El blog de Víctor López Jaramillo

Prensa y derechos humanos en Querétaro: el Caso Curkis


Por Víctor López Jaramillo

La moda es la videojusticia.

Es decir, si cuando se comete un delito y alguien lo ha registrado en la memoria electrónica de una videocámara, hay probabilidades que se esclarezca el crimen. O bien, si alguien es víctima de un abuso por parte del Estado, el cual podríamos catalogar como violación a los Derechos Humanos, y se registra en imagen electrónica, existen altas posibilidades, si bien de no comenzar una revolución, al menos sí una revuelta como la ocurrida en Los Ángeles la década pasada cuando se transmitió por televisión la brutal golpiza a manos de la policía angelina de la que fue víctima el afroamericano Rodney King que concluyó con una protesta masiva de su comunidad racial que incluyo destrozos y una cicatriz en la sociedad californiana.

Pero ¿Y si no hay video? ¿Ni cámara fotográfica que registre al menos una imagen? ¿Hay posibilidades de pelear por la justicia a través de la palabra escrita? ¿Tiene la prensa escrita oportunidad alguna de reivindicar la defensa de los Derechos Humanos? ¿Es su deber social? De ser así, ¿Por qué no todos los medios lo hacen?

En el presente ensayo se plantearán estas cuestiones a través de una breve descripción del Caso Curkis, un joven que fue asesinado en los separos de la Policía Judicial y que a través de la presión de la prensa escrita, principalmente el semanario independiente El Nuevo Amanecer, se rescató del olvido dicha muerte que había sido catalogada por el Estado como producto de una enfermedad de la víctima y nunca como producto de la tortura que padeció.

Prensa, poder y sociedad

Informar es gobernar nos dice Camilo Taufic en su obra Periodismo y lucha de clases.

“Ya en la antigüedad clásica, Aristóteles había establecido en su obra Retórica que el objeto principal de la comunicación social es la persuasión, es decir, ‘el intento que hace el orador de llevar a los demás a sostener su punto de vista’”[1].

Sostiene que el objetivo básico en la comunicación consiste en convertirse en agentes efectivos, es decir, en influir en los demás, de tal modo en que podamos convertirnos en agentes determinantes y decidir de alguna manera sobre el curso que seguirán los hechos. Nos comunicamos para influir y afectar intencionalmente. “No existe la información por la información, se informa para orientar en determinado sentido”.

Así, comunicar es transmitir significados; difundir conocimientos, estados de ánimo, ideas, sentimientos o intenciones entre las personas. Pero el acto comunicativo de signos y símbolos concretos, entre un emisor y un receptor, a través de un canal apropiado. Y el instrumento para estos fluyan son los medios masivos de comunicación.

Las relaciones entre el poder y los medios de comunicación son indispensables. Son necesarios porque desde la perspectiva contemporánea en la llamada sociedad de la información o sociedad mediática, las expresiones del poder y de las luchas por obtenerlo y conservarlo serían simplemente inexistentes sin su difusión a través de los medios.

Estas relaciones son tensas por necesidad. Ya sea como producto del enfrentamiento entre la independencia del medio o del operador y las pulsiones del poder.

Estas relaciones entre medios y poder se han visto distorsionadas en función de las peculiaridades de la evolución política del país. Así, en estos tiempos, que algunos analistas han dado por llamar como de transición inconclusa, la relación entre medios y prensa ha dejado de tener los tintes autoritarios que se tenían durante la época del priato. Es decir, se tienen que buscar formas alternativas y dejar atrás los viejos modelos usados durante décadas.

Periodismo en México
La prensa moderna en México tiene su origen después de la consolidación del régimen emanado de la Revolución Constitucionalista. Sin embargo, esta no era una prensa al servicio de la sociedad porque dependía económicamente de los gobiernos revolucionarios, por tanto, eran una extensión del aparato ideológico del estado en donde se justificaba y más que ser una expresión de la sociedad, era un espejo de la vanidad del poder.

