Sinaloa, Strike Uno


Víctor López Jaramillo

AMLO iba esta semana por su ‘triple play’ político y terminó con casa llena y con un picheo dubitativo. Repasemos la jugada: primero la renuncia de Romero Deschamps al sindicato petrolero, out en primera base; el inicio de obras del nuevo Aeropuerto Felipe Ángeles, out en segunda; en tercera base iban por la detención de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo Guzmán, pero fildearon mal la pelota y doña blanca se escurrió del guante y huyó.

Y como tras el error viene el hit, el contraataque del crimen organizado puso en jaque a Culiacán, Sinaloa y, de paso, evidenció la ineficacia de la estrategia en combate a la delincuencia del gobierno de López Obrador.

Pongamos sobre la mesa los hechos para analizar las implicaciones de los acontecimientos del pasado jueves. Mientras por la mañana el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, lucía sonriente por el inicio de las obras en el Aeropuerto de Santa Lucía, lo cual implica el clavo final en el ataúd del proyecto del de Texcoco, impulsado por su antecesor Enrique Peña Nieto; por la tarde, el foco de atención se desplazó al noroeste del país y las primeras informaciones eran más bien confusas, aunque una vez disipado el polvo informativo podemos conocer con claridad los hechos principales.

Fuerzas armadas del Estado mexicano iban a detener a Ovidio Guzmán López, pero fueron rodeadas por integrantes del Cártel de Sinaloa, que además respondió con bloqueo de carreteras y haciendo uso de su fuerza con armas de grueso calibre en el centro de Culiacán; tras horas de angustia para los sinaloenses, se anunció finalmente que Guzmán López no había sido detenido.

En primera instancia, la lectura es que el Cártel de Sinaloa le ganó el pulso al gobierno de López Obrador que enfrentaba una prueba de fuego, tras una semana donde fue cuestionado en seguridad cuando policías fueron abatidos en Michoacán y las fuerzas armadas acribillaron en Guerrero a presuntos delincuentes. Comparados con la acción de detener al hijo del Chapo Guzmán, los dos anteriores hechos quedarían como escarceos de fuerzas entre el Estado y las bandas criminales.

Sin embargo, el gobierno lopezobradorista no pasó la prueba y ahora se verá obligado a repensar su estrategia. ¿Qué falló? The Wall Street Journal informó que el Ejército recibió videos de parte de los integrantes del cartel donde mostraban a soldados como rehenes y un oficial ejecutado. Esto, sumado a que los elementos de las fuerzas armadas estaban rodeados y el clima de terror que comenzaba a recorrer la capital sinaloense, llevó a la decisión de liberar al heredero de Joaquín “el Chapo” Guzmán.

La explicación del presidente de la República es que su prioridad es salvar vidas: “Se decidió proteger la vida de las personas y yo estuve de acuerdo con eso. No se trata de masacres. Eso ya se terminó. No puede valer más la captura de un delincuente que la vida de las personas”, dijo en su tradicional rueda de prensa matutina.

Sin embargo, el debate está abierto: ¿El Estado claudicó y entregó la plaza ante el crimen organizado? ¿Fue un operativo mal planeado y peor ejecutado y por ello fueron presas fáciles de los criminales? ¿Será más eficaz la estrategia de la nueva administración?

De inmediato, surgen las comparaciones y los nostálgicos del antiguo régimen claman por hacer sentir toda la fuerza del Ejército sin importar cuántas víctimas colaterales haya durante la batalla por Culiacán. Sin embargo, algo de desmemoria existe en ellos porque olvidan que, en Tamaulipas, por ejemplo, hubo enfrentamientos similares durante el calderonato con varias víctimas inocentes, esto sin contar el baño de sangre en que el país se sumió a partir de 2006, cuando el entonces presidente Felipe Calderón le declaró la guerra al narco. ¿Acaso olvidaron cuán frecuentes fueron los narcobloqueos y cuántas víctimas inocentes fueron etiquetadas como criminales por el propio presidente Calderón, como el caso de los estudiantes de posgrado del Tec de Monterrey, por si no recuerda esta historia, la puede ver en el documental “Hasta los dientes”? ¿En serio pretenden revivir esa estrategia fallida? ¿Quieren obtener resultados diferentes con los mismos métodos?

Es conocida la frase de la película “Contra El Enemigo” -con Denzel Washington- donde se dice que el ejército es una espada que corta todo lo que se atraviesa y, en cambio, lo que se necesita es algo que corte fino y preciso, como un bisturí.

Y allí es donde radica el fracaso de la primera prueba de fuego del gobierno obradorista. Lejos de una operación precisa y con un fuerte control de daños, no se hizo un cálculo y todo terminó estallando y enviando el mensaje de la derrota del Estado ante un cártel. En política la forma es fondo y en este caso el nuevo régimen mostró ineptitud y sufrió una derrota. Así, sin más palabras. Aunque en medio del desastre, optaron por la congruencia y no apostaron por un enfrentamiento abierto el cual hubiera costado muchas vidas. Sin embargo, alguien el gobierno federal debería presentar su renuncia por ello.

Ahora bien, si durante la semana el gobierno de López Obrador hablaba de que se había llegado a un punto de inflexión en el número de casos de homicidios y hechos dolosos; tras la fallida pesquisa de Guzmán López el régimen está en un punto de inflexión donde decide si reorienta su estrategia siguiendo los pasos de quienes lo antecedieron o busca un nuevo rumbo.

Las preguntas siguen abiertas mientras López Obrador tendrá que repensar si hace un cambio en su picheo para no recibir más carreras en la primera entrada de su sexenio. La pelota sigue en juego.

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