Ecos del Hay Festival


Por primera vez en meses, el alcalde Marcos Aguilar Vega tuvo motivos para sonreír porque algo que ha impulsado no fue ni un fracaso ni severamente criticado. Me refiero, claro, al Hay Festival que tuvo como sede la ciudad de Querétaro el pasado fin de semana.

Ya hemos comentado en este espacio los desatinos del alcalde, entre ellos, los de materia cultural. Recordemos que hace meses anunció la venta de las casas de la cultura en el municipio para después rectificar, ante la presión de la opinión pública, y mandar a hacer un diagnóstico de los centros culturales.

Horas bajas ha tenido el alcalde con la concesión del servicio de recolección de basura y su mal arranque, con el tema de la Alameda, primero con el desalojo de los comerciantes allí establecidos en un operativo nocturno y después con el nombramiento de una directora de la Alameda, cuyo sueldo, de 50 mil pesos mensuales, ha sido sumamente criticado. Sin olvidar el controvertido tema de las ardillas.

El tema de la seguridad y los cambios de mandos, la renta del helicóptero, en fin, el saldo del primer año del alcalde es crítico, por ello, la realización del Hay Festival es una bocanada de aire fresco para su administración, aunque de ninguna manera es paliativo ante los errores cometidos anteriormente.

¿Qué dejó de bueno el Hay Festival? Que Querétaro se volvió punto de encuentro cultural por cuatro días con la presencia de destacados escritores, periodistas, artistas gráficos y músico.

Mejor apertura que Elena Poniatowska no pudo haber, quien a su estilo, embelesó con palabras a los asistentes que le aplaudían todas sus frases. Claro, el tema de López Obrador y Juan Gabriel no pudieron quedar fuera en el discurso de la laureada escritora.

La presencia de Carmen Aristegui y Sanjuana Martínez representaron un punto extra. Dos periodistas valientes que se han enfrentado a la censura y que gracias a su impulso de la investigación periodística se mantienen vigentes. Sobra decir que los temas de agenda que han impactado recientemente a México de una u otra manera llevan el sello de cualquiera de estas dos periodistas.

En el plano también del periodismo, destaca la visita de Martín Caparrós, un renovador del género con el fuerte impulso de la crónica, en cuyo más reciente libro, titulado precisamente Lacrónica, puede apreciarse el virtuosismo narrativo y el encuentro entre la literatura y el periodismo.

Faltaría espacio para mencionar a los premios nobel que visitaron Querétaro y a los moneros como Jis y Trino que hicieron del festival un evento también lúdico.

Sin embargo, tras la conclusión del Festival queda un reto muy grande, si bien fue un éxito, esto no opaca los errores en materia cultural que ha tenido la administración de Aguilar. Es deseable que Querétaro vuelva a ser sede de un Festival así, sin embargo, la política cultural no se debe limitar a ello.

La cultura no solo son festivales, sino promover los espacios artísticos en cada rincón de la ciudad, llevar y promover actividades artísticas en cada colonia y comunidad para todos los ciudadanos, no solo limitarlo al barroco centro queretano.

Los ecos del festival ya se irán analizando, pero no por ello, hay que olvidar la promoción a través de las casas de cultura y otros espacios populares.

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