Marcos Aguilar y sus enemigos


En una conferencia dictada el 15 de mayo de 2008 en la Universidad de Bolonia, Umberto Eco hablaba sobre cómo las sociedades construyen a los enemigos.

A partir de una anécdota con un taxista paquistaní en Nueva York, quien le preguntó quiénes eran los enemigos de los italianos y al no saber responder esa pregunta de inmediato, Eco se pone a reflexionar sobre el tema.

Así, el académico italiano sentencia que: “Tener un enemigo es importante no sólo para denfir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo para definir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo”.

Y agrega: “Los enemigos son distintos de nosotros y siguen costumbres que no son las nuestras”.

Durante la conferencia, que está disponible en el libro Construir al enemigo y otros escritos, editado por Lumen en 2012, Eco muestra ejemplos históricos de cómo las sociedades construyeron a sus enemigos como una muestra de reforzar su identidad y sobrevivir.

Traigo a colación este libro a manera de reflexión sobre los últimos días en la administración municipal de Marcos Aguilar y la serie de conflictos en que se ha visto envuelto.

Este tema ya lo hemos tocado, hemos hablado de sus debilidades y de que su falta de tino político ha avivado la intensidad de las peleas que lo tienen en un estado de shock.

Hemos dicho que no ha sabido adaptarse al nuevo escenario y uno de los motivos es que como diputado siempre tuvo claro quiénes eran sus enemigos y cómo encararlos. De hecho, el propio Marcos Aguilar había sido el enemigo predilecto de la clase política priísta encumbrada con José Calzada. Y él sabía dirigir sus batallas para enfrentarlos.

El cambio de escenario no le sentó bien ni tiene claro quién es su rival político. El objetivo que tenía de conseguir el Centro Cívico parece que lo ha derrotado. Al triunfar, perdió.

Sin un nuevo objetivo de largo plazo y sin saber a quién dirigir sus baterías, parece perdido discursivamente.

Por ejemplo, previamente al paro de los empleados de limpia, apologistas de Aguilar aprovecharon un incidente del presidente estatal del PRI para hacer escarnio en redes sociales. Lo ponían como alguien ruin. Sin embargo, tras el estallido del conflicto, su postura había cambiado, ahora lo acusaban de ser el promotor del paro.

Acusaban al líder del PRI de ser alguien sin capacidad política y en seguida lo señalaban como orquestador de complots. ¿Cuál de las dos facetas es la correcta? Es esta falta de claridad sobre quién enfilar sus respuestas lo que tiene a Marcos sumido en una maraña discursiva.

Luego viene el fuego amigo: su correligionario, el gobernador Francisco Domínguez se pronuncia en contra del concesionar el servicio de limpia. Nuevamente no hay respuesta. Aguilar esboza que hay elementos externos que intentan desestabilizar su administración, pero no es claro, retomando a Eco, como alcalde, Marcos no ha sabido construir a su rival político.

Hace una década, cuando Armando Rivera, uno de los mentores de Aguilar, era alcalde y Francisco Garrido gobernador, el primero supo identificar a su enemigo y desafiarlo en el primer informe de gobierno a pronunciar la hoy famosa frase: “Con ellos, sin ellos o a pesar de ellos”.

Momento de ruptura que a Rivera le permitió redefinir su administración. Hoy Marcos Aguilar quizá debiera considerar tomar una postura igual. Sólo debe escoger bien a quién enfilar sus baterías.

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