El avión, el avión


“El avión, el avión”, era una frase clásica para todo aquel televidente de los años 80. Dicha frase era pronunciada por el personaje “Tattoo” de La Isla de la Fantasía justo cuando llegaban nuevos visitantes a ese lugar mágico oculto en el océano Pacífico cuyo anfitrión era el “Sr. Roarke”, interpretado por el mexicano Ricardo Montalban.

Y esta frase de “El avión, el avión” vino a mi mente no por el tema de las fantasías que se pudieran cumplir en dicha isla, sino porque reiteradamente en cada encuentro con amigos siempre sale a colación el tema de la consulta por la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, por lo que en todos los temas de conversación se termina hablando de aeropuertos y aviones.

Demos un poco de contexto: Desde finales del siglo pasado ya se mencionaba sobre la necesidad de construir un nuevo aeropuerto para sustituir al Benito Juárez que ya resultaba insuficiente para la demanda de vuelos que la zona metropolitana de México. En un principio se plantearon dos opciones: Tizayuca en Hidalgo o Texcoco en el estado de México. En octubre de 2001, el presidente Vicente Fox anuncia que la nueva obra se construirá en la zona de Texcoco, lo cual genera una inmediata oposición de los campesinos de los municipios cercanos a donde se construiría dicha obra, siendo San Salvador Atenco donde se concentraría el foco de atención.

Dichas comunidades se agrupan en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT)  con el objetivo de defender sus comunidades toda vez que muchos serían despojados de sus tierras para construir el nuevo aeropuerto; esto sumado a la denuncia del daño ambiental que pudiera causar en la zona. De las diversas protestas, hubo una que llamó poderosamente la atención cuando con machetes en mano marcharon sobre avenida Reforma en la Ciudad de México.

Vicente Fox fue incapaz o no quiso mediar con los campesinos, por lo que la protesta fue creciendo y ampliando su base social. El 2 de mayo de 2006, en pleno año electoral, lo que sería un desalojo mal ejecutado contra comerciantes de flores en Texcoco desembocó en nuevas protestas de los pobladores que fue creciendo en intensidad hasta llegar a bloqueos de carreteras.

La respuesta del gobierno estatal encabezado por el aún gobernador Enrique Peña Nieto fue la violencia. Un operativo para romper el bloqueo carretero desembocó en más violencia. La consecuencia: dos personas muertas en el desalojo y 200 detenidos. Esto con lujo de violencia y con violaciones a los derechos humanos. Una de las peticiones que hacían los integrantes del FPDT es que se abriera a la discusión pública la construcción del nuevo aeropuerto. Pero el régimen mostró cerrazón y las consecuencias fueron funestas.

Ya siendo presidente de la República, Enrique Peña Nieto revive la idea de construir el aeropuerto igualmente en Texcoco. Sin escuchar las opiniones de que construir un aeropuerto en Texcoco generaría un problema ambiental; sumado a lo costoso, porque el tipo de terreno que era lecho de un lago, Peña anunció a México y al mundo que el nuevo aeropuerto se construiría. Era su momento dorado, cuando acaparaba portadas internacionales como el salvador de México.

Sin embargo, sus castillos en el viento pronto se desvanecieron y la realidad de impuso. Trabajos periodísticos evidenciaron que la corrupción era la seña de identidad en su gobierno, lo cual ponía en duda sus grandes obras públicas. El tren México-Querétaro fue cancelado y en una carretera en Cuernavaca se abrió un socavón.

Ahora, el nuevo presidente electo, Andrés Manuel López Obrador ha puesto el dedo en la llaga de nueva cuenta. Desde campaña cuestionaba la construcción de ese aeropuerto, no porque no fuera necesario sino porque como todo lo del sexenio de Peña, olía a corrupción. Enfrentado con los empresarios que están a favor del proyecto, AMLO ha propuesto una alternativa menos costosa: ampliar el aeropuerto militar de Santa Lucía, mantener el Aeropuerto Benito Juárez y, por tanto, cancelar el proyecto en Texcoco. Y por ello, ha anunciado una consulta, la cual, en principio considero positiva.

Sin embargo, ha generado polarización. Que si es un asunto meramente técnico y nadie más debe de opinar. Que el pueblo no sabe nada de aviones y hasta los radicales que dicen que solo deberían opinar los que usan regularmente el servicio aéreo.

Y considero positiva dicha consulta porque abre a la discusión pública un tema que hasta el momento solo había decidido la élite política y económica de este país. Mi único cuestionamiento sería sobre la forma en que se haría dicha consulta, que mecanismos se utilizarán. ¿La apoyará el INE? ¿El resultado será vinculante? ¿O solo será una mera encuesta?

Muchas dudas pero así es la democracia, una mar de dudas y discusión en el foro público; solo en las dictaduras existe la certeza de una voz única y el silencio en la opinión pública.

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