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¿Debate? ¿Debatín? ¡Debatidillo! Más ocurrencias que ideas

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Víctor López Jaramillo

¿Qué nos deja el segundo debate entre candidatos a la presidencia de la República? ¿Seguiremos preguntándonos retóricamente quien ganó? ¿Quién perdió? ¿Quién lo aprovechó más? De entrada el diagnóstico es claro: no fue un debate de ideas sino de ocurrencias.

Aprovechemos que aún siguen vigentes las palabras dichas en el debate del 20 de mayo de 2018 en Tijuana, Baja California, para hacer unas breves reflexiones.

De entrada, en este nuevo encuentro verbal entre los candidatos salieron perlas políticas que serán recordadas por años. Lamentablemente, ninguna de esas perlas es producto de alguna idea o propuesta política que permee en el ánimo político.

En el debate, para citar a Paz cuando discutió en ‘Proceso’ con Monsiváis, no hubo ideas sino ocurrencias.

Y hubo en demasía. Si en la víspera Anaya, de la alianza entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, hacía alarde de que aniquilaría en el debate a sus contrincantes con ese video donde sale golpeando una perilla de box en mangas de camisa, el golpeado durante el debate fue él.

Anaya es un hombre muy estudioso, que no deja nada a la improvisación, mide y trata de anticipar a sus rivales. Esa es su fortaleza y debilidad. Eso se ve reflejado en el momento cumbre del debate cuando acecha a López Obrador, candidato de Morena, PT y PES, y se le pone justo enfrente para intimidarlo.

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Mr. Waters y el señor Presidente #RogerWaters #RenunciaYa

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La frase Renuncia Ya se pudo leer en los tres conciertos de Roger Waters, fundador de Pink Floyd

Víctor López Jaramillo

De las cenizas de revoluciones

Revolución era la palabra clave cuando Pink Floyd nació en la convulsa segunda mitad de los años sesenta.

Revolución de las conciencias, revolución sexual, revolución social, revolución política, etc.

Hoy, medio siglo después, solo nos quedan cenizas de revoluciones, sin embargo, de esas cenizas surgió un reclamo contra el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

En sus conciertos en México, realizados el 28 y 29 de septiembre y el 1 de octubre en el Foro Sol y el  Zócalo, el cofundador de Pink Floyd envió un claro mensaje político: exigió se esclarezca lo ocurrido en Ayotzinapa hace dos años; el tradicional cerdo volador de sus shows traía un mensaje sobre ese mismo tema y los más de 28 mil mexicanos desaparecidos. Por si fuera poco, en el muro de mensajes del show pidió la renuncia del presidente. Para Roger Waters, rock sin mensaje crítico solo es solo melodía edulcorada. Seguir leyendo Mr. Waters y el señor Presidente #RogerWaters #RenunciaYa

Mis memorias del Mundial México 86: Estadio Corregidora, cuando la Coca-Cola supo a cloro

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Foto tomada de mercadolibre.com.mx

Víctor López Jaramillo

No recordamos el pasado como fue sino como somos. Así, cada instante vivido vuelve a ser reconstruido. Le pedimos testimonio y lo llamamos a declarar ante el juez Cronos. Todos somos actores secundarios en el gran Teatro de la Memoria, como lo llamó Leonardo Sciascia.

¿Qué actor somos de nuestro pasado? ¿Como recordaremos el futuro? ¿Cómo viviremos nuestro pasado? Ante tanta incertidumbre , tendré que recurrir al apotegma Garciamarquiano: no es como vivimos la vida, sino como la recordamos para contarla.

¿Qué recuerdo del Mundial México 86? ¿Cómo lo viví? ¿Qué les puedo contar? ¿Qué recuerdos a mis tiernos once años guardé de ese Mundial?

De lo destacable es que, como muchos queretanos, estuve en el primer partido del Mundial en el Estadio Corregidora, un Alemania Occidental (¡Entonces era un mundo donde había dos Alemanias!) en contra de la República Oriental del Uruguay, que terminó empatado a un gol y que recuerdo como terriblemente aburrido.

Mientras dibujo mi recuerdo, empiezo a excavar en mis archivos del pasado.

Una vez dijo Mick Jagger que él no era archivista de su vida y lamentablemente yo tampoco, pues muchos de esos archivos se han perdido en la humedad del olvido.

Así, al estilo David Carr que reporteó que había sido de su vida durante sus años perdidos en sus excesos, decido reportear mi memoria, contrastar mis recuerdos, buscar testimonios cercanos y documentos que me reconstruyan ese 4 de junio de 1986 en el Estadio Corregidora. Contrastar mi frágil memoria con lo que fue.

