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El arte de “maradonear” en la vida

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Maradona en el juego contra Inglaterra en México 86. Foto tomada de Wikipedia.

Víctor López Jaramillo

Dice Joaquín Sabina que las “malas compañías” suelen ser las mejores, no estoy seguro que esto sea del todo cierto, pero lo que sí puedo afirmar es que son divertidas y dejan anécdotas que uno sigue recordando hasta que la desmemoria nos alcanza.

Uno de estos amigos a quien todos tachaban de “mala compañía” solía ser fanático al extremo de Diego Armando Maradona. En su adolescencia, cuando residió en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, vivió el Mundial de México 86, él fue uno de los tantos que fue a cantarle al Diego a las afueras de su hotel de concentración de la selección argentina para alentarlo en la gresca mundialista. No consiguió colarse al estadio Azteca para verlo en vivo contra Inglaterra o Alemania, pero le bastó sentirse cerca del astro argentino para sentirse parte de un momento histórico que lo dejaría marcado.

Nunca dejaba de hablar de las jugadas de Diego en el Nápoles, con la selección argentina, de cómo Menotti lo marginó del Mundial en Argentina 78, de su lesión en el Barcelona, de cómo le robaron la final de Italia 90 por haber derrotado al local, “igualito que en el cuento de BenedettiEl puntero izquierdo’, léelo”, siempre decía.

(Por cierto, también tenía otro compañero que cuando escuchaba que hablábamos de Benedetti pensaba que nos referíamos a la compañía de comida rápida y no al poeta uruguayo, por ello su cara de desánimo de tanto escuchar dicha palabra y no ver una pizza cerca.)

Cuando fue expulsado del Mundial del 94 y Maradona dijo su famosa frase de que le habían cortado las piernas, él también solía repetirla cuando ya llevaba tres caguamas y se lamentaba de no seguir en las fuerzas básicas de Gallos Blancos. “No entienden que soy un Maradona, decía”. De nombre propio había pasado a ser adjetivo.

Por cierto, él fue al primero que le escuché decir la famosa frase hoy vuelta meme: “Yo iba a debutar en primera división pero me lesioné la rodilla”, se lamentaba a la cuarta caguama.

Algo que siempre repetía cuando estábamos en problemas, ya fuera por falta de dinero o apuros escolares, es que habría que “maradonear” y salir del atolladero. Maradona se había convertido en verbo.

Y aunque para muchos es un verbo aplicable solo en la cancha de futbol. Jorge Giner en su artículo en la revista Panenka lo define así:

“’Maradonear’, sin existir en la RAE, sin tener una definición absoluta de todo lo que realmente aglutina, se ha convertido en un recurso de lo más usual a la hora de darle un significado a una acción extraordinaria. ‘Maradonear’ es marcar el gol que siempre soñaste desde que eras niño; como también es ese regate sencillo, sin filigranas ni artimañas, en el que el defensa no encuentra la explicación física de cómo has escapado de ahí; o podría incluirse cuando te echas al equipo a las espaldas y tú solito eres capaz de dirigir a tus compañeros hacia la gloria, como lo hizo Diego hace 31 lejanos veranos por los estadios de México. En definitiva, ‘maradonear’ vendría a ser algo así como convertir en humano un acto que solo los dioses pueden obrar.”

Pero mi amigo terminó por sacar el verbo de la cancha y aplicarlo a toda acción de la vida cotidiana. Habría que ‘maradonear’, es decir, esforzarse al máximo y apelar a un chispazo de genialidad (como el gol de media chancha contra Inglaterra) o a jugar en el límite del reglamento para sobrevivir (como el gol de la mano de D10S también contra Inglaterra).

‘Maradonear’ también era retar al destino y ganar o perderlo todo, sin conocer las medias tintas. Saber que en la vida no estás condenado a la derrota eterna y que una dosis de talento y trabajo te pueden cambiar el rumbo. También que puedes tener todo a favor y por el exceso perderlo y volver a empezar de cero sin más que tu talento y esfuerzo.

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Terminaron los años 90 y dejé de frecuentar a mi maradoniano amigo, pero algo se me había quedado: esa idea de ‘maradonear’ como último recurso y salir avante o ser expulsado en el intento. Y así como en tango, aprendí que aunque uno vaya cuesta abajo en rodada, uno todavía puede ‘maradonear’ en la vida y ganar… o rescatar el empate.

