Patos y sapos en palacio


Si desde que se hizo público que el propio Francisco Domínguez había organizado una carne asada en plena pandemia – mientras su gobierno pedía a los queretanos quedarse en casa- ya había empezado la rodada cuesta abajo de este mandato, los videos y la demanda filtrada la semana pasada finalmente vinieron a sellar políticamente el fin de sexenio de Domínguez.

Dentro del léxico político se denomina pato cojo (Lame duck, en inglés) al político en ejercicio del poder que en vísperas de terminar su mandato ve acotado su margen de maniobra política mientras los reflectores se enfocan en el sucesor. En la política mexicana este fenómeno se da generalmente tras la selección de candidatos hasta la toma de protesta del nuevo dirigente.

Sin embargo, tras ver al secretario privado, Guillermo Gutiérrez Badillo, recibir fajos de billetes de 200 y 500 pesos y llevárselos en una maleta; el gobierno de Francisco Domínguez ve acotado su margen de maniobra para planificar el 2021 y prende las alarmas al interior de su propio partido en lo que parecía que todo estaba controlado, donde incluso había echado mano de recursos judiciales para controlar cualquier posibilidad de disidencia interna, como fue el mensaje enviado tras la detención del alcalde de Colón Alejandro Ochoa, quien ya cumple su periodo de prisión preventiva.

Domínguez Servién, impulsivo como es, basta recordar sus patadas voladoras cuando era diputado, de inmediato cesó a quien había sido su cercano colaborador por años y él mismo se declaró inocente, además de envalentonarse en la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador para luego callar y evitar más cuestionamientos de la prensa. Ese silencio marca el fin político del sexenio y el inicio de los reacomodos internos donde quienes ya estaban fuera de la jugada, tienen una segunda oportunidad para reposicionarse.

La filtración de la declaración de Emilio “L” donde señala que a Domínguez se le dio apoyo económico junto a otros senadores panistas a cambio de su lealtad en la reforma energética vino a ser el tiro de gracia a los planes transexenales de Domínguez, quien de manera nada discreta había ido perfilando su delfín a la gubernatura, como lo han intentado y fracasado anteriores gobernadores.

La cerrada cofradía política formada por las élites del PRI y el PAN en donde los pactos de silencio eran norma, ahora se ve fracturada porque uno de sus integrantes ha sido detenido y para salvar su pellejo ha decidido dar su verdad y delatar a sus compinches, a lo que en el español de Colombia eso se le llama ser un sapo.

Eso abre una ventana que puede ser aprovechada por la oposición, y no me refiero al PRI, quien junto con Domínguez se hunde con cada delación de Emilio “L”. Es una ventana para Morena, que tiene la oportunidad de dejar la lucha testimonial de izquierda para convertirse una verdadera alternativa en el estado, aunque también depende de los reacomodos y ajustes, porque los que alcanzaron a prever el naufragio priista en 2018, se mudaron anticipadamente a las filas del partido hoy en el poder federal y tiene su posibilidad de revancha en 2021.

Así, la delación de un sapo ha convertido anticipadamente al gobernador Domínguez en un pato cojo, quien rengueando tendrá que hacer concesiones y ajustes políticos si es que quiere tener futuro político. Sin embargo, este pato ya renguea demasiado y al parecer ni el mejor veterinario del mundo lo podrá curar.

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