El Colegio Civil se transformó en Universidad, en una tradición cultural que hunde sus raíces en el siglo XVII


Nota: Este reportaje se publicó en el primer número de Tribuna Universitaria el 24 de febrero de 1997. Ahora, en el contexto del 70 aniversario de la fundación de la Universidad Autónoma de Querétaro, rescatamos del archivo este texto y lo ponemos en circulación para que las nuevas generaciones conozcan las distintas versiones de la creación de nuestra Universidad

 

Un paisaje

Caminas rumbo a Rectoría. Sientes la brisa artificial que brota de la fuente cercana. Ves lejanamente a la estatua de Benito Juárez e invariablemente recuerdas el “Respeto al derecho ajeno es la paz”. También recuerdas el “Educo en la verdad y en el honor” que lo llevas grabado en la frente como un sello de fábrica. Ves a los alumnos que vienen y van, al guardia que te mira de mala manera y algunas flores de los jardines que están cerca. Estás en Centro Universitario en el Cerro de las Campanas y el peso de su historia no te impide seguir caminando. Inevitablemente te diriges al auditorio Fernando Díaz Ramírez y ves los retratos de todos los rectores y surge la pregunta ¿cómo inició todo esto?

El big bang

Tiene sus orígenes en el Colegio de la Compañía de Jesús en 1625 y más tarde en los Colegios de San Ignacio y San Francisco Xavier. A la expulsión en 1767 de los jesuitas de la Nueva España, los colegios fueron clausurados para ser reabiertos en 1772 ya entregados al clero secular y bajo el nombre de Reales Colegios de San Ignacio y San Francisco Javier. La independencia de México no fue ajena a las instituciones educativas, y —en 1831— el Congreso Federal expidió un decreto mediante el cual los establecimientos educativos habían sido fundados por jesuitas quedaban bajo el amparo de los estados de la federación.

Hacia 1867 (tras el triunfo de los republicanos sobre los imperialistas) fue designado gobernador del estado el Coronel Julio M. Cervantes. Para 1869 mediante una ley aprobada por el Congreso local, los viejos colegios de San Ignacio y San Javier se fundieron en un solo plantel con el nombre de Colegio Civil del Estado, siendo el primer director Próspero C. Vega, pero por diferencias políticas con el gobernador fue separado del cargo. Así continuó la vida del naciente colegio.

En 1932 se introdujo la Ley Agrícola en la que se estipulaba que en las escuelas se debería impartir la educación agrícola obligatoria. Los estudiantes se opusieron terminantemente a participar en dicha capacitación y se llegó al extremo de la huelga. El gobernador Osornio respondió clausurando el colegio. Fue reabierto en junio de 1936 bajo el gobierno de Ramón Rodríguez Familiar, pero el colegio ya no pudo ser la misma institución.

En 1949, el doctor y el coronel asume el gobierno de Querétaro y en 1950 Juan Álvarez Torres es nombrado director del Colegio. Al ver las condiciones precarias se resolvió transformarla en Universidad. Pero Álvarez Torres murió repentinamente y en octubre fue nombrado director Fernando Díaz Ramírez, quien fue factor decisivo en la transformación del colegio en universidad.

La versión de Fernando Díaz Ramírez

Aquí es donde inicia la polémica. En su Historia de la Universidad de Querétaro, Fernando Díaz Ramírez (quien nació en 1904 y que fue secretario general de gobierno en 1946 y gobernador interino en 1927) dice: “Cuando se clausuró el Colegio Civil para dar paso a la naciente Universidad de Querétaro, todo lo que se hizo fue hecho por mí; Escuela por Escuela, yo fui quién las planeó; Maestro por Maestro, nombrados por mí (…) todo lo que hice yo; algunos me ayudaron específicamente, en algo, pero ninguno tuvo siquiera privilegios para opinar en lo que se iba buscando lograr”.

Sigue contando en su libro: “Cuando terminaron los exámenes de 1950, por principios de diciembre, fui a dar cuenta del resultado al Gobernador Dr. Mondragón y en la audiencia que me concedió, le dije: ‘Sabe, que la Universidad de que hablaba Álvarez Torres, realmente se puede hacer’, el Dr. captó inmediatamente y comprendió que yo ya hasta tenía un plan muy pensado, pero no le gustaba comprometerse en un proyecto hasta conocerlo realmente. Le conocí que él también había pensado en ello, posiblemente, no lo sé, lo discutió con Álvarez Torres, pero se limitó a contestarme en un tono muy escéptico: ‘pero cómo va a tratar de hacer usted una Universidad, sin tener laboratorios, casi sin tener edificio, sin maestros, y vaya, hasta sin alumnos’. (…)

“El presupuesto de 1951, ya estaba aprobado y debería conformarme con los $25,000 asignados, pero que mi gobernador era muy rico (esas fueron sus palabras textuales) y me daría en el año algunas cantidades extraordinarias. (…) Abrimos la inscripción y logré una matrícula de 380 alumnos, jamás vista en Querétaro. (…)

“El Gobernador estaba colaborando con entusiasmo…la ceremonia (inaugural) resultó impresionante, muy concurrida, asistieron todos los rectores que había invitado y vinieron de México cantidad de exalumnos, la hicimos en el patio de estudios y naturalmente que estuve feliz.” Así el 24 de febrero de 1951 fue inaugurada la Universidad de Querétaro siendo el primer rector el mismo Fernando Díaz Ramírez.

