La nueva anormalidad


Así es y no hay esperanza”, comienza uno de los mas célebres poemas del beatnik Allen Ginsberg en donde hace un desesperanzador retrato del Estados Unidos de la primera mitad de los 70 pero que hoy, en tiempos de la pandemia global por el COVID-19, sigue vigente.

El virus lleva ya más de cinco mil muertes en nuestro país (50 en nuestro estado) y acabamos de superar un fin de semana en donde se detectaron 71 casos y la lamentable noticia de que se detectaron 9 brotes familiares que ha causado directamente la muerte de 10 personas.

Estos son dos hechos que nos demuestran que en nuestro estado la epidemia va al alza pese a que fue uno de los primeros en implementar medidas para prevenir el contagio masivo, pero la disciplina se fue relajando (prueba de ello son las imágenes de supermercados y tianguis que circularon donde se apreciaban aglomeraciones) y las consecuencias ya las podemos apreciar.

Sin embargo, en pleno pico de la pandemia, ya se visualiza cómo regresar a la rutina previa de la llegada del virus; apremiados porque el vecino del norte quiere reiniciar su economía y para ello, necesita urgentemente que el Bajío, cuyo fuerte es la industria automotriz y aeroespacial, también se reactive. Así que no solo dependemos del nivel de expansión del virus, de las decisiones de los gobiernos estatales y federales y, ahora, también, de las presiones del orden económico global.

En tanto, el gobierno federal la semana pasada anunció el retorno a las actividades habituales y lo hizo bajo un título por demás contradictorio: La Nueva Normalidad.

¿Por qué contradictorio? Porque lo que hace que la normalidad sea normal es que es antigua, proviene de una rutina de mucho tiempo atrás, por tanto, una normalidad no puede ser nueva; una rutina puede ser nueva pero la normalidad requiere del paso del tiempo para que sea normal.

Así, en medio de la pandemia, tenemos un nuevo oxímoron político típicamente mexicano que se viene a sumar a los varios que tiene nuestra historia política, como el del Partido Revolucionario Institucional (la contradicción entre ser revolucionario e institucional al mismo tiempo) o el Desarrollo Estabilizador (¿Un desarrollo que estabiliza? ¿Qué no el desarrollo implica crecer, lo cual implica que no hay estabilidad mientras se siga creciendo? Misterios de la retórica política mexicana.

Pero, para no desanimarnos, nuestro gobierno federal nos dice que en los municipios de la esperanza (aquellas demarcaciones que no tienen casos y que no limitan con otros con casos detectados), este 18 de mayo se volverá a la rutina habitual; pero… y en el resto del país, como Querétaro, donde los casos comienzan a aumentar y pronto se llegará al punto máximo de contagios, es lo que menos abunda … Así es y no hay esperanza.

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