Política o policía


Las palabras policía y política tienen una raíz etimológica común: la antigua palabra griega polis, la cual definía, a grandes rasgos, el concepto de ciudad-estado de la antigua Grecia.

La polis era el epicentro de la vida griega, es en la polis Atenas donde surge la democracia y la filosofía. Vivir en la polis era interesarse en los asuntos públicos y ser partícipe de ellos.

Con el tiempo, y la latinización de la palabra que designaba a la ciudad-estado, fueron surgiendo en Occidente los conceptos de política y policía, ambos en referencia a actividades de la antigua polis.

Así, la palabra política, en pocas palabras, pasó a designar toda actividad relacionada con el ejercicio del poder público, mientras que la palabra policía, a definir al organismo que se encarga de mantener la seguridad de los ciudadanos. Un mismo origen, dos palabras, dos funciones distintas.

Sin embargo, en Querétaro, el gobernador Francisco Domínguez no parece distinguir una actividad de otra y para ello designó en la Secretaría de Gobierno, el área principal para realizar política, a un policía.

En efecto, Francisco Domínguez Servién nombró a Juan Martín Granados Torres, quien en su pasado como funcionario público destaca el haber sido procurador de justicia en el estado durante el sexenio de Francisco Garrido Patrón.

No sólo eso, sino que en el área de Seguridad Ciudadana, su hermano Juan Marcos ocupa el cargo, dejando así en manos de una familia las labores de la política y la policía.

Y la política en Querétaro parece sometida a las formas policíacas.

Urgido por cumplir su compromiso de reducir los índices de inseguridad en el estado que dejaban tras su paso los gobiernos priístas de José Calzada Rovirosa y Jorge López Portillo, Domínguez apuesta por dejar la política y la policía en manos de los hermanos Granados Torres.

Y en el empeño empieza a pagar las consecuencias. Las formas policíacas de Juan Martín se imponen a las formas políticas y parecen haber contagiado a su jefe Francisco Domínguez.

En estos primeros meses de gobierno destacan más los escándalos políticos que las soluciones consensadas. De la desaparición nominal de RedQ, el enfrentamiento político con los concesionarios y la resultante campaña contra Juan Barrios en muchos camiones circulantes por la ciudad, hasta su enfrentamiento verbal con la Universidad Autónoma de Querétaro, pasando por el virtual golpe de estado al Poder Judicial con la jubilación de seis magistrados y el nombramiento fast-track de sus sustitutos.

Estas acciones, lejos están de las sutilezas de las formas políticas y se parecen más a las tácticas amedrentadoras de la policía.

Pareciera no tener lógica, pero si visualizamos cómo ha conformado su gabinete Francisco Domínguez se puede entender.

¿Y la inseguridad ha bajado? No. He allí donde el proyecto de Domínguez empieza a hacer agua.

Apostarle todo a bajar los índices de inseguridad, conformar un gabinete para ello y que no se vean resultados claros, es para encender las alarmas de cualquier gobierno.

Los apologistas del gobernador podrán argumentar que es poco tiempo, que se necesitan más meses para tener resultados concretos. Algo de razón tendrán, sin embargo, el inicio no es alentador y no hay signos de que algo cambie en el corto plazo.

La política y la policía son aspectos distintos, cada uno tiene sus formas, intentar meter una en el vaso de la otra puede causar cortocircuito e inoperancia en un gobierno.

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