRAGMENTADO

En cambio, con el PAN en el poder estatal, la subordinación de los actores panistas al gobernador no ha sido la regla, y cuando se ha logrado, ha sido a través de arduas negociaciones.

Recordemos que en primera instancia, en el primer sexenio panista encabezado por Ignacio Loyola Vera (1997-2003) hubo serias diferencias con el alcalde capitalino Francisco Garrido (1997-2000).

Y una vez que Garrido llegó a la gubernatura en 2003, de inmediato rompió con su antecesor al demoler el Centro de Rehabilitación, una obra magna del gobierno de Ignacio Loyola, al bajarse el sueldo para mostrarse austero a diferencia de su antecesor y liberar a los presos políticos que Loyola había encarcelado.

Sin embargo, al mismo tiempo, se gestaba la discordia entre el propio gobernador y el alcalde capitalino Armando Rivera Castillejos. Aunque en declaraciones oficiales siempre argumentaron la unidad del partido, en el primer informe de gobierno del Rivera, mandó el mensaje a sus correligionarios incrustados en el poder estatal y partidista que  “con ellos, sin ellos y a pesar de ellos”, su administración seguirá avanzando. 

Los dos gobernadores panistas se han enfrentado al alcalde panista con el que comparten la primer mitad de su gobierno.

¿SE REPETIRÁ EL ESCENARIO?

Ahora, en 2015 se presenta un escenario similar. Hay gobernador panista con alcalde panista en la primera mitad del sexenio. Francisco Domínguez y Marcos Aguilar provienen de grupos distintos pero durante campaña supieron guardar sus diferencias.

Una vez superado el trance de las elecciones, es posible que empiecen a aflorar los viejos conflictos entre los grupos que apoyan a Domínguez y Aguilar.

Y aunque aun no toman posesión de sus cargos, los estilos políticos empiezan a notarse y a contrastar entre uno y otro.

Mientras el alcalde electo Marcos Aguilar marca agenda al realizar foros de consulta ciudadana y, sobre todo, aceptar la exigencia de la sociedad civil de aceptar testigos sociales. En tanto, en el lado de Francisco Domínguez reina el silencio y el rechazo a aceptar testigos. Pareciera que planea la entrega-recepción como si fuera el crimen perfecto: sin testigos.

Y cuando Domínguez declara para marcar agenda, como en el caso del “boquete” económico de la Usebeq, resulta ser solamente fuegos de artificio que su equipo de transición tienen que apagar inmediatamente.

En plena transición, Marcos y Francisco muestran estilos completamente diferentes, contrastantes. ¿Se agudizarán cuando tomen posesión de sus cargos? ¿Mantendrán una tensión política que se traduzca en competencia? ¿O se viene una nueva ruptura entre gobernador y alcalde de extracción panista?

Estamos a semanas de reeditar una vieja historia entre panistas o comenzar una nueva. Los actores políticos tienen la decisión en sus manos.