PRI, arrastrado por la inercia de su pasado


Aunque formalmente faltan escasos meses para que dé inicio el proceso electoral y, posteriormente, las campañas políticas para renovar gobernadoralcaldías y diputaciones locales, en los hechos, las guerras puerta adentro en los partidos políticos viven momentos álgidos.

Opacado por la marea informativa sobre el nuevo coronavirus que azota el mundo –y que en Querétaro, al momento de escribir estas líneas llevaba más de 2 mil 10 casos confirmados y 275 defunciones– las pugnas al interior de los principales partidos políticos queretanos van dando forma al escenario que tendremos para las campañas electorales del 2021.

Históricamente se ha estigmatizado a la izquierda mexicana porque se dice que en sus agrupaciones políticas prevalece la discordia y la división del partido en “tribus” (como algunos analistas llamaron a los subgrupos internos), pero la realidad es que todos los partidos tienen una activa vida interna llena de disensos y acuerdos, sólo que en el México del siglo XX se veía a la típica disciplina partidista del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como una virtud y no como un defecto.

El que hasta el más mínimo detalle de la vida interna del tricolor estaba bajo el ojo vigilante del poder ejecutivo –eje de la vida interna– y las pugnas fueran mínimas, se veía como un signo de estabilidad pero que en realidad eran un cáncer político que poco a poco fue consumiendo al PRI porque nunca aprendieron a dirimir sus diferencias políticas internas por la vía del diálogo sino de la imposición.

Y hoy el PRI queretano paga con creces el no haber desarrollado una vida democrática interna y que su último triunfo en la gubernatura dependiera más del carisma de un candidato que de una fuerte estructura partidista. Prueba de ello es que no retuvieron la gubernatura en 2015 y el partido se resquebrajó rápidamente hasta ser rebasado por una naciente fuerza de izquierda en un estado donde esta pocas veces competía realmente.

Así, el PRI queretano vive sus horas más amargas; no sólo porque en el 2018 hayan tenido su votación más baja, sino porque en el horizonte no se ve cómo pueda recuperarse; lo que en el calzadismo se veía como una fortaleza que el gobernador impulsara a sus cercanos, hoy, sin la fuerza de gravedad del ejecutivo estatal, sus “Calzada Boys” son arrastrados por la inercia y han quedado a la deriva sin la mínima opción de hacer política interna que los lleve a una reestructuración.

Hoy, ante las disputas que vive el PRI local donde su expresidente fue expulsado del partido pero que una resolución del Tribunal Estatal Electoral ha ordenado su restitución como dirigente, el tricolor parece estar destinado a ser actor secundario y vivir bajo la sombra electoral de Acción Nacional y Morena, si es que estos salen unificados de las pugnas internas que también viven.

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