La envidia


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Envidia. Foto Gabriela Lorena Roldán

Para el ahora ex diputado priista Hiram Rubio, el que los ciudadanos queramos saber cómo gastan sus prerrogativas los legisladores es tema de “envidia” y “mala vibra periodística”.

Desde el olimpo de su desconcierto por dejar de cobrar sus 170 mil pesos al mes sin comprobar gastos, Rubio le dice a la plebe que es envidiosa. Sólo faltó, al más puro estilo de Quico, el del Chavo del Ocho, inflar sus cachetes y gritar: ¡Chusma, chusma!

Y por su actitud, sus palabras resultaron acertadas, porque la palabra envidia proviene del latín invidia -æ, que en el lenguaje del Imperio Romano significaba “antipatía”, “odio”, “mala voluntad”, “impopularidad”, entre otros conceptos, según nos explica Ricardo Soca, en su popular página http://www.elcastellano.org.

Y justo eso son los diputados ante la ciudadanía: Antipáticos, odiosos, de mala voluntad e impopulares. ¿Alguien piensa volver a votar por Hiram Rubio para que le diga envidioso? Yo, por mi parte, no.

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Un comentario en “La envidia”

  1. Es increible cómo pierden el piso estos personajes, le recomiendo que piense en suicidarse depués de este comentario, ya que solo de verle frente afrente en la calle, la envidia me pondrá verde la piel., es seguro que se refugiará bajo la sombra de su padrino que siempre lo ha usado como su gusano particular.

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