A este modelo, José Carreño Carreón lo llamó “el modelo estructural de relación subordinada de los medios al poder público”

En su artículo “Mirada sociológica al periodismo mexicano”, la investigadora María Elena Hernández Ramírez profundiza sobre el tema y afirma:

“La subordinación de los medios al poder político fue resultante de dos tipos de subsidios: los más sencillos, en apoyo a la economía de los periodistas, y los complejos, financiando los procesos productivos. Las aportaciones constantes al salario del periodista a través del llamado sobre, embute o chayo, y la facilitación en la obtención de permisos para operar servicios rentables, son las formas más conocidas del soborno del poder político a los individuos. Las más oscuras involucraban a las instituciones, y pueden leerse como arreglos entre poderes (gobierno y empresas periodísticas). Sobresalen entre esos acuerdos subsidiarios: los precios preferenciales de insumos y servicios (como papel y electricidad), la aplicación especial del régimen fiscal, condonación de deudas por concepto de seguridad social, créditos preferentes para adquirir bienes, donación de inmuebles, viáticos de periodistas durante las giras de funcionarios, gratificaciones y regalos a directivos, y la mayor forma de subsidio -que aún constituye un medio de control: la asignación de publicidad oficial en grandes cantidades y pagada por anticipado, que para muchos medios era (o sigue siendo) la fuente de su supervivencia-. Estas son sólo algunas de las prácticas perversas del pasado reciente del periodismo nacional.”[2]

Este modelo comienza su quiebra a mediados de la década de los setentas con el golpe a Excélsior en donde el director Julio Scherer y sus principales colaboradores son expulsados en una maniobra donde estuvo involucrado el presidente de la república Luis Echeverría. Lejos de aceptar la resignación y buscar el perdón oficial, una parte del grupo crea Proceso. Otros, se lanzan a la aventura de fundar un nuevo diario: el unomasuno. Ambos con la misma característica: independencia del poder.

De acuerdo con la investigadora, para la década de los noventa el paradigma ha cambiado. La prensa ya no es dependiente total del poder sino se asumen como empresas informativas con las ventajas y desventajas que esto acarrea. Así, pintan su independencia dl poder central pero los contenidos muchas veces se inclinan hacia el entretenimiento en vez de un periodismo crítico.

“Hay, además, nuevos problemas: la creciente disminución de lectores de diarios, la abundancia de opinión que contrasta con la escasa presencia del periodismo de investigación, la imposición de estándares del periodismo televisivo a medios impresos, la inviabilidad económica del periodismo independiente”.[3]

Prensa en Querétaro
Básicamente, hasta los años ochentas, el modelo de prensa queretano repite el esquema nacional: un periodismo dependiente del poder del gobierno estatal. De los relativamente independientes de criterio gubernamental, Amanecer y Tribuna, que son cerrados por ordenes del ejecutivo estatal, hasta el nacimiento de Diario y Noticias a la sombra de éste.

Una especie de punto de quiebra se da a mediados de los setenta, coincidentemente con el inicio de la transición periodística nacional, cuando Salvador Cervantes García, entonces estudiante de ingeniería de la UAQ, consejero universitario y director de la revista Voz Crítica, que sólo duró ocho números, es secuestrado, torturado y finalmente encarcelado, entonces gobernaba Antonio Calzada Urquiza.

El sociólogo Germán Espino, quien cita la tesis “Opinión pública y control político en el estado de Querétaro” de José Ramón Jiménez Esquivel (1983), afirma que un movimiento estudiantil y obrero defiende la causa de liberar a Cervantes García, a la sazón ya preso político, por lo que tras un encuentro con el presidente Luis Echeverría logra la libertad del estudiante y periodista.

Sin embargo, pese al movimiento social, ni Diario de Querétaro ni Noticias lo reflejan en sus páginas, al contrario, en todo momento defienden la postura de gobierno del estado de que García Cervantes está preso por tráfico de estupefacientes.

Germán Espino en su libro El Crack del 97, concluye sobre esta etapa del periodismo queretano:

“En conclusión —coincidimos con el autor Jiménez— este caso y el análisis de los medios que funcionaron en este periodo nos muestra como los medios se integran plenamente al aparato coercitivo de gobierno, más que de consenso, del grupo gobernante; los medios son piezas indispensables para el funcionamiento político y, por ello, funcionan de acuerdo a los intereses del gobernador en turno. En este contexto no puede hablarse de los medios como un campo autónomo, sino como un sector cooptado por el gobierno”[4].