No sé qué habrá sido de mi amigo maradoniano pero supongo que este miércoles 26 de septiembre estará en un rincón del estadio Corregidora para ver de lejos a su antigua figura de formación y si ya no gritar cánticos a su favor, por lo menos tomarse una cerveza mientras ve como Diego se agita en la banca técnica del visitante y la nostalgia lo consume.

*Esta es una versión extendida de la publicada en El Universal Querétaro.

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Futbol y odio #TodosSomosSimios

Exxfuncionario llamó simio a Ronaldinho. Foto, tomada de Wikipedia.
Exxfuncionario llamó simio a Ronaldinho. Foto, tomada de Wikipedia.

Víctor López Jaramillo

Campeón

Como un semidiós en el ocaso, Ronaldo de Assis Moreira llega a convulsionar a un Querétaro que en las últimas semanas ha sufrido “lluvias atípicas” que han provocado inundaciones, aunque las autoridades se han empeñado en denominarlas como “encharcamientos”, e incrementos de la criminalidad, incluido un asesinato en un restaurante.

Y si hace un año se hizo una algarabía política porque el presidente estadounidense Barack Obama mencionó a Querétaro en su discurso durante su visita a México, ahora el gobernador Calzada no podía desaprovechar la oportunidad de magnificar la llegada del astro brasileño a la grama del Estadio Corregidora.

En declaraciones a la prensa, José Calzada explicó a su modo el porqué de la llegada de Ronaldinho a los Gallos Blancos: “Seguramente para él, adicionalmente al tema económico, yo creo que también se le hace atractivo vivir en el mejor estado del país y en una de las ciudades más competitivas, una de las ciudades más seguras, una de las ciudades más limpias, de las ciudades más bonitas”.

Ronaldinho, así con el diminutivo, para distinguirlo del otro Ronaldo Luis Nazário de Lima, llega a Gallos Blancos precedido de su fama: Balón de Oro en 2005, Campeón del Mundo en 2002, campeón de Copa América, Campeón de Champions League. No sería exagerado decir que Ronaldinho y campeón son sinónimos.

Prácticamente lo ha ganado todo. ¿Se habrá aburrido de ganar o de verdad quiere nuevos retos en México? ¿Será un revulsivo en la historia de Gallos Blancos? ¿Veremos las grandes jugadas que llegó a hacer en Barcelona? ¿Futbolísticamente habrá de sacar lo mejor a sus compañeros?

Cuando el balón ruede sobre el césped del mítico Corregidora y Ronaldinho toque el balón mirando a la portería contraria, nuestras dudas se empezarán a disipar.

Síntoma de la intolerancia

Así como la llegada de Ronaldinho a los sufridos Gallos Blancos ha volcado a la ciudad en un torrente de euforia y optimismo, en esa vorágine también hace que salga a flote el lado oscuro de Querétaro.

Este fin de semana, las redes sociales y los medios de comunicación dieron cuenta de un comentario en el muro de Facebook del panista Carlos Manuel Treviño Núñez, quien se desempeñó como secretario de Desarrollo Social en la administración 2006-2009, en donde, molesto por el tráfico generado en las cercanías al Estadio Corregidora, llamó simio a Ronaldinho.

El comentario amplificado por las redes sociales, de inmediato generó respuesta por parte del Club Querétaro en donde exigió que se castigue de acuerdo a la ley.

Independientemente de la disculpa pública que ya hizo el panista, basta revisar su cuenta de twitter para ver que el odio y la discriminación dominan su timeline: Está en contra de los aficionados de futbol, al cual considera un deporte poco inteligente en comparación con el futbol americano; dice que no es casualidad que el día del síndrome de Down sea el mismo que el del natalicio de Benito Juárez, destila odio contra los comentaristas argentinos de futbol y en contra de lo que él llama cine “chilango”, entre otras cosas. Evidentemente, su comentario contra Ronaldinho no fue una casualidad, sino una consecuencia de todos sus odios.

Y lo mismo sucede a nivel general, su comentario racista no es un hecho aislado en Querétaro, es una consecuencia de la intolerancia de la sociedad queretana que ha ido generándose en años recientes.

Intolerancia que hasta el mismo departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos de América detectó en su cable  08MEXICO3282_a, el cual fue filtrado por la agencia WikiLeaks, en donde afirma que Querétaro es próspero pero intolerante, y para muestra pone el caso de los jóvenes emos golpeados por una turba colérica en Plaza de Armas en el primer trimestre de 2008.

Pero el linchamiento a los jóvenes emos no ha sido el único caso, recordemos los desmanes en un festival de Rock en 2012 donde hubo varios jóvenes golpeados y una mujer violada, lo que era una fiesta de música se convirtió en una fiesta del odio.

