Fuck forever!



En la lluvia pondré mi corazón de R’N’R

y cuando me llene el cuerpo de anfetas y de alcohol

querré alguien a mi lado que me recoja al caer

así nena tendré suerte de llegarte a conocer.

Sabino Mendez/Loquillo

Lo políticamente correcto asfixia lentamente al rock.

Lo irreverente, lo desafiante y la crítica al sistema se han ido diluyendo en un mundo musical en donde predominan los beats y las guitarras suenan anticuadas.

Los rockeros ahora tienen que parecer pasteurizados, higiénicos, no lastimar las buenas conciencias, salvar tortugas, no criticar al gobierno, rezarle a la virgencita, tomar su lechita y dormirse a las diez para poder ser aceptados y ser entrevistados por Paty Chapoy. Sus vicios y su verdadera personalidad tienen que ocultarla para poder hacer música mediocre que pueda ser programada en la radio y aceptada por las trasnacionales.

Y las corporaciones nos dicen que es lo rebelde y lo que no. Si eres adolescente, estudias en una escuela privada y (si eres mujer) usas minifalda o (si eres hombre) la corbata floja entonces eres un verdadero rebelde porque no sigues a los demás, sólo sigues lo que Televisa dice que seguir. Esa es la “rebeldía”. Ni modo James Dean y Marlon Brando, ya pasaron de moda.

Esos artistas pop, que como dijo Morrissey, temen mostrarse inteligentes para no arruinar su maravillosa carrera, por ello confunden a Perú con Chile.

Ya ni a los viejos rockeros se les respeta su jerarquía. Ahora hasta los Rolling Stones tienen que parecer políticamente correctos. Cuando Keith Richards en una entrevista hace un par de años declaró –en tono de broma- que había esnifado las cenizas de su padre después de mezclarlas con cocaína, de inmediato la prensa sensacionalista hizo un escándalo y casi condenó a la silla eléctrica al abuelo Richards. Tras una ola de protestas de los conservadores compasivos, el publirrelacionista de los Stones tuvo que salir a pedir una disculpa pública a nombre del guitarrista por haber ofendido a las buenas conciencias.

O el mismo Peter Doherty, quien cuando no está alcoholizado está drogado, pero eso sí, comparte su cocaína con su gatita. Se le condena por el caso de sus gatos junkies o sus desmadres con Kate Moss y nunca se valoran discos con los Libertines o los Babyshambles. Y buenos, sus excesos lo han llevado constantemente a los juzgados. Recientemente ha sido condenado a 14 semanas de cárcel. Esperemos que cuando salga no sea un rockero domesticado y pasteurizado.

El rock necesita héroes. Como Homero Simpson les recriminó, con la mirada complaciente del ya citado Richards, en un capitulo a Lenny Kravitz, Tom Petty, Elvis Costello, Brian Setzer y Mick Jagger. Los rockeros son los héroes que viven los excesos que todos los seres humanos comunes y corrientes no podemos hacer: destruir hoteles, vivir al filo, andar con supermodelos, ahogarse en alcohol sin preocuparse del trabajo del día siguiente, ser esposados delante de un juez mientras se mira desafiante a la cámara fotográfica.

Eso sí, lo principal siempre será hacer buena música; sin ello, lo demás no cuenta, para pendejadas ya está la Paris Hilton.

Queremos rockeros de verdad, no rockeritos light.

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