En un apartado posterior, cita al sociólogo Efraín Mendoza Zaragoza, quien fuera director del extinto semanario El Nuevo Amanecer, quien analiza el surgimiento de una nueva prensa en los ochenta y principalmente en los noventa, en donde hubo varios intentos por crear un tercer diario pero fueron aniquilados por el duopolio Diario- Noticias. Los cabezales de las fracasadas empresas periodísticas fueron R8umbo de Querétaro, La Voz de Querétaro y A.M.

Sobre El Nuevo Amanecer y Mendoza Zaragoza, Espino afirma:

“Cabe recordar que Efraín Mendoza -quien a mediados de los años ochenta fue corres­ponsal del periódico Unomásuno— formó parte de la estructura editorial del diario A.M. y tras su cierre encabezó al equipo editorial que concretó la fundación de El Nuevo Amanecer de Querétaro, publicación que se convirtió en el periódico independiente más importante de la década pues comenzó a publicar trabajos con la metodología del periodismo de investiga­ción, fue consistente en su periodicidad y, fuera de los diarios, fue el periódico que mayor duración ha tenido en las últimas décadas. Tendía a dar mayor cobertura a la oposición política y a las organizaciones sociales que al gobierno del estado o al PRÍ, es decir, se erigió como una contrapropuesta a la prensa oficialista local”[5].

Asimismo, recupera las cinco problemáticas centrales que el sociólogo Efraín Mendoza ha planteado en el periodismo queretano.

“I.”Los proyectos editoriales arrancan sin un formal diagnóstico previo de la sociedad queretana y del mercado local de la información, que les permita definir una política editorial clara e identificar fortalezas, debilidades y áreas de oportunidad. En general su diagnóstico descansa en un razonamiento simplista: “sólo hay dos periódicos y la gente quiere algo nuevo”.
2.”Las nuevas empresas editoriales tienen una mala planeación que se evidencia, por ejemplo: a) pretenden manejarse como cualquier negocio, no se preparan para resistir y exigen rendimientos demasiado pronto, se olvidan de que un medio es una empresa cultural en el sentido más amplio, pues su reto consiste en forjar una nueva tradición y esto no se forja en ocho días; b) para instalarse y permanecer se requiere, aparte del capital financiero, edificar un capital político similar, o aún mayor, al que han acumulado los diarios estableci­dos en Querétaro; c) se desconocen las exigencias administrativas que corresponden a la peculiaridad de una empresa editorial.”
3.”En el estado del propio ejercicio periodístico queretano resaltan, por lo menos los siguientes cinco rasgos: a) los informadores muestran una deficiente cultura general; b) hay un pobre manejo lingüístico; c) se mueven en una dinámica que descansa en la llamada ley del menor esfuerzo’, d) las empresas editoriales no invierten en la formación de cuadros y ofrecen salarios muy bajos, y e) su esquema informativo se basa en las declaraciones y el periodismo de investigación no deja de ser una práctica aislada y esporádica, puesto que todavía estamos por ver los frutos maduros de la formación académica de los nuevos periodistas queretanos.”
4.”Por encima de su competencia interna, los diarios existentes suman fuerzas para impe­dir que un tercer diario consiga ingresar al mercado. De acuerdo con versiones de los empresarios editoriales, a propósito de proyectos como La Voz de Querétaro y AM de Querétaro, los diarios y la autoridad política hicieron causa común para imponer un boicot en varios frentes: informativo, comercial y de circulación, lo cual era suficiente para asfixiar cualquier proyecto.”
5.”Todo lo anterior tiene como telón de fondo una cultura dominante esencialmente con­servadora -donde las decisiones políticas han sido expresión de la conjunción de intereses de cerradas redes familiares, y donde los ciudadanos, en general, se han mantenido ajenos a la discusión pública—, de la cual se deriva hostilidad hacia “lo forastero” y hacia lo innova­dor, que es tenido por subversivo y fuente de alteración del orden social”[6].