Y la versión del gobernador Octavio S. Mondragón

Ciudad de México. Suena el teléfono. Contesta Alejandrina Mondragón Gaytán, hija del exgobernador Octavio S. Mondragón. Se le explica que queremos una entrevista con su padre. Dice que está enfermo y que el médico le recomendó reposo, pero recalca “mi padre quiere mucho a la universidad, es como si fuera su hija” y que tal vez pueda acceder a contestar. Así lo hace poco después.

El exgobernador nació en la ciudad de Querétaro en la hoy calle de Reforma. Hijo de Antonio Mondragón Juárez y Josefina Guerra Almanza. Estudió en varias escuelas y de 1922 a 1923 interrumpió sus estudios para trabajar como mecánico, vendedor de máquinas de coser, y como rayador de un rancho cercano al Pueblito. Reanudó sus estudios en el Colegio Civil y se trasladó a la ciudad de México para ingresar en la Escuela Nacional de Medicina. Después se inscribió en la Escuela Médico Militar.

Antes de comenzar las preguntas pide que se le hagan preguntas claras pues con su enfermedad que tiene no alcanza a percibir con claridad. Se oye una voz cansada, pero con ánimos de contestar todo acerca de la universidad. Desde su residencia de Lomas de Chapultepec comienza a explorar los archivos de la memoria y narra el porqué de la fundación de la Universidad de Querétaro.

 

VLJ: Víctor López Jaramillo

OSM: Octavio S. Mondragón

 

OSM: La cosa es personal desde el principio. Yo quería estudiar Medicina y no había Medicina en Querétaro. Con muchos esfuerzos lograron mis padres mandarme a México, pero nomás estuve unos meses porque no hubo dinero para sostenerme. En mi desesperación no hallaba qué hacer y descubrí que en la Escuela Médico Militar recién formada apenas diez años en 1927 había posibilidades de ingresar.

Tuve la suerte de llegar a tiempo, de hablar con el director de la misma que ya estaban a punto de hacer los exámenes de admisión. Me puso de condición que debía de calificar en los primeros lugares, tuve la suerte de hacerlo porque los maestros del Colegio Civil entonces eran excelentes. Ingresé a la Escuela Médico Militar y seguí con la angustia de que en mi pueblo en mi estado no hubiera estudios superiores.

Ya como candidato al gobierno del estado, en una ocasión que hice una visita a una obra necesitaba algunas reparaciones: —busqué un ingeniero, ¡no había ingenieros! —¿Cómo que no hay? —¡No, no hay! En ese momento mismo dije: haremos un Centro de Estudios Superiores. Así fue en mi mente la idea. Tomé posesión, nombré director del Colegio Civil al Coronel Licenciado Juan Álvarez Torres. Durante un año, algunos meses, le platiqué la idea que tenía de transformar ese colegio en un Centro de Estudios Superiores.

Empezamos a trabajar. Pasamos muchas noches largas proyectando a la universidad. No fue un trabajo sencillo. Se necesitaba una serie de ajustes de personas, lugares… tantas cosas. Una vez aprobado completamente el proyecto por el licenciado Álvarez Torres y yo, tuvimos que pensar en el financiamiento de la misma.

En aquel entonces el financiamiento del estado era, no me lo va a creer, de un millón 600 mil pesos al año. Calculamos llamando a mi secretario de gobierno el Lic. Francisco Rodríguez Aguillón y al Lic. Manuel Soberanes, tesorero del estado, en qué forma podíamos sustraer cerca de trescientos mil pesos que se necesitaban para iniciar el trabajo con aquel mísero presupuesto. Fueron largas horas de discusión y de trabajo, pero, en fin, lo logramos. Me parece que en junio o julio y que ya teníamos el proyecto y economía resueltos; designé Rector. El primer Rector, al licenciado Álvarez Torres para que concurriera a un seminario de rectores que había en la ciudad de Guadalajara y diera a conocer la formación de la nueva Universidad que sería abierta a su regreso. Por desgracia, estando en aquella comisión, el licenciado murió. Hablé con mi secretario de gobierno —le dije— ¿Qué hago?

Dijo: “déjame buscar a una persona más o menos que esté conectada con el colegio”, y después de meditarlo me sugirió al licenciado Fernando Díaz. Yo no tuve ninguna objeción contra ello y lo nombré primer Rector efectivo de la Universidad de Querétaro. El licenciado Díaz trabajó con ahínco y entusiasmo. Llevó a efecto toda la mecánica de echar a andar algo que nacía y lo hizo con éxito. Claro que contaba con un apoyo definido del gobierno y de todos los elementos del mismo. Así pasaron los tiempos y la universidad empezó a caminar.