A eso, sumémosle la latente xenofobia en la sociedad queretana como respuesta a la migración masiva a la capital queretana. Cuando hay un accidente, más de uno dice: “de seguro son de fuera” o “han de ser chilangos”.

El rechazo al otro se manifiesta desde las más simples expresiones. Y lo peor aún: son alentadas por el mismo gobierno estatal o municipal cuando en su discurso manejan que quienes cometen los delitos “son de fuera”, es decir, no son queretanos.

Y como olvidar al inspector de policía que se burló en twitter de las mujeres indígenas que venden su mercancía en el Centro Histórico. Evidentemente el exabrupto de Treviño contra Ronaldinho por su color de piel, es un síntoma de un problema latente en la sociedad queretana que se va incubando lentamente y crece poco a poco: el clasismo, la discriminación y, finalmente, el odio.

Como sociedad debemos decir no a la discriminación, a la xenofobia y al racismo, todos síntomas de discurso del odio. Estamos a tiempo para frenarlo.

Sísifo en el Corregidora #GallosBlancos

En la victoria, muchos vendrán a festejar, pero en la derrota, es cuando el equipo necesita más apoyo para seguir cuesta arriba con esa enorme roca como el fallido Sísifo.
En la victoria, muchos vendrán a festejar, pero en la derrota, es cuando el equipo necesita más apoyo para seguir cuesta arriba con esa enorme roca como el fallido Sísifo.

Víctor López Jaramillo

Publicado en El Universal Querétaro 

¿Has estado sentado alguna vez en las gradas del Corregidora mientras ves como el rojo de la tarde vuelve óxido los sueños de gol? ¿Has visto como la agonía del último minuto se vuelve eterna? ¿Has gritado con euforia el gol salvador o maldecido al árbitro que marca tu destino?

Futbol, Bendita palabra. Menospreciada por los intelectuales, adorada por el pueblo.

Futbol. Deporte espectáculo que por 90 minutos pone en un mismo nivel al jornalero que gasta su quincena en ver a sus Gallos Blancos y al político que desde el palco quiere darse un baño de pueblo.

Futbol. El último escenario donde el mito, dioses y héroes aún juegan. Y uno de ellos parece ser local en el Estadio Corregidora.

Imaginen un castigo tan cruel que implique rodar una enorme roca cuesta arriba y antes de llegar a la cumbre, ésta, por su propio peso y la ley de la gravedad, ruede a toda velocidad cuesta abajo y tener que volver a empezar cuesta arriba.

Así castigaron los dioses a Sísifo. Rodar eternamente cuesta arriba esa pesada roca. Y eso es lo que le sucede a la afición queretana. Siempre tienen que ir a contracorriente. Desde los Atletas Campesinos hasta las diferentes versiones de Gallos Blancos o Cobras. Todo es cuesta arriba.

La más reciente versión de Gallos Blancos rozó la gloria con su primera clasificación a la liguilla y un año después prueba el amargo vino del descenso. Sin embargo, eso no amilana a la afición que desde las gradas canta y canta alentando a su equipo.

Saben que en la derrota es cuando más los necesitan. En la victoria, muchos vendrán a festejar, pero en la derrota, es cuando el equipo necesita más apoyo para seguir cuesta arriba con esa enorme roca como el fallido Sísifo.

Parafraseando al escritor Juan Villoro, la afición queretana, más que festejar al equipo, se celebra a sí misma. Heroica y orgullosa que ha resistido mil batallas en el infierno, no importa que la gloria quede lejos aún, saben que tienen fuerza para seguir.

La esperanza es fuente inagotable del aficionado queretano y la clase política ha sacado ventaja de ello. En las elecciones de 2009, era frecuente ver a los candidatos darse de baño de pueblo en el Corregidora aunque no entendieran lo que es el fuera del lugar o la regla del gol de visitante.

A eso, añadamos que la plaza queretana ha resultado excelente para el negocio de futbol. Eso ha dado como resultado que se tenga la intención de mantener con vida a Gallos Blancos.

El deporte espectáculo es un arma de dos filos: como entretenimiento y manipulación política y agente de colocación de mercancías. Por ello, de cara a las elecciones del 2015 y por crecimiento del mercado queretano, no dudemos que se mantenga con vida a unos nuevos Gallos Blancos. Pero, ¿la verdadera afición que ha llorado derrotas aceptará a un equipo advenedizo? ¿O preferirá sufrir un año en el infierno del ascenso para regresar con su plumaje inmaculado?

Sin duda, Sísifo juega de 10 en el Corregidora.