Destaca la idea de Efraín Mendoza que mientras que los diarios no han funcionado, en la década de los noventa, los semanarios se constituyeron en l alternativa. Así, el Nuevo Amanecer, junto con Nuevo Milenio y Tribuna de Querétaro expanden el abanico periodístico local.

El asesinato del Curkis
En el principio fue una nota periodística en la sección de nota roja del Diario de Querétaro como tantas que comentan mórbidamente un suceso y luego, sin seguimiento, se pierden en el laberinto de la amnesia del periodismo local.

En su edición del dos de octubre de 1994, el Diario dio cuenta de que mientras rendía su declaración ministerial, el detenido Roberto Hernández Rico, alias el Curkis, de 28 años de edad y acusado de haber robado un local, “cayó” muerto fulminantemente. La nota no da más detalles sobre la muerte espontánea del joven y a cambio ofrece los detalles de su captura.

En la recomendación 50/94 de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH), dirigida a Gustavo García Martínez, entonces Procurador General de Justicia del estado, se señala que el cuatro de octubre familiares y amigos de Hernández Rico entregaron a la CEDH una copia de la carta dirigida a la Procuraduría General de Justicia (PGJ), en donde se manifestaba su inconformidad por la explicación de la muerte de dicha persona porque la necropsia estableció la existencia de insuficiencia renal, abscesos en el hígado, pulmón “pegado”, pero la causa de la muerte fue un infarto agudo al miocardio. ¡Un infarto a los 28 años!

Sin embargo, al identificar el cadáver, un familiar detectó una extraña mancha morada debajo del oído derecho, por lo que de inmediato pidió una investigación al médico legista, quien dijo que era una mancha de tinta que se usa para marcar las huellas dactilares. Inconformes con la respuesta, los familiares volvieron a preguntar y el médico dio la misma respuesta: es tinta y pidió a los curiosos familiares que lo comprobaran limpiando con papel higiénico la parte afectada. La mancha morada nunca desapareció.

Tras no encontrar una explicación convincente, el médico afirmó que era una “esquimosis”, es decir, una equimosis (contusión) producida por un golpe que quizá le propinaron los judiciales a Roberto Hernández.

Entonces, la Policía Investigadora Ministerial era dirigida por Apolinar Ledesma Arreola, actual titular de Seguridad Pública del municipio de Querétaro y Roberto G. Oviedo Serrano era el jefe del grupo asignado en dicha investigación a robo de negocio en donde resultó muerto Roberto Hernández.

Ante la queja de los familiares, quienes afirman que esta no es la primera muerte que ha sucedido en los separos, la CEDH apoyada por la Comisión nacional de los Derechos Humanos solicitan una segunda necropsia, la cual se lleva a cabo el 10 de octubre en presencia de Pablo Enrique Vargas Gómez, visitador adjunto de la CEDH.

Dentro de las pruebas sobre un posible acto de tortura, destacan el hecho que los captores de Hernández Rico, quienes lo detuvieron a las 2: 40 AM del primero de octubre, llevaron a cabo la interrogación sin la presencia del Ministerio Público y de un abogado defensor y hasta las 11:15 AM, ante el mal estado físico del detenido pidieron la intervención de un médico para que lo atendieran pero ya no se pudo hacer nada para salvarle la vida.

En las observaciones de la recomendación de la CEDH, se concluye que a “Roberto Hernández Rico, le fueron violados sus derechos humanos, al resultar muerto como consecuencia de los tormentos de que fue objeto durante el tiempo de su detención, la cual además fue de manera prolongada”[7].

Asimismo, se consigna el dictamen de una nueva necropsia hecha por Magdalena R. Gutiérrez Escudero y Sergio Cirnes Zúñiga, médico forense y criminólogo de la CND, en donde se confirma que Roberto Hernández “falleció a consecuencia de asfixia por estrangulación en su variedad manual, lo que se clasifica de mortal en un sujeto que cursaba con signos macroscópicos de traumatismo craneano y signos microscópicos de hipertensión arterial e isquemia crónica miocárdica”.

Se descarta la muerte por paro cardiaco y que el cadáver presentaba “Lesiones típicas y similares a las producidas en casos de lucha y/o defensa” y que para producirlas participaron más de una persona como actor activo, por lo que desde el punto de vista criminalístico, el diagnóstico es homicidio.

