Concesión a la nostalgia: El Mundial


Disculpe usted lector si en esta ocasión no hablo de política, sino de algo más intrascendental. Hace algunos años, Jorge Valdano, a quien apodan el filósofo del futbol, dijo que el balompié era lo más importante de lo menos importante.

Sé que hay muchos temas importantes en Querétaro y México. Está el tema de la venta del Teatro de la República. Cien millones de pesos pide por el recinto histórico una asociación de asistencia privada. Cien millones, pero sólo limitado a dos compradores, vaya extraña venta.

Están las voces que exigen su expropiación. Otras, las voces de las redes sociales, se han divertido haciendo los ya clásicos memes.

Está el tema de los efectos devastadores que dejó la tromba en San Juan del Río. Muchas calles siguen aún dañadas, muchas familias aún no se recuperan del golpe de perder su patrimonio. Pero lo destacable es que finalmente el gobernador, que iba bajando del avión después de ver la final de la Champions, llegó y anunció apoyos. Como en todo, falta que éstos lleguen a su destino.

Está el tema de la estrepitosa caída del PRI en las elecciones en distintos estados, siendo Veracruz y Tamaulipas las derrotas más significativas. Y el festejo de los panistas, incluido el gobernador Francisco Domínguez.

¿Son las elecciones de este 2016 una muestra de cómo serán las presidenciales del 2018? ¿La elección de Veracruz es un adelanto de una elección de tres tercios en dos años?

Sé que son temas de importancia, pero en estas líneas de hoy, quiero dar lugar a la nostalgia porque en este año se cumple el 30 aniversario del Mundial México 86, donde Querétaro fue sede y dejó honda huella en la ciudad y nuestras vidas.

En primera, la sorpresa de que Querétaro fuera a ser sede mundialista cuando no tenía un estadio para recibir a un evento de tal magnitud ni un equipo de primera división que jugara en dicho estadio (como lo exige la FIFA).

Pero el gobernador Rafael Camacho Guzmán quiso que fuera sede y, aunque hubiera otras necesidades más apremiantes en Querétaro, se construyó un estadio de futbol para recibir a las selecciones de Alemania Occidental, Uruguay, Escocia, Dinamarca y finalmente España.

Junio del 86 fue un mes de esta en Querétaro y sus alrededores. En mi memoria infantil aún están grabados esos momentos y el asistir al estadio a ver por lo menos un partido mundialista.

Dejábamos atrás al ahora envejecido Estadio Municipal para ir al Corregidora. El primer juego fue el de Alemania-Uruguay, el cual está guardado en mi memoria como un juego aburrido, donde lo más emocionante estuvo en la grada, donde hasta la ola hacíamos. Tiene mucha razón el escritor Juan Villoro cuando dice que si hubiera un campeonato de aficiones, la de México estaría entre las finalistas.

Pero el juego más memorable sería el de España-Dinamarca, donde los daneses que partían como favoritos fueron masacrados por la furia española, comandada por Emilio Butragueño.

Honda huella dejaron en Querétaro los alemanes que, en su afán filántropo, crearon una casa hogar para niños, la cual apoyan desde entonces. Hasta hoy, el vínculo sentimental entre Alemania y Querétaro se mantiene.

Ya 30 años pasaron de ese Mundial. Dicen que 20 años son nada, pero quizá 30 años sean algo. Sé que había temas más importantes de qué hablar, pero hoy quise hacer una concesión a la nostalgia.

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