Archivo de la etiqueta: Pink Floyd

Mr. Waters y el señor Presidente #RogerWaters #RenunciaYa

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La frase Renuncia Ya se pudo leer en los tres conciertos de Roger Waters, fundador de Pink Floyd

Víctor López Jaramillo

De las cenizas de revoluciones

Revolución era la palabra clave cuando Pink Floyd nació en la convulsa segunda mitad de los años sesenta.

Revolución de las conciencias, revolución sexual, revolución social, revolución política, etc.

Hoy, medio siglo después, solo nos quedan cenizas de revoluciones, sin embargo, de esas cenizas surgió un reclamo contra el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

En sus conciertos en México, realizados el 28 y 29 de septiembre y el 1 de octubre en el Foro Sol y el  Zócalo, el cofundador de Pink Floyd envió un claro mensaje político: exigió se esclarezca lo ocurrido en Ayotzinapa hace dos años; el tradicional cerdo volador de sus shows traía un mensaje sobre ese mismo tema y los más de 28 mil mexicanos desaparecidos. Por si fuera poco, en el muro de mensajes del show pidió la renuncia del presidente. Para Roger Waters, rock sin mensaje crítico solo es solo melodía edulcorada. Seguir leyendo Mr. Waters y el señor Presidente #RogerWaters #RenunciaYa

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Entretenidos hasta la muerte #RogerWaters

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Víctor López Jaramillo

Tras su separación de Pink Floyd, la historia le dio a Roger Waters, exbajista de dicha banda, la oportunidad de presentar ‘The Wall’ en Berlín, meses después de la caída del Muro de dicha ciudad, en donde estuvo acompañado de gente de la talla de Scorpions, Ute Lemper, Cindy Lauper, Sinead O’Connor, entre otros.

En 1992, con la inercia de dicha presentación, Waters preparó un nuevo disco conceptual a la manera del ya mencionado ‘The Wall’.

Este disco fue el ‘Amused to death’ (Entretenido a muerte) y desde el arte de la portada define el concepto del disco: un mono ve la televisión y a través de ese reflejo cultural, se ve la esencia de la humanidad. Seguir leyendo Entretenidos hasta la muerte #RogerWaters

La vuelta de los años

Correr por la vida como el conejo de Alicia...
Correr por la vida como el conejo de Alicia…

 

Víctor López Jaramillo

Estamos cerca de que termine el año, a pocas horas de que arranquemos la última hoja del calendario y nos sentemos en la mesa con familiares y amigos dispuestos a escuchar las 12 campanadas que marquen un nuevo comienzo.

Los seres humanos somos animales sociales que vivimos en ciclos. Y vivimos el tiempo en forma de circular. Aunque en nuestra cultura judeocristiana la idea del tiempo lineal es fundamental, recordemos que se pregona un inicio y un fin de los tiempos, sin embargo, ordenamos nuestra vida, le damos sentido con los ciclos, con las vueltas de las manecillas en un reloj circular.

Y los humanos ordenamos el tiempo de acuerdo a los ciclos de la naturaleza. El año es una vuelta de la tierra alrededor del sol y a su vez, dividimos el año en 365 giros de la tierra sobre sí misma, a la vez que agrupamos esas vueltas en 12 divisiones más o menos del mismo tamaño, con la notable excepción de febrero, que apenas alcanza 28 días.

Y, nuevamente, los meses los agrupamos en estaciones, donde las variaciones climáticas nos indican en que momento del año estamos. Justo ahora mismo, estamos en inicios del ciclo de invierno, el periodo donde el frío y las malas condiciones climáticas reducen el espacio para actividades físicas y nos hacen tomar una pausa temporal para encarar el nuevo año.

Por ello, a la espera de que suenen esas campanadas que marcan el fin del año, un ciclo creado por los seres humanos, y se comience el ritual de comer 12 uvas, destruir globos, descorchar el vino, romper objetos viejos (claro, porque los humanos también somos animales que gozamos de los rituales, esos rituales que se repiten cada ciclo y parecen darle sentido a la vida), es preciso mirar el fuego del tiempo en que se ha consumido el año y rememorar, no con el aire de la nostalgia ni de la falsa melancolía de los ayeres idos, sino con el mirar del sabio que recapitula para prepararse para los tiempos por venir.

¿Alguien recuerda las esperanzas con las que empezaron estos días del 2014 que está a punto de fenecer? ¿La euforia y los abrazos? ¿Los buenos deseos del primero de enero? ¿Las promesas a cumplir en los siguientes 365 días?

La respuesta en muchos de los casos será que no. Y ello porque nos es difícil recordar cómo iniciamos el año porque la carcoma de la vida cotidiana acaba siempre durmiendo en nuestra cama (sí, como lo dice la canción de Joaquín Sabina).

Hay años que se quedan marcados en nuestra memoria. Hay años en los que los momentos de felicidad superan las sombras y los recordaremos con una sonrisa en los labios. Otros, en cambio, queremos que queden atrás en el tiempo y no recordarlos ni volver a vivir nada parecido nunca más. A veces, esas rachas de felicidad o tristeza superan el ciclo del año y duran más tiempo. A veces queremos que sean eternos o duren un instante.

Cada año trae sus propias lecciones. Cada año trae sus logros y sus derrotas. Cada año nos deja su huella indeleble en nuestros rostros con nuevas arrugas o en nuestra memoria con más recuerdos. No hay años vividos en vano. Vivir no es vano.

Sí, a veces desperdiciamos el tiempo y luego aceleramos para tratar de recobrarlo. A veces nos desesperamos porque no sabemos cuándo empezar o terminar. Nos enojamos, como dice la canción de Pink Floyd, porque nadie nos dijo cuando era el tiempo de empezar a correr.

Y tarde empezamos a correr por la vida como el conejo de Alicia, con un reloj en la mano siempre diciendo que es tarde, que es irremediablemente tarde. O quizá de tanto correr se ha llegado temprano. Todo depende del tiempo.

Y el tiempo se ha ido, el artículo se ha terminado, creo tenía algo más que decir (sí, así termina también la canción Tiempo de Pink Floyd), sólo resta desearles a ustedes queridos lectores un Feliz Año 2015.

El miedo construye muros. Roger Waters en México

Víctor López Jaramillo

Ni Madres, wey // No fucking way

“Qué bueno que toda esta gente vino a ver al Roger Waters y no al pinche wey de Calderón”. El de la voz es un entusiasta fan que desde la barra del bar del Palacio de los Deportes intenta entablar plática con todo aquel que se acerque a pedir un trago y a todo aquel que puede le hace plática.

Claro, le faltaría tiempo y whisky escocés para platicar con los 15 mil fanáticos que se han congregado este domingo 19 de diciembre para ver la puesta en escena The Wall en la Ciudad de México.

Primera llamada. Todo tranquilo. Oasis y Radiohead son los favoritos del DJ que ameniza la espera. Pero todo mundo ya piensa en el muro de Pink Floyd. Segunda Llamada. Ya mero empieza. Tercera llamada. A dejar la barra del bar y encontrar los asientos.

Necesito dinero para comprar tragos

Eso es lo que dice un letrero que trae un vagabundo desaliñado que entra al concierto. Los policías simulan sacarlo pero sigue avante empujando un carro y con su letrero en donde pide dinero para tragos. Y no, no es Calderón ni ningún político, es parte del performance de apertura, porque apenas llega al frente del escenario, de su carro saca al muñeco de trapo que representa al que se esconde detrás del muro.

Las luces se apagan. Comienzan voces muertas de una televisión virtual. Y de pronto, los juegos pirotécnicos iluminan el escenario con las banderas de los martillos cruzados y la multitud ruge con las primeras notas de In the Flesh?

Y empieza el show y “esa cálida emoción de la confusión”. Así se inicia la representación de The Wall, editado en 1979, y que entre sus lecturas políticas es un alegato contra los totalitarismos, que hoy, 31 años de haber sido concebid Seguir leyendo El miedo construye muros. Roger Waters en México