Así, en el documento firmado por el entonces presidente de la CEDH, Adolfo Ortega Zarazúa, se recomienda iniciar una investigación a los agentes que participaron en los hechos donde perdió la vida Roberto Hernández, quienes son: Roberto G. Oviedo Serrano y Gabriel Gutiérrez San Pablo, además de los peritos legistas de la PGJ José Manuel Gamboa Tirado, Valentín Hernández Moreno y Francisco Gracia Ruiz por su participación en la necropsia y sus dictámenes correspondientes.

La investigación periodística
Si bien es cierto que el primer medio en donde apareció la nota fue el Diario de Querétaro, fue la investigación periodística publicada en El Nuevo Amanecer hecha por el reportero Andrés Vázquez Hinojosa la que le dio un nuevo contexto.

Lejos de tratar el caso como una simple nota roja más y sin las ataduras al poder que obligan al silencio cómplice.

La primer nota del caso se publica en la edición del 24 de octubre de 1994, con una llamada en primera plana. Para entonces, los familiares ya habían acudido a la CEDH.

La cabeza dice: “Exigen se aclare la muerte de El Curkis, torturado en los separos de la Policía Investigadora” y los primeros párrafos del cuerpo de la nota son los siguientes

“La Comisión Nacional de Derechos Huma­nos y la Procuraduría General de la Repú­blica, en coordinación con la Comisión Es­tatal de Derechos Humanos, investigan detalladamente la muerte de Roberto Hernández Rico El Curkis, joven de 25 años, vecino de la colonia La Sierrita, quien murió “en forma muy misteriosa”, mien­tras rendía su declaración preparatoria el 1 de octubre en las instalaciones de la Policía Investigadora Ministerial de esta ciudad, luego de haber sido detenido por robar un queso y un chorizo en una menudería muy popular en el barrio del Retablo.

Según relató un amigo que lo acompaña­ba, “nosotros pasábamos por ahí a nuestro domicilio, pero nos encontramos con unos teporochos que siempre se juntan en una casita de cartón atrás de FAMS A, junto al río. Nos pidieron para un taco, a lo cual Roberto les dijo que si tenían hambre aho­rita les traía de comer, y como yo me había tomado unas chelas pues también les dije que se mocharan con una “cubila” mientras tanto esperábamos que Roberto trajera de comer. Roberto traía dinero porque le ha­bían pagado una chamba de carpintería y traía su bicicleta e iría más rápido. Estába­mos en el cuarto de cartón, y de rato me di cuenta que había patrullas de judiciales y de pitufos enfrente del baldío. Y nada más vi cómo golpeaban a Roberto y a puros chingadazos lo subieron a la patrulla de la judicial”.

Por otra parte, los familiares de Roberto dicen que nunca recibieron ni la bicicleta, los N$ 520.00 que había cobrado de un trabajo de carpintería ni sus pertenencias personales. Un día después de la detención la familia fue enterada de que el joven había fallecido.

Los familiares y amigos de Roberto Hernández están muy inconformes por los supuestos resultados de la necropsia, y dicen que resultan infantiles las respuestas que dio el médico legista, quien sostuvo que El Curias murió de “insuficiencia re­nal, abscesos en el hígado, pulmón pega­do”, y el resultado de esto lo llevó “a un paro cardiaco”.

La diferencia con la nota publicada en Diario es que el reportero no hace su trabajo con la información oficial que le dan en la PGJ sino que movido por la natural curiosidad periodística del reportero, va más allá y visita a los familiares, plática con ellos y reconstruye los hechos, alejándose de la versión oficial.

Ese es el signo del nuevo periodismo. El siguiente paso es dar continuidad y profundizar en el caso, lo cual se consigue en las siguientes ediciones.

La siguiente nota, publicada en la edición 231 el 31 de octubre, es una entrevista con la hermana del fallecido aun mes de su muerte.

Gloria Hernández, hermana de El Curkis: ¿Seguiremos teniendo en las corporaciones policíacas a salvajes criminales?

