El blog de Víctor López Jaramillo

El fin del fin del mundo


Como conté en un post anterior, ya llevo varios fines del mundo en mi haber. Este cuento lo escribí cuando decían que el mundo se iba acabar antes del año dos mil… Apenas era estudiante de licenciatura, ustedes perdonen mis fallas literarias.

Por Víctor López Jaramillo

10 de agosto de 1999

Dicen que mañana es el fin del mundo. Yo no sé de esas cosas. En realidad el día no parece el preludio de un fin (¿?). Lo único premonitorio es que estoy triste. Mi radiograbadora escupe un viejo blues y no pienso que el mundo se vaya a acabar. Fechas tan importantes se avisan por televisión y la TV no ha hecho un aviso oficial. Pero todo mundo anda histérico y recita fragmentos de una Biblia que nunca antes leyeron. O si no, dicen que Nostradamus predijo que mañana era el fin porque coincidía con el eclipse. ¡Ah sí! Es por el eclipse. Lo mismo dijeron en el eclipse del 92 y no pasó nada.

El que se vaya acabar el mundo no me pone triste. En realidad no sé porque estoy triste. ¿Y si sí se acaba el mundo? ¿En dónde viviría? ¡Qué pregunta más idiota! Si el mundo se acaba, lo más lógico es que yo me acabé con él. Lo bueno es que esas son jaladas. Es más fácil que se acabe mi tristeza que el mundo. Que tristeza que vaya a acabarse el mundo.

En la radio pasan las noticias del siempre, que si la alianza, que si Fox, que si Cárdenas que hay que darle un Madrazo al PRI. Lo único bueno fue una entrevista con una astrónoma que dijo que el mundo no se iba a acabar por el eclipse y que iba a haber una lluvia de estrellas. Eso me reconfortó mucho y por fin pude levantarme de la cama.

Fuera de la cama el mundo no se porta muy bien conmigo. Mi vecino me reclama una llave que ya no tengo y no encuentro un motivo para poder soportar un día como hoy. Tengo que pagar renta y no tengo el dinero completo. ¿Qué más me falta?

En la calle las cosas no pintan mejor. Un mundo en colisión social me saluda agresivamente en cada esquina. La escuela no pinta bien y me aburro más ¿Y si se acabara el mundo cómo estallaría todo en mil pedazos? Me gustaría verlo aunque yo me desintegre al mismo tiempo. Quien dará el primer bombazo: ¿Los Estados Unidos o la URSS? Perdón, la Unión Soviética ya no existe. Vivimos en un mundo en que ya hasta los malos se murieron. Vaya fin de milenio.

Ya es de noche. El frío es tolerable. Yo ya no. La duda me asalta a cada rato. Nunca he sido religioso, pero que tal si ya se acerca el juicio final y yo igual de pagano que siempre. ¿Me castigará Dios? Por si las dudas mañana me confieso. Debo dormir. Hasta mañana.

11 de agosto de 1999

Me despierto a las seis A.M. Un sudor frío recorre mi cuerpo. Que ansiedad tan rara si siempre he sido bien ateo. Prendo las noticias en la radio. Se escucha una canción que no alcanzo a identificar. Después anuncian nuestro glorioso himno nacional. Quien sabe que tengo hoy que me siento muy patriota, hasta me dan ganas de cantarlo y gritarlo aunque mis vecinos se enojen. Debe ser por el fin del mundo.

Por fin empiezan las noticias. Hablan del Consejo General de Huelga y su paro finimilenarista. Hablan de la Coalición y yo sólo pienso en la colisión. ¿Y si un asteroide se estrella contra la tierra? Conque no caiga en mi casa todo está bien. Y si el fuego se expande ¿Cómo arderé? ¿Cómo serán mis cenizas? Vanidades de fin del mundo.

Ya por fin, después de segundos aterrorizadores, el locutor dice con voz burlona “y que creen. El mundo no se acabó”. Me paro de la cama de un brinco y grito a todo pulmón un yujú estremecedor. Si en las noticias no lo anuncian es que el fin del mundo no pasó. Hablan del eclipse de Europa y pienso que los europeos son unos monopolistas, lo acaparan todo, de perdida lo hubieran pasado por Sky en pago por evento.

Me pellizco para ver si es cierto. Sigo vivo y el mundo también. Prometo desde hoy ser un buen cristiano. Me baño, cantó una insolente canción y luego me arrepiento, desde hoy ya no seré malo. Debo pensar que voy a confesarle al padre. No tengo muchos pecados. Lo dejaré para otra ocasión, con portarme bien creo que cumpliré bien.

De pronto, al salir a la calle y toparme con los primeros rayos del sol, la tristeza me invade otra vez. ¿Y si sí empezó la devastadora guerra final? ¿Y si soltaron una bomba de hidrógeno y yo soy el único sobreviviente de esta ciudad? ¿Qué haré con tanto espacio para mí? La duda se disipa cuando llego a la avenida y me topo con mucha gente. La tristeza sigue allí. ¿Y si el mundo se acaba más al rato? Los fines de mundo son bien engañosos. Bueno, no he estado en ninguno pero así deben de ser.

La tristeza se reproduce. Llego a la escuela y nadie habla del fin del mundo. Creo que están fingiendo. En medio de una clase que habla de Dios y del Diablo, me acuerdo de Artemisa. Hace mucho no la veo y nunca le he dicho que la quiero, que la extraño, que la amo. Yo creo que debo decírselo hoy antes de que se acabe el mundo. Sí, debo decírselo. El mundo no debe acabarse antes de que se lo diga.

Salgo corriendo de la escuela. Miro al cielo para ver si no pasa un misil perdido y da en su casa antes de que yo llegue. O busco para ver si no baja el gran dragón escupiendo fuego. O para ver al arcángel que anuncie el final. No veo nada, a excepción de un pájaro perdido y un avión.

Por fin llego al departamento de Art. Toco. Espero impacientemente que abra. Veo su escalera y notó de inmediato que está muy maltratada. ¿Y si el fin del mundo llegó en forma de guerrilla urbana y ya tomaron estos depas y mataron a todos sus habitantes? La duda se disipa cuando la veo asomarse por la ventana. Tiene la facha de un gato que recién lo han despertado. No dice miau pero si me pregunta “¿qué onda? “Nada. Tenía ganas de verte”. Noto que trae un brazo enyesado. Se ríe. Le pregunto que qué le pasó. “Nada, me caí de la escalera”, responde con fastidio. “Es una historia larga”, agrega. Le pregunto sobre el fin del mundo. “¿Cuál fin del mundo? ¿Es una canción de U2?” responde con una cara de duda felina. No contesto nada. A veces pienso que soy en extremo paranoico.

La tristeza mezclada con angustia me invade. Le digo que venía a verla porque pensé que se iba acabar el mundo y “tenía que decirte que estoy enamorado de ti y te extraño”. Ella no contesta nada. Está sorprendida. La beso. Se aparta de mí. De repente mira a mis espaldas con espanto. Pienso que explotó una bomba atómica y volteó rápidamente. Nada. Sólo veo a un tipo con facha de neonazi que me mira muy feo y saca una pistola y me apunta. Art grita histérica. Yo ya ni sé que onda. El que me apunta es muy chafa como para ser el arcángel del juicio final o ¿es qué a tanto ha llegado la decadencia de Dios? Pero no tiene alas ni nada. “Es mi novio” dice Art en pleno ataque de histeria. Eso me reconforta por un momento, yo pensaba que era el fin del mundo. El novio neonazi vio la escena telenovelera y está furioso. Suelta un disparo. Y otro. Caigo al suelo y no alcanzo a ver a Dios lanzando flamas de fuego para acabar con el mundo. Sólo escucho a Art llorar y al novio balbucear algo. El tiempo parece transcurrir lentamente…

Creo que el fin del mundo sí es hoy, ya casi no alcanzo a ver nada y oigo una aguda sirena a lo lejos, debe de ser la trompeta que anuncia el juicio final…

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2 comentarios el “El fin del fin del mundo

  1. cuboarcoiris
    mayo 21, 2011

    Me gustó tu historia, mucho. También he sobrevivido a unos cuantos “Fin del Mundo” y viviré otros más. Estoy empezando a escribir, y me gustaría tener la opinión de alguien como tu, que por lo que veo en la introducción, ya llevas un tiempo escribiendo.
    http://www.cuboarcoiris.wordpress.com
    El colegio no me deja mucho tiempo para escribir, pero se hace lo que se puede, actualizaré semanalmente las historias, espero.
    Saludos:)

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  2. artemisa
    mayo 27, 2011

    =)))

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Esta entrada fue publicada en mayo 21, 2011 por en Entretenimiento, Literatura y etiquetada con , .

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