El blog de Víctor López Jaramillo

Morir en primavera #Colosio


Las fieras sacuden la cabeza
sobre ellas los brotes de los árboles.
Brota la sangre en primavera en las calles.
Buen tiempo de lucha.

Sabino Méndez

Imagen

Portada de la revista El Chahuistle (antecesora de El Chamuco) publicada en 1995. Imagen tomada del Facebook del monero Patricio

I

Hay primaveras que no florecen. Hay primaveras que sólo son ficción y en el invierno del descontento se convierten en mito. Se convierten en un mito basado en la añoranza sabinera de que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. El mito de la primavera colosista es eso, una mera añoranza de una falsa ilusión.

En la víspera de la conmemoración del vigésimo aniversario del asesinato de Luis Donaldo Colosio, muchas voces priistas dirán que con Colosio como presidente de la República, el país hubiera tomado otro rumbo, que la crisis del 94 nunca hubiera sucedido y la pax priista nunca se hubiera visto alterada por la docena panista.

A 20 años de su asesinato, Luis Donaldo Colosio ha sido elevado a los altares de la patria priista. “Si Colosio hubiera sido presidente”, empiezan muchas frases cargadas de nostalgia. Viven de un pasado alternativo donde México arribaría al primer mundo.

Y recuerdan como evangelio su discurso del 6 de marzo en el Monumento a la Revolución. Y citan la frase “Veo un México con hambre y sed de justicia”. Y se aferran a esa frase copiada de un versículo de la Biblia (en Mateo 5:6 dice “Bienaventurados los que tengan hambre y sed de justicia pues ellos serán saciados”) para sustentar que con Colosio el paraíso estaba a la vuelta de la esquina.

¿Un discurso bastaba para provocar su asesinato, sobre todo cuando era parte de la táctica priista que el ungido con la candidatura se deslindara del antecesor? ¿Qué pactos se rompieron en la élite? ¿Fue un asesino solitario? ¿Y Mario Aburto y sus veinte años de soledad?

II

En la patria donde las teorías de la conspiración crecen como flores silvestres, sumado a un gobierno que semana tras semana cambiaba su versión de los hechos, ha provocado que sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994 hayan surgido muchas teorías, a cada cual, más inverosímiles.

Sin embargo, los que defienden al Colosio transformador de la  patria, olvidan un detalle: su campaña era gris, opaca. En términos electorales: la campaña no terminaba por prender. Los reflectores, más que en las campañas, estaban enfocados en Chiapas. En la rebelión zapatista, en el subcomandante Marcos y en el Comisionado especial para la paz, Manuel Camacho Solís.

Electoralmente, Colosio estaba en el limbo político. Siempre había sido un político mediocre a la sombra de su tutor, el presidente Carlos Salinas de Gortari.  Carlos llevó de la mano a Donaldo por los cargos que lo prepararían en su carrera política: Presidente del PRI y titular de la Secretaría de Desarrollo Social, creada ex profeso para él.

El otro personaje cercano a Salinas era Manuel Camacho Solís, su compañero de mil batallas y, políticamente, su hermano. Pero como escribió el periodista Julio Scherer: el poder se hereda al hijo, no al hermano. La ruptura en la élite estaba latente.

III

La tragedia del asesinato de Colosio es una escena más del horroroso cuadro que fue 1994. Lamentable su muerte, como todo deceso de un ser humano. Su pérdida enlutó al país.

Luis Donaldo Colosio fue ascendido al altar priista y allí se mantiene, a la derecha de Obregón, también sonorense y también victimado por un asesino solitario.

Su presidencia que no fue, ha sido glorificada por el PRI. Han glorificado una ilusión. Y hasta han creado una ideología, muchos se asumen como colosistas. Sus bases: el simple discurso del 6 de marzo. No hay más. Dicen que tenía buenas intenciones y que quería cambiar a México. Bueno, todos los candidatos dicen eso, no conozco uno que predique lo contrario. Si no, dejarían de ser candidatos.

¿Que si Colosio hubiera sido presidente, el México de hoy sería diferente –como sostienen priistas?  La pregunta es ociosa, un producto más de glorificar esa tragedia política.

Colosio no representaba una alternativa ni política ni económica para el país. Era parte de la misma élite política que se adueñó de éste en 1988. Claro, hay que reconocer que él era un heredero de la cultura del esfuerzo y había logrado codearse con un cachorro del sistema como lo era Carlos Salinas de Gortari.

Pero, económicamente, Colosio representaba el mismo proyecto que Carlos Salinas, que Zedillo, que Fox, que Calderón y que Peña Nieto. ¿Cómo sería posible pensar que Colosio hubiera cambiado al país si su política económica no difiere de la que ha estado vigente en los últimos treinta años?

Sin embargo, a 20 años de su asesinato, conviene hacer una reflexión sobre lo que significó en su cuadro completo ese 1994 y las consecuencias que persisten.

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Esta entrada fue publicada en marzo 23, 2014 por en Periodismo, Política y etiquetada con , , , , , , , .

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