Se cumple un mes la muerte del joven deportista Roberto Hernández Rico El Curias, quien fuera torturado en los separas de la Policía Investigadora Ministerial, y hasta el momento no se conocen resultados de la segunda necropsia.
El viernes 28 de octubre, en la Comisión Estatal de Derechos Humanos fuimos aten­didos por la secretaria del secretario técni­co José Carlos Rojano Esquivel, ya que “los licenciados están muy ocupados en una junta”. La empleada sólo informó que el problema sigue siendo “confidencial” y que no se sabe nada con respecto a los resultados de la investigación que realizan los médicos legistas de la CNDH y de la PGR.

Por otra parte, la señora Gloria Hernández Rico, hermana del hoy fallecido, dijo a este semanario que si no le hacen caso la Procuraduría General de Justicia, el gober­nador del Estado, ni la CEDH -que están debidamente enterados de la brutal golpiza que terminó con la muerte de El Curkis en los separas de la Policía Investigadora- ella acudirá “directamente a México”.

Para ello, indicó, se acompañará de otras personas “que han sufrido casos similares y en los que tampoco se ha hecho nada para esclarecer estas muertes tan misteriosas. Este no es el primer caso y creo yo que tampoco será el último, y si no hacemos nada al respecto, seguiremos teniendo sal­vajes criminales que se escudan en las corporaciones policíacas, y que de paso las autoridades superiores todavía los prote­gen y encubren de sus fechorías.

“¿Qué es lo que está pasando, se pregunta consternada Gloria Hernández, tenemos una policía llena de criminales y de rateros, ya que aparte de matarlo brutalmente a golpes, todavía tienen el descaro de robarle su bicicleta, su dinero y otras pertenencias personales”, puntualizó.

Aquí, a diferencia del periodismo ejercido tradicionalmente entonces en Querétaro, se da voz a las víctimas de la desgracia y se evidencian la negativa del sector oficial a brindar información.

El reportero Andrés Vázquez da un seguimiento puntual del caso, el cual como novela policíaca va in crescendo hasta que tiene uno de sus momentos culminantes.

Como mera anécdota, casualmente, en noviembre de 1994 se envía a los medios locales una carta de una presunta Milicia Zapatista de la Sierra Gorda, en cuyo documento al único personaje que se hace alusión como “defensor de opresores de indios en Querétaro” a Adolfo Ortega Zarazúa, entonces titular de la CEDH. Finalmente, se comprueba que dicho agrupación nunca existió más que en el papel.

En la edición de 16 de enero, la cabeza del semanario es “Tortura” en alusión al resultado de la investigación de la CEDH sobre el caso Curkis. Andrés Vázquez nuevamente busca de primera mano el testimonio de la familia agraviada, y en esta ocasión entrevista nuevamente a la hermana del occiso.

“Muy indignada y triste, Gloria Hernández Rico, hermana mayor de El Curkís, quien fue torturado y muerto por estrangulación en los separes de la Policía Investigadora el pasado 1 de octubre, relata cómo fue en vida Rober, como ella lo llamaba La tristeza se mezcla con el coraje.
—Yo no soy nadie para juzgar a los asesi­nos, pero esto que hicieron no tiene perdón de Dios, ya que no es la primera vez que sucede esto. A cada rato sale en los periódicos: murió tal persona en la judicial o murió cuando declaraba, pero estas personas no nada más mueren porque sí, se mueren porque les hacen algo, les pegan, los torturan o se les pasa la mano y los asfixian. Ya nada más dicen: le dio un paro cardiaco, y todavía de paso los médi­cos forenses, encubren a los judiciales asesi­nos, llenando las actas de defunción, diciendo que murieron de no sé qué tanta cosa que se les viene a la cabeza a los supuestos doctores, queriendo dar a entender que estas personas ya estaban muertas envida…, y luego todavía de paso estas actas de defunción las firma el director de la “Policía Investigadora” sin leer nada, y mucho menos investigar nada…
“¡Cómo no va a dar coraje!, dice la señora Gloria mientras mueve lentamente la cabeza, reflejando tristeza y coraje. ¡La policía que tenemos está llena de asesinos, de rateros, de narcotraficantes, son