Caricatura


En la república de la caricatura política

“La caricatura política es inseparable del periodismo, si no es que de la historia”.

Elena Poniatowska, escritora

Víctor López Jaramillo

I

En 1903, en el México del Porfiriato, una caricatura en donde se hacia mofa del dictador Díaz, publicada en el periódico el Nieto del Ahuizote, provocó que los directivos, entre los que destacaban los hermanos Flores Magón, tuvieran la dicha de pasar unos días en la cárcel, cortesía del primer mandatario de la nación.

En 1972, en el México del Priato, en un programa de Televisión, Manuel Valdés, que por algo lo apodan “El Loco”, tuvo la ocurrencia de soltar la siguiente broma: “¿Cuál fue el primer presidente bombero? Bomberito Juárez”, lo cual le acarreó una fuerte multa por parte de la Secretaría de Gobernación y su exilio de la TV por algunos años.

¿Qué tienen en común estos dos episodios? Pues que se conjuga la risa con la política. La carcajada puede provocar en un político más daño que un desafuero. Y no porque altere su estatus como gobernante, sino porque va directamente a donde más duele a dichos personajes públicos: al orgullo.

¿Condenar la risa? Imposible, aunque haya habido intentos y hasta discusiones filosóficas sobre su valor, como la que se trata en un capítulo de la célebre novela “El nombre de la rosa” del italiano Umberto Eco, en donde en el ficticio segundo tomo de la Poética de Aristóteles, en cual se hace apología de la risa, provoca la muerte a todo aquel que osa leer sus páginas gracias a un potente veneno alojado en las esquinas de éstas.

¿Veneno? Esa es la palabra que andaba buscando. La caricatura política, al ser una conjunción entre risa y política, es un peligroso veneno contra el dogmatismo político y la versión de los poderosos. Es la humilde venganza de los que padecemos los desvaríos de los que dicen llevar las riendas de la nación.

Es la chispa de la inteligencia que arranca una sonrisa a costa de los desvaríos de aquellos que se sienten dueños del país, estado o municipio.

II

Hace tres años, en una entrevista para La Jornada, el caricaturista, o monero mejor dicho, El Fisgón, menos conocido como Rafael Barajas, dijo que “‘para poder hacer un mejor periodismo en el siglo XXI necesitamos entender bien el periodismo del siglo XIX”. Surge la pregunta: ¿Y como era el periodismo del siglo XIX? El mismo Fisgón responde. “Aquel era un periodismo de debate, doctrinario, que construyó este país”.

El México del siglo XIX fue convulso, rehén de las facciones políticas que ante una nación que no acababa de forjarse y un estado inacabado, parecía condenado a ser absorbido por su vecino del norte o por una potencia europea.

Sin embargo, en medio de ese oscuro horizonte, muchas de las mentes más brillantes del XIX encontraron una luz en el periodismo, que se convirtió en la vía de propagar su pensamiento y discutir en el foro público de la naciente patria sus ideas.

Momentos cumbres de la prensa mexicana se dan justamente en el periodo de la Guerra de Reforma y durante la Intervención Francesa, en donde las simples páginas de un periódico se convirtieron en focos de resistencia y punto de partida de la causa republicana.

Y en este contexto no debemos olvidar el rol que jugó en este mundo de ideas plasmadas en papel la caricatura política, que a la par que declinaba la libertad de imprenta en el país durante el Porfiriato, tiene sus momentos más luminosos en las paginas del Nieto del Ahuizote, como ya mencionamos al inicio.

III

En el 2003, en el México de Foxilandia, arribó a la alcaldía de San José Iturbide un político de viejo cuño llamado Javier de la Vega. De inmediato, El Reloj, como todo periódico que se respete, lo tomó como inspiración de sus caricaturas.

Sin embargo, aunque a De la Vega no le faltaron ganas de emular a Porfirio Díaz, el director Héctor Martínez no disfrutó los placeres de una fría noche en la cárcel ni el periódico fue cerrado, tal y como nos lo había prometido el alcalde.

Y así, gracias a los desvaríos de la administración municipal que facilitaban el trabajo del monero de El Reloj, cada miércoles nació una nueva tradición en San José Iturbide. Ver en la página tres ó cuatro el nuevo mono, que se convirtió el más fiel reflejo del nivel que había alcanzado la política en nuestro municipio e incluso en el país: una caricatura.


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