Lo que la derecha mexicana no quiere ver del caso Venezuela


Estados Unidos “abdujo” a Nicolás Maduro y lo presentó ante una corte en Nueva York. Venezuela quedó descabezada, momentáneamente, sin presidente. La derecha venezolana en el exilio festejó. Aunque no sé qué festejaron. Porque no obtuvieron el poder. El aparato no se movió. La dictadura sigue ahí, sólo que ahora bajo tutela estadounidense.

Esa es una lección para la derecha mexicana: que la venezolana sólo sirvió para legitimar un ajuste geopolítico, no una transición democrática. A Corina Machado la usaron. A la derecha venezolana la usaron. Festejaron. No sé qué festejaron. Al final sólo cambiaron de amo. Sigue el mismo aparato chavista, o si se quiere decir con más precisión: el mismo aparato de la Revolución Bolivariana.

De manera ingenua pensaron que les iban a entregar el poder a la derecha, a Corina Machado o a Edmundo González Urrutia, quien sostiene que ganó las elecciones en el proceso electoral pasado. Olvidaron que Estados Unidos no tiene amigos, sólo intereses.

Vi un tuit ayer que decía que lo que pasó en Venezuela es como si en México “abdujeran” a Claudia Sheinbaum, pero dejaran a Noroña de presidente. ¿Eso pasó en Venezuela? Algo así. El aparato de Estado no se movió. Sigue intacto.

Sólo hubo un cambio de socios, a la fuerza. Ya no van a dar petróleo a China, a Irán o a Rusia; ahora será para Estados Unidos. La derecha venezolana es la gran perdedora de esta historia y de esto tendría que aprender la derecha mexicana. No basta con desear que los gringos hagan el trabajo sucio si no tienes un proyecto ni controlas el aparato de Estado.

Por eso el propio Trump dijo que no le iba a dar el poder a Corina. No tiene respaldo popular. No tiene un proyecto de gobierno. Sería entregar Venezuela al caos. Mejor dejarlo en manos de quienes ya administran, mientras se lleva las materias primas. Negocio redondo. Lógica básica del poder.

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