 

Octavio S. Mondragón fue médico personal de Manuel Ávila Camacho, presidente de la república de 1940 a 1946. Fue director de la Escuela Médico Militar. En 1949 fue electo gobernador de Querétaro por el periodo de 1949-1955. Dice que enfrentaron varias dificultades antes de iniciar la Universidad: “Antes que nada, no había dinero. Esa fue una de las mayores; segunda, el personal de maestros; tercera, local; cuarta, ¿qué carreras iniciar por ser las más importantes?”

Sobre el papel desempeñado por Fernando Díaz Ramírez, el subsecretario de Salubridad y Asistencia es parco y aclara: “Durante mi tiempo trabajó con entusiasmo y con ánimo, nada más. Ya después creo que hubo algunas dificultades”.

A cuarenta años de distancia

VLJ: ¿Cómo ve a la Universidad?

OSM: Créame usted que me siento enormemente satisfecho de ver que, en mi pueblo, en mi ciudad natal, hay ahora cerca de 20 mil estudiantes, jóvenes que aspiran a una vida mejor y que tienen el modo, la facilidad de obtenerla porque tienen a su alcance los medios para lograrlo. Centros de estudios superiores a los cuales pueden económicamente acceder.

VLJ: ¿Qué le falta a la universidad, que necesita?

OSM: Le falta dinero —ríe—. La Universidad necesita muchas cosas. Nunca hay dinero suficiente para la cultura. Sobre todo, la investigación es una de las cosas que más costosa es para la Universidad, pero sin la cual no puede existir. Faltan laboratorios, pero básicamente falta dinero. Entusiasmo lo hay, sí, pero medios para lograrlo… Desgraciadamente somos un estado relativamente modesto que no puede darse el lujo de hacer enormes gastos. No diríamos lujos, es una necesidad porque cualquier dinero que se gaste en la cultura es un dinero en bien del país, no solamente de la persona y la familia, del país porque esa persona con esa cultura producirá cosas en beneficio del país. —Continúa con brío, aunque toma breves pausas para explicar— La grandeza de la Universidad viene porque ha sido un éxito, porque hubo muchas personas que no creyeron en que tuviera éxito. Y no solamente sí lo tuvo, sino que ha ido creciendo paulatinamente y cada año veo que es mayor.

Cada vez que tengo oportunidad de dirigirme a los alumnos y exalumnos digo que el deber de todos es corresponder por gratitud a lo que la Universidad les dio. En alguna forma, con cooperaciones económicas, de trabajo de lo que sea para aumentar un poco su riqueza. Si yo fuera gobernador en este momento, después de cubrir las necesidades sociales imperantes, todo lo que sobrara del presupuesto sería destinado a la cultura y principalmente a la cultura superior.

Al ser cuestionado sobre el déficit de la UAQ responde que no hay nada que hacer más que solicitar un apoyo federal, ver si el estado puede dar una cooperación un poquito mayor y nada más. “Solicitar la cooperación de exalumnos, decirles ‘la Universidad requiere ayuda, ayúdennos’”. A la nueva generación de estudiantes les diría “que luchen con empeño en una cosa: ha sido mi ilusión que la universidad de Querétaro sea de las primeras por su excelencia académica en este país”.

Niega rotundamente que el futuro de la educación superior esté en las Universidades privadas, pues a ellas sólo pueden tener acceso las personas que pueden pagar. “La pública es para todo joven que tenga deseos de estudiar. Yo estoy seguro de que seguirá adelante. Tenemos la experiencia de la UNAM, aunque ha tenido problemas de sobrecupo y ha tenido que rechazar a algunos, ojalá esto no nos llegué a suceder y se pueda recibirlos a todos”.

Para concluir la charla telefónica da un mensaje a los universitarios.

OSM: La Universidad necesita ayuda y a ella se le debe gratitud y que eso se debe con esfuerzo, una cooperación. En cualquier forma al alcance de los que de ella obtuvieron el beneficio de la cultura o que la está obteniendo. Ahora, hay muchachos que llegan a estudiar y que son de familia acomodada y que debían de dar alguna cooperación.

Por último, un reconocimiento a los maestros que en aquel entonces aceptaron colaborar para trabajar en la universidad con un sueldo mísero de treinta pesos al mes. De modo que mi reconocimiento completo a aquellos maestros que dieron su conocimiento y su tiempo. En pro de la Universidad. Hubo muchos maestros, ahora no recuerdo.

—Así se despide, recordando que el médico le ha recomendado mucho reposo. —

Después de tanto ver los cuadros decides regresar y salir por la puerta principal a Hidalgo. Ya no brota el agua de la fuente, pero el vaivén de jóvenes sigue. La polémica sigue. Caminas y sales a la calle dejando atrás la ahora Universidad Autónoma de Querétaro.

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