El reality show de Trump


Nuestros vecinos norteamericanos acostumbrados a hacer de todo un espectáculo, ahora hasta sus debates presidenciales son una sitcom de mal gusto, pero con mucho rating en esta época electoral.

Su emblema máximo de confrontación de ideas quedó reducido a cenizas ante los sombrerazos verbales entre el republicano Trump y el demócrata Joe Biden y ante un moderador que se vio más inútil que un árbitro mexicano de futbol esperando las indicaciones del VAR.

Muchos analistas estadounidenses lamentaron la calidad del debate que se vio reducido a alegatos fúricos entre Trump y Biden; pero, siendo sinceros, no se podía esperar otra cosa en un acto donde estuviera el showman Donald Trump, quien está ávido de recuperar puntos electorales ante la desventaja que muestran varias encuestas.

Sin embargo, pese a lo cuestionado del debate presidencial estadounidense, éste salió a según lo que tenía en su guion el actual presidente Donald Trump: sin discusiones de fondo y todo reducido a ver quién habla más y en ese rubro no hay quien le gané al magnate convertido en político.

Si el debate presidencial entre JF Kennedy y Nixon fue una clara muestra McLuhiana de que el medio es el mensaje y la televisión se impuso; quizá en un futuro tomemos como referencia estos debates en donde las campañas políticas son una extensión hiperrealista de los realities shows y eso Donald Trump lo ha entendido a la perfección.

Podemos cuestionar de mil maneras a Trump, pero si en algo hay que ponerle atención es a su manejo de comunicación política que lo convirtieron de un outsider del Partido Republicano y con clara desventaja no solo de experiencia política sino incluso económica frente a sus rivales hace cuatro años a ser la esperanza del Viejo Partido de mantenerse en el poder por cuatro años más.

Así como cuando estaba en su reality show El aprendiz, Trump se dirigía a los aspirantes millonarios del sueño americano, ahora encontró su base votante en los blancos que se sienten abandonados por el Tío Sam y, por ello, Trump les vende esa esperanza de volver a Estados Unidos grande de nuevo. Un mensaje simple que supo hacer eco entre sus receptores, votantes blancos en el Cinturón del Óxido, antiguo bastión de la industria automotriz, que añoran los años dorados antes de la época de la subcontratación y la fuga de trabajos al extranjero.

Y como hace cuatro años, a Trump no le importa ganar la mayoría del voto en Estados Unidos, siguiendo las reglas del sistema electoral norteamericano le basta con retener los mismos estados que hace cuatro años. En ello basa su apuesta electoral. Y el contraer COVID19 le da la pauta para seguir con su reality show electoral en la carrera por retener la Casa Blanca. En noviembre sabremos si la fórmula volvió a funcionar o los demócratas vuelven tras largos cuatro años de ausencia.

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