El primer documento es un boleto del partido que tengo en mi álbum de fotografías. El logotipo del mundo unido por un balón en el extremo izquierdo mientras que al centro dice “Estadio La Corregidora, Querétaro, Qro. Junio 4-12:00. 1a Fase/Juego 1.” Es el primer paso. Es el equivalente al hueso del que los paleontólogos reconstruyen un tiranosaurio rex completo.

Entonces cursaba el sexto año de Primaria en la escuela Miguel Hidalgo en San José Iturbide, Gto. Un día antes del primer juego en el Estadio Corregidora la selección mexicana había debutado en el Azteca en contra de Bélgica.

Iba en el turno vespertino, por lo que el partido de México se cruzaría con las clases que, aunque usted no lo crea, no se suspendieron ni nos pusieron una televisión para ver el partido. Quizá entonces el futbol no tenía tanta importancia como ahora o en ese rincón de Guanajuato no era lo más importante.

Eso sí, entre profesores se iban pasando los detalles más importantes del encuentro. Así que antes de terminar la primera hora de clase, ya sabíamos que México había ganado su primer partido. Por la noche, vería los goles de Quirarte y Hugo Sánchez en el resumen por televisión.

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Foto tomada de ebay.com

“Un juego de ajedrez viviente”

Llegó el gran día. Ir al templo pagano del Estadio Corregidora a ver un duelo mundialista (Y faltar a clases). A mi padre le habían obsequiado pases en la compañía trasnacional para la que trabajaba -esa que los marxistas se desgañitan gritando que son las aguas negras del imperialismo, frase que siempre me ha causado risa y que me acaba de generar una sonrisa mientras escribo esto.

Asistimos toda la familia. Mi madre nos alistó desde temprano porque mi padre pertenece a esta tribu que adora llegar con horas de anticipación al estadio. Sin embargo, recuerdo que llegamos tarde, como suele suceder muchas cosas en mi vida.

Apenas nos sentábamos en las gradas tras la portería norte en un lugar que, como dijo don Napoleón, amigo cercano de mi papá, íbamos a ver el juego de maravilla, “como si fuera un juego de ajedrez viviente”, cuando cayó el gol uruguayo.

Hasta el otro extremo de la cancha, un jugador de celeste le ganaba la pelota a uno de verde y la pateaba para incrustarla en el arco alemán. Uruguay uno, Alemania cero.

– ¿Seguro que estábamos detrás de la portería norte?, me pregunta mi padre cuando platico con él vía telefónica para intentar reconstruir ese juego.

– Sí, aquí dice claramente en el boleto del Mundial. Al menos mi asiento era el 02-19-01764. ¿Qué mas recuerdas del juego?, le vuelvo a preguntar.

– Fue un juego muy aburrido. Un empate. Era el primer juego. Estuvo mejor el de Dinamarca, al que fuimos después…

– A ese ya no me llevaste.

– ¿No? ¿En serio que no?

Un juego “tácticamente interesante”

Tengo que recurrir a la hemeroteca para recordar los detalles del juego. El Diario de Querétaro calificó al juego como un duelo de poder a poder en donde las escuelas charrúa y alemanabrillaron en todo su esplendor”, de acuerdo con la nota del reportero Gonzalo Vargas.

Busco en YouTube y el gol uruguayo lo hizo Alzamendi, quien aprovechó un mal pase retrasado de Lothar Mathäuss y fusiló al arquero.

En mis recuerdos no vi un juego de ajedrez, mas bien uno de damas chinas en donde las fichas verdes (Alemania) chocaban con las fichas celestes (Uruguay).

Un juego trabado, donde cada equipo trató imponerse a través de la fortaleza física y no por el talento, que a cuentagotas soltaba el uruguayo Francescoli. Pocas jugadas de fantasía que hacen que un niño se enamore del futbol, sólo un juego “tácticamente interesante”, ese eufemismo que se usa para decir que un partido es aburrido.

Coca-cola y cloro

Tras el gol charrúa y la defensa a ultranza, comenzó el sopor. Buscar distraerse de otra cosa en el estadio. Pasó el vendedor de palomitas y compramos palomitas. Fiel a mi costumbre, me llene de salsa mientras me las comía, en tanto, en la cancha del Corregidora alemanes y uruguayos se pateaban mutuamente.

Después vino lo memorable del partido. Y no pasó en la cancha. Sucedió en las gradas, bueno, no en todas las gradas, sino en la zona donde estábamos.

