La primavera del exilio


Llegó el canto de las aves y las flores nuevamente renacieron; el calor y las primeras lluvias refrescantes pero la primavera llegó sin algarabía; llegó astillada y nos encontró en el exilio vital, aunque formalmente se llama distanciamiento social, confinados en nuestra casa. El sentimiento del exilio es ineludible.

En La peste, novela multicitada por estos días a causa de la pandemia global provocada por el nuevo virus COVID-19, el franco-argelino Albert Camus resume que las plagas, aunque son cosa común, es difícil de creer en ellas cuando caen cerca de uno y el primer sentimiento que se genera entre los integrantes de una población a la que la peste ha tocado -y el posterior aislamiento al que se ven sometidos- es el sentimiento del exilio en la propia tierra, en el propio domicilio, el exilio de nosotros mismos.

Lo primero que nos ha traído esta pandemia es, citando a Camus, es el exilio, ese sentimiento de vivir con un recuerdo inútil. Cito:

Era un sentimiento de exilio aquel vacío que albergaba dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás y, al contrario, el de apresurar el paso del tiempo eran dos flechas abrasadoras en la memoria.

Pero todo esto, advierte Camus, es que

En ese mismo pasado en el que pensaban continuamente sólo existía la nostalgia. Querían poder añadirle todo lo que sentían no haber hecho cuando podían hacerlo, con aquél o aquéllos que esperaban e, igualmente, combinaban con todas las circunstancias relativamente dichosas de sus vidas de prisioneros…

Claro, muchos lo primero que hacen es negarlo, decir que no hay tal virus, bacteria, peste, lo que sea y lo primero que se piensa ante los efectos de la pandemia no es el de estar cesante sino de vacaciones, como lo escribe el propio autor en la novela ya citada.

Por ello, es preocupante que muchos ciudadanos que pudiendo confinarse de manera voluntaria para evitar expandir el virus, opten tomar este periodo como unas vacaciones extras; jóvenes, que como reporta Protección Civil de Querétaro, retan al destino haciendo fiestas sin importar el mañana o apostando a que sobrevivirán. No hay duda, cuando se es joven se tiene esa sensación de invulnerabilidad como de dios griego arrogante y caprichoso.

Por otra parte, hay quienes no pueden tener el lujo del exilio voluntario para evitar el virus – porque hay que reconocerlo, en este país poder aislarte para protegerte de una enfermedad significa que por lo menos se tiene un trabajo estable. Pero en cambio, hay millones que no tienen esa chance y que dejar de trabajar significa morirse de hambre y puestos a elegir entre eso y el virus, optan por lo segundo. El escenario luce complicado, lo peor está por llegar. Solo queda enfrentar juntos la peste y las consecuencias económicas que vendrán. Pero como en la película Jojo Rabbitt, aún tenemos el lujo de la esperanza al hacernos la pregunta – ¿Qué vas a hacer cuanto todo esto termine? Bailar.

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