La peste y la cólera


Tomo la idea prestada del canto primero de la Ilíada de Homero, obra fundacional de la literatura occidental, donde se hace referencia a la peste que asola a las huestes griegas que tienen sitiada la ciudad de Troya mientras las diferencias entre los jefes provocan la cólera de Aquiles y su abandono temporal de la causa.

Y como los griegos en las costas de Troya, nuestro país se encuentra profundamente dividido y azotado por el nuevo coronavirus: padecemos la peste y la cólera homérica.

Días de furia política y social donde a la menor provocación se culpa al presidente constitucional y se decreta que ya terminó su sexenio. Y en su contraparte, salen a defender sin un ápice de autocrítica.

Pero no solo en las redes vive la cólera, también en las calles; son descorazonadoras las noticias que taxistas y ubers no quieren prestar sus servicios a las enfermeras y médicos por temor a contraer el COVID-19. O que en el transporte público los discriminan o que vecinos les arrojan cloro. Esta actitud solo es una muestra más de la miseria humana que aflora en esta crisis.

Me pregunto qué pensarían esos que discriminan a los trabajadores de la salud si en esta peste llegaran a necesitar el apoyo invaluable de ellos. Por fortuna, en nuestro estado, algunos taxistas han tomado una actitud distinta. Ojalá y prospere la iniciativa que surgió en Twitter de que los autobuses escolares, que ahora están varados, sean utilizados en esta contingencia para transportar al personal de salud pública, quienes tienen toda mi admiración por su desempeño.

La cólera y el miedo poco a poco se adueñan de los mexicanos. Mientras los pronósticos epidemiológicos apuntan que la peor fase de la enfermedad en México está por venir y, aunque no llegamos a los niveles de Italia o Estados Unidos, el deteriorado sistema de salud pública -abandonado por décadas de gobiernos que creyeron que la salud es un privilegio y no un derecho- podría colapsar.

Sólo nos queda, en este caso, la higiene y la prevención con la distancia social para quienes puedan tener la oportunidad de quedarse en su domicilio, porque hay millones de personas que viven al día y si no trabajan, no comen.

Esta pandemia está mostrando las carencias de un modelo económico que por décadas privilegió a unos cuantos a costa de una enorme mayoría que se sumió en la pobreza.

A la peste y la cólera de esta primavera rota, solo podremos enfrentarla con solidaridad -la real, no la salinista- que haga florecer en la crisis lo mejor de nosotros, que nos lleve a una concordia para superar esta fase crítica. Rota la primavera, sólo nos queda esperar la llegada del verano para sentar las bases para cambiar el modelo que claramente quedó evidenciado.

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