Las palomitas nos dieron sed y para aplacarla, nada como las deliciosas aguas negras del imperialismo (insisto, me causa mucha gracia esa frase y más con la rabia que la dicen algunos).

Pedimos una Coca-Cola, dos Coca-Colas. Apenas nos las sirvieron, mi hermana le dio un trago y de inmediato lo escupió. Volteó enojada a ver a mi padre y dijo: “esto no es refresco”. Mi padre que intentaba poner atención al soporífero partido, le dijo que no dijera nada. Probé y, en efecto, eso sabía a rayos. Era imposible de beberlo. Muchos en las gradas se empezaron a quejar del sabor de la Coca-Cola.

¿Que fue lo que pasó? Pues que en el primer juego, la compañía refresquera quiso innovar y meter repartidores con un tanquecito de refresco en la espalda. Al parecer, el agua no estaba bien purificada, tenía cloro y, por tanto, la Coca-Cola sabía feo. Para el segundo tiempo cambiaron, dejaron los tanquecitos y daban Coca-Colas queretanas de vidrio en vaso de plástico y problema solucionado.

Ya con el sabor correcto mas la combinación con las palomitas enchiladas, hicieron más llevadero el juego.

¿Y el resultado? Ah sí, la defensa charrúa no soportó el embate teutón y casi al final del partido, Alemania empató con gol de Klaus.

Ese 4 de junio en mi memoria está archivado un juego aburrido entre Alemania Occidental y Uruguay y que en las gradas nos vendieron refresco con sabor a cloro.

De ese Mundial en Querétaro, también recuerdo el partido España- Dinamarca pero no tanto por haber asistido, sino porque gracias a él, me libré de una estricta educación religiosa para poder ser un pagano entregado a la religión del futbol y otras malas artes, pero esa es otra historia.

Motor de Querétaro

Víctor López Jaramillo

La semana pasada en sesión extraordinaria de Consejo Universitario, el rector Gilberto Herrera Ruiz tomó protesta para un segundo periodo al frente de los destinos de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Como parte de la vida democrática de la Máxima Casa de Estudios del estado, en los últimos meses del año pasado, la UAQ vivió el proceso de elección interna en donde se decidiría si se reelegía a Gilberto Herrera como rector o se optaba por un nuevo rumbo.

Con una amplia convocatoria, Herrera fue reelecto. Su segundo periodo estará repleto de retos y superar obstáculos para responder a la confianza que la mayoría de los universitarios han depositado en él.

En una entrevista que este reportero sostuvo con el Rector, Gilberto Herrera reconoció que faltan obstáculos por superar. Que uno de los pendientes que quedan es el de la simplificación administrativa, toda vez que hay procesos en los que la Universidad pide hasta 4 ó 5 firmas. Por ello, planteó la necesidad de convertirse en una administración digna de toda confianza y erradicar esa cultura de la desconfianza que sólo ayuda a crecer los trámites burocráticos.

El reto en la parte académica es lograr que todas las Facultades de la Universidad oferten doctorado. Aun faltan tres unidades académicas en hacerlo, pero vislumbra que para 2016 todas lo oferten.

Uno de los puntos centrales a destacar del discurso del rector Gilberto Herrera Ruiz es el pensar a la Universidad como el motor del progreso de Querétaro, no como un simple engrane más.

¿Por qué me parece importante esta idea? Porque muchos actores políticos y sociales quisieran ver una Universidad inmóvil, que no opine, que se mantenga aislada. La universidad no debe de ser un ente que sólo vea para si misma, sino que debe de influir y transformar el entorno.

Retomo esta postura desde el punto de vista social, más allá del tecnológico. El año 2014 fue un año axial, un año en donde se nos puso a prueba como sociedad. El año en donde se desinfló el discurso triunfador del gobierno federal.

La desaparición de estudiantes normalistas en Guerrero movió conciencias en todo el país y la de los estudiantes universitarios no fueron la excepción. Estudiantes de nuestra Universidad Autónoma de Querétaro empezaron a movilizarse como nunca se había visto en años.

Claro, surgieron las criticas y la mas recurrente era el típico: “que se pongan a estudiar” y otros comentarios que circularon en redes sociales. Sin embargo, hay coincidencia con el planteamiento central del rector Herrera, la UAQ debe ser el motor del progreso y del cambio en el estado. Se debe de ser conciencia crítica y generador de cambios, no un ente inmóvil y aislado.

Inicia el segundo periodo de Gilberto Herrera, restan tres años en donde se pondrá a prueba esta idea de Universidad, en donde además de la eficiencia administrativa, la calidad académica, los universitarios debemos vernos como esos agentes del cambio y desde cada trinchera, presentar las opciones para tener un México y un Querétaro mejor. Que así sea.

Julio Scherer, periodista rebelde

aportación tribuna2 enero 2014

Víctor López Jaramillo

No fue el frío lo que esa mañana me paralizó. No. Lo que me dejó pasmado fue la noticia de la muerte de Julio Scherer García. El teléfono reclamaba atención insistentemente. Primero con el sonido de la alarma, la cual ignoré. A los cinco minutos, pertinazmente el dong que avisa de los mensajes se repetía continuamente. Un par de amigos me informaba, casi al mismo tiempo, que había muerto el más grande periodista de la segunda mitad del siglo XX.

Cauto, exigí como prueba que Proceso, el semanario fundado por Scherer, informara. Y el portal de la revista lo resumió con un titular directo de cuatro palabras: Fallece Julio Scherer García.

La nota firmada por Alejandro Caballero decía que “el fundador de Proceso, murió de un choque séptico. Llevaba poco más de dos años enfermo, principalmente de problemas gastrointestinales. En abril, cumpliría 89 años”.

Corroborado, procedí a informar a amigos. Seguramente, la noticia les amargó esa fría mañana, como a mí. En una mañana sin sol le dijimos adiós al maestro.

En apenas en un mes han muerto dos pilares del periodismo. En diciembre, Vicente Leñero, y ahora, en enero, Don Julio Scherer.

Ambos representan el punto más alto de una generación que decidió rebelarse contra su destino, y al contrario de Prometeo, escaparon del castigo del sistema y abrieron puertas para que otros pudiéramos pasar por ellas.

Magistral mancuerna periodística. No eran ni ying ni yang, pero sus plumas nos enseñaron dos formas de hacer periodismo. Datos certeros, observaciones precisas, siempre buscando la noticia, “desentrañando el lado amargo de la vida”, como definió Leñero al periodismo.

Del ostracismo de Excélsior, que encabezado por Scherer se volvió un referente periodístico mundial, al difícil nacimiento de Proceso y su consolidación como conciencia crítica de la sociedad mexicana.

En el peregrinar de la democracia mexicana —peregrinar que estas alturas está sin rumbo y sin fe, parafraseando a José Alfredo Jiménez— el Proceso de Scherer fue un faro que iluminaba las negras noches del autoritarismo priista. Un faro que sigue alumbrándonos en el invierno del desencanto de la democracia.

La tenacidad de saber mantenerse a flote pese a tener todos los elementos en contra es una de las cualidades que debemos de aprender de don Julio.

También debemos aprender el saber aquilatar el genuino valor de la amistad, porque como escribió, en la derrota tras la salida de Excélsior, a punto de rendirse, los amigos estuvieron para cobijarlo en las horas más bajas y seguir la lucha por una prensa diferente, por un periodismo que no se sometiera al poder político, sino un espacio que diera voz a la ciudadanía, que le sirviera de contrapeso.

Dentro de la historia del periodismo mexicano, el 8 de julio de 1976 será recordado como el Big Bang que provocó el nacimiento de una prensa democrática que se apareció en el escenario para contraponerse a la vieja prensa oficialista y su sostén político.

Proceso, Unomasuno, La Jornada y de ahí una genealogía que hizo que las nuevas  generaciones crecieran con la idea que se puede hacer un verdadero periodismo, que no sea comparsa del poder. Que se puede rebelarse contra el destino trágico y no renunciar a los ideales.

Paradojas del periodismo, mientras en los 70 la prensa norteamericana alcanzaba un punto máximo al evidenciar los excesos del presidente Nixon que terminaron provocando su renuncia, en México, el excesivo poder presidencial de Echeverría daba un manotazo para callar a las voces disidentes en la prensa. Por fortuna, fracasó en su intentona.

Políticos y periodistas, esa simbiosis sobre la que Scherer siempre escribió. Es imposible el matrimonio entre políticos y periodistas, pero inevitable el amasiato.

Escribió Scherer: “La sangre del político no es igual a la sangre del periodista. Corren por venas distintas y alimentan organismos distintos. No hay manera de unir sus torrentes sin envenenarlos. … el periodismo no es blando, como no es tersa la política”.

De Scherer nos queda su ejemplo y sus entrevistas, sus reportajes y sus libros. Sus perlas de sabiduría periodística. Tomemos el tiempo justo de luto y sigamos haciendo periodismo.