¿Y ahora sí desaparecerán los dinosaurios?


Una de mis canciones favoritas es Los Dinosaurios, de Charly García. No sólo me gusta por la melodía vibrante del piano, también por la letra, en la que el cantante argentino lanzó un profundo mensaje político.

En las postrimerías de la dictadura militar argentina, para librar la censura, García solía utilizar metáforas para criticar al régimen. Más de una vez le pidieron explicaciones por sus letras, pero libró la cárcel.

En esa canción, de su disco Clics Modernos, Charly García se refiere a los militares argentinos y en el coro de la letra sentencia que ellos también van a desaparecer.

En México, dentro de la jerga política, se ha denominado dinosaurios a los viejos políticos del régimen priísta, que suelen ser alérgicos a la democracia y adictos a la represión. Como una subespecie de los dinosaurios, surgieron los bebesaurios, hijos de esa escuela priísta y que, apoyados por el peso del apellido, incursionan en el escenario político tomando las primeras plazas.

Así se perpetúan apellidos en la clase política y se siguen repartiendo posiciones. La lógica del PRI era básica: cada sexenio hay un enorme pastel; durante esos seis años se reparten en un grupo, y para el siguiente periodo otros serán los beneficiarios. Así la gran familia revolucionaria siempre estaría unida.

Sin embargo, un día un asteroide de votos chocó contra ese parque jurásico y el enorme pastel desapareció. Ahora tenían que competir con sus antiguos rivales. Y aunque se hicieron socios en lo comercial, en lo político fueron desplazados.

Quienes más sufren el ya no vivir en ese paraíso jurásico son los bebesaurios, portadores de apellidos de abolengo priísta, pues el número de espacios a repartir son insuficientes.

Lo vemos en el caso de Querétaro. Apellidos priístas ilustres, como Luque, Guerra, Ortiz, Pérez o Nieto, pelean por espacios de poder cuando en la época dorada todos sabían que algún cargo tendrían. Hoy nadie puede asegurarles nada si no compiten electoralmente.

Han empezado a pelear entre ellos. No es que sus antecesores nunca hayan peleado, pero sabían que, si en el momento no les tocaba el pastel, bastaba esperar una mejor ocasión.

Hoy saben que quedarse fuera de esta elección es el inicio de una anticipada jubilación. Los tiempos cambiaron, pero las prácticas del PRI no.

Se ha especulado que alguno de esos apellidos podría cambiar de camiseta y ser converso a uno de los principales partidos opositores: Morena, que hoy recibe a todos.

Entiendo la lógica del pragmatismo político, lo que cuestiono es la falta de fondo político. Cuando, en 1988, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo se separaron del PRI, fue con el argumento de la falta de democracia en el partido, porque se habían negado a implementar medidas para transformarse democráticamente y porque, en los hechos, se abandonara al estado de bienestar para dar paso al régimen neoliberal. Esa ruptura tenía una argumentación de fondo; no sólo era cambiar de bandera para seguir teniendo un cargo político.

¿Si llegara a haber una escisión en el PRI queretano, serán capaces de presentar una argumentación similar? ¿O sólo es la lógica de cambiar de camiseta para no perder privilegios personales? Hoy, cuando todo pasa por las urnas, es preciso saber argumentar. Esperemos a ver qué pasa en el PRI queretano. Mientras, sigo escuchando a Charly García cantar que los dinosaurios van a desaparecer.

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