¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?


¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

En primer lugar, hablamos de un deporte que fue reglamentado en el Reino Unido en 1863 y que actualmente lo practican 270 millones de personas.

Claro, en esto de la invención muchos no se ponen de acuerdo, que si los chinos, que si el juego de pelota mesoamericano, que si en la alta Edad Media cuando en las calles cientos pateaban una pelota sin ton ni son, entre otras teorías.

El hecho es que desde 1863, año en que la Football Asociation decidió poner las primeras reglas, podemos datar como el nacimiento de este deporte en el cual juegan dos equipos de once personas y cuya finalidad es introducir un balón (antes de tiras de cuero, hoy de polímeros casi espaciales) dentro de un rectángulo llamado portería.

Se puede jugar en un fastuoso estadio inspirado en el coliseo romano ante decenas de miles de personas o en la calle teniendo como portería marcada con dos piedras o bien, una alcantarilla, teniendo como espectadores solamente a los transeúntes despistados que evitan ser víctimas de un pelotazo perdido.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

Hablamos de un negocio del espectáculo que cada cuatro años congrega frente a las pantallas (iba a escribir televisores pero eso suena anticuado ante la omnipresencia de la imagen en pantallas de smartphones, tablets, computadoras, etc.) por más de mil 100 millones de personas.

De un negocio que dejó a la Federación Internacional de Futbol en el 2014 (año del mundial de Brasil) ingresos por 2 mil millones de dólares y que se espera sean superados en este Mundial de Rusia 2018.

Un negocio que, de acuerdo con una estimación de la revista ‘Forbes’, especializada en finanzas, en el ciclo mundialista de Rusia 2018, la selección mexicana de Futbol generó 300 millones de dólares, por eso no importa que los Ratones Verdes, así bautizados por el periodista Manuel Seyde, no ganen en la cancha, en las cajas registradoras los dólares entran y entran.

Cita ‘Forbes’ que pese al mal paso que pueda tener México, ni Coca-Cola, ni Adidas ni Movistar ni Citibanamex se pronuncian por el mal paso del equipo. Ni que decir de las televisoras que es su producto deportivo estrella.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

Hablamos también de una fábrica de jugadores. Toda una industria dedicada a detectar talentos para exportar. Y, al igual que en el capitalismo básico, son los países periféricos quienes exportan piernas al mercado europeo.

Jóvenes de América Latina que viven en la pobreza ven en el futbol la oportunidad de escapar de la miseria. El arte de dominar un balón como garantía de poder dar de comer a tu familia.

Varios reportajes han consignado como familias pobres se sacrifican en pos del hijo que tiene una pizca de talento, que el futuro jugador coma la proteína y los carbohidratos necesarios para que pueda jugar mientras el resto de la familia pasa hambre. Un gol es la esperanza para comer mañana.

Matías Almeyda, exjugador de River y exentrenador de Chivas, en su biografía cuenta cómo de niño no tenían para comer y que si quería un dulce, esperaba en el recreo a que algún otro dejará un caramelo o un chicle en el suelo para recogerlo y poder probarlo. Ah, y como en su casa no tenían ni baño, por eso, hoy que gana millones de pesos, en cada casa que tiene procura que cada piso tenga baños.

Esa industria de jugadores, llamadas fuerzas básicas en el que hoy se ha revelado en Argentina una red de abusos sexuales contra los infantes y adolescentes que sueñan con ser jugadores profesionales.

O jugadores que huyendo de las favelas como Adriano, nunca olvidan su origen y terminan por regresar a él.

O de otros que salieron de Tepito para gobernar Cuernavaca y, quizás, el estado de Morelos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

Dice Galeano que sólo el futbol genera tanta desconfianza en los intelectuales como dios. Pero por lo menos sabemos que el futbol existe, de lo otro no voy a entrar en discusiones.

El futbol, moderno opio del pueblo. El futbol te duerme. El futbol nubla tu conciencia. El futbol es un invento del capitalismo para mantener oprimida a las masas, son de los lugares comunes que suelen repetir hasta el hartazgo.

Aún recuerdo hace unos años en plena discusión de la reforma energética y que la selección mexicana daba bandazos, como siempre, y estaba latente la posibilidad de no calificar al Mundial, los extremistas izquierdistas se refocilaban y deseaban que no se calificara al Mundial para que “México despertara”. Pero no, la revolución no pasa por una no-calificación de México a Mundial.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

Hablamos de una narrativa y de una novela que se juega con los pies y que las letras no alcanzan completamente a describir. De una metáfora de la vida, porque sabremos que por cada juego perdido, siempre podrás tener la revancha en tu estadio y con tu gente.

Hablamos de batallas épicas y de guerras sin muertos (claro, con a excepción de cuando las porras se enfrentan, pero eso ya no es futbol). Hablamos de batallas eternas y de cómo cada una puede tener un desenlace diferente.

Hablamos de lecciones de vida, Camus escribió alguna vez que del futbol “pronto aprendí que la pelota nunca viene por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice muy derecha”.

El futbol como una narrativa de enseñanza de vida. En lo personal, del futbol también he aprendido a templar el carácter, no a la manera que mencionaba Villoro que dice que desde la niñez, los estoicos se vuelven seguidores del último lugar de la tabla, mientras los hedonistas le van campeón sea quien sea.

El futbol y el juego en general pueden significar una metáfora de la vida. A veces, dentro de mis desvaríos intelectuales, imagino que la vida es una sucesión de ligas de futbol, donde se tiene que pelear juego tras juego y sólo la constancia puede rendir frutos.

Y que a la constancia solo se llega si se tiene una visión y plan de juego, que saber lo que se quiere o lo que no, puede determinar el camino. Que una derrota en la fecha uno no es una desgracia y que ganar un clásico tampoco es para sentirse superior a cualquiera. Que cualquier resultado es pasajero y que hay que seguir peleando. Lo peligroso es que la derrota se vuelva hábito y que no hay que dar por perdido un balón.

Otras, que la vida parece un juego de eliminación directa, como la liguilla mexicana, y que en determinados juegos no hay mañana y que hay que saber jugarlos.

El aprender a sobrellevar la derrota y controlar los riesgos de la euforia de la victoria son cosas que he aprendido del futbol. A final de cuentas me queda claro que siempre habrá otro partido metafórico por disputar y que la rueda de la Fortuna puede girar para donde quiera.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

Hablamos de una dialéctica que se repite. De una batalla constante de héroes. Aquiles contra Héctor en su lucha eterna a las puertas de Troya. La vemos en la batalla del semidiós Messi contra el héroe Cristiano Ronaldo. Mientras Aquiles y Messi fueron elegidos por los dioses y les dieron un talento innato para la guerra y futbol, sumergidos en aguas que les dieron inmortalidad (Aquiles en el río Estigia, Messi en un mar de hormonas de crecimiento); los mortales Héctor y Cristiano saben que sólo tienen su fuerza y capacidad de entrenarse diariamente para poder sobrevivir. El propio Cristiano lo dijo: el talento no lo es todo, lo puedes tener desde la cuna pero es necesario aprender el oficio para ser el mejor.

La leyenda dice que Aquiles arrastra el cuerpo de Héctor por las murallas de Troya; hoy Messi arrastra en trofeos de conjunto a Cristiano y sabemos que el primero tiene más talento pero el segundo más coraje. Ah y tanto Aquiles como Messi tienen una debilidad, el primero, su talón, el segundo, la selección argentina.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol?

Hablamos de un retorno a la infancia donde todas las gestas heroicas pueden ser posibles. Donde la canción Heroes de David Bowie suena como soundtrack de cada hazaña.

En lo personal, es un retorno a la infancia por donde 90 minutos miro el futbol acompañado de mi padre quien me sigue explicando las jugadas y de tanto en tanto voltea a verme como si fuera su auxiliar técnico para decirme qué cambios tienen que hacer Almeyda u Osorio.

Aún recuerdo esos juegos entre Chivas y América en la primavera del 83, mismos que marcaron mi destino como aficionado. Chivas, la víctima, llegaba enfrentar al soberbio América, que había roto todos los récords posibles ese año. Ni para qué hacerse ilusiones de poder ganar. Pero sucedió lo impensable. Un juego que comenzó retrasado, en el cual Televisa tenía preparado un espectáculo de medio tiempo con paracaidistas para festejar su triunfo quedó arruinado. Los paracaidistas cayeron cuando el juego todavía se desarrollaba y, al final, con bronca incluida, ganaron los rojiblancos. Un año después los azulcremas se desquitarían y el futbol me dejaría la primera lección de vida: ni las victorias ni las derrotas son para siempre: la fortuna es una rueda donde a veces estás en la cima y otra en lo más bajo.

Es el retorno a un mundo idílico donde el olor a césped recién cortado y el sol presagia el inicio de una batalla que durará 90 minutos y podrá ser recordada en la eternidad.

¿De qué hablamos cuando hablamos de futbol? Hablamos de todo y nada. Al final de cuentas, el futbol es lo más importante de lo menos importante, como dijo alguna vez Jorge Valdano.

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