Sobre poesía


Los pájaros también se van al infierno
Víctor López Jaramillo
¿Para qué sirve la poesía en el nuevo milenio? ¿Para qué continuar con la renovación de la palabra? ¿Para que buscar adjetivos posesivos que arañen la razón? Mil dudas cómo estas nos asaltan es este pragmático mundo moderno donde la eficacia y los discursos sobre calidad total inhiben la audacia del pensamiento, la tentación de sentir, la vocación de ser héroes al menos por una vez.
Quizá tengan razón los que dicen que la poesía no sirve para nada. Quizá. Pero quienes afirman eso, olvidan que por increíble que parezca, la poesía salva, vivifica, nos devuelve nuestra condición humana. Nos hace pensar que un tigre se aparece por la zona rosa o recordar con letras un rostro que en la memoria ha naufragado ya hace tiempo.
¿Qué es un poeta en el nuevo siglo? Es un vagabundo de la luna, es alguien que juega en medio de nubes de sueños y algodón, es el centro delantero que marca un gol sin portería, un arquitecto que construye sin estructuras.
¿Para qué hablar de poesía en esta tarde noche de escasa luna? La razón que nos convoca es la presencia de Indran Amirthanayagam y la presentación de su libro “El infierno de los pájaros”.
Antes que nada, la poesía de Indran no se convierte en discurso ante el espejo, es poesía de un habitante de una sociedad multicultural que ha sabido integrar todos los elementos de los lugares en que ha residido. Convierte a la poesía en un elemento unificador que supera cualquier frontera cultural o étnica.
Ahora que todo parece originario de ningún lugar, que vivimos en un mundo completamente aséptico y donde el mejor lugar para vivir es el centro comercial, Indran trasgrede con su poesía a los panegíricos del neoliberalismo y la globalización y escribe en una lengua que no es la dominante en este agringado mundo, para hablarnos de situaciones que pueden suceder en cualquier sitio del mundo sin necesidad de que pasen en MacDonalds.
Indran es originario de Sri Lanka (Ceilán) y el español viene a ser su tercera lengua. Paradojas de la globalización, esta poesía no es traducción, el autor se ha atrevido a crear en un idioma que le era ajeno y el resultado es admirable. Su voz no parece ajena a nuestra idiosincrasia, al contrario, con nuevos ojos penetra en la cotidianeidad y nos devuelve esa capacidad de asombro que, en aras de la productividad, la habíamos guardado en la agenda de las cosas sin importancia.
Así, de pronto nos vemos transportados a una banca de un jardín de pueblo y vemos como pasa su parsimoniosa vida y sin que pase nada, todo ha pasado ya.
Dice el poeta:
Esta serenidad del pueblo
Donde el árbol ha crecido
Desde hace siglos en el zócalo
Ahí la municipalidad brilla
En su edificio colonial, el amanuense
Escribe en su despacho, y la única
Familia de abogados celebra
El nacimiento de su último licenciado…

También asistimos a la metamorfosis de la Zona Rosa que se convierte en jungla o al naufragio de la memoria y las metáforas que arroja entre recuerdos que lanza para intentar salvarse. Su canto es desgarrado pero no quimérico, son perlas oscuras productos del dolor que en cualquier momento estallan, en tanto, están latentes escupiendo letras.
Dicen que hasta en el infierno hay que tener amigos, después de leer a Indran, me he dado cuenta que su poesía ha pasado más de una noche en ese lugar rodeado de pájaros nocturnos y peces de sal. Al menos se que cuando vaya para allá, encontraré poesía para hacer mas confortable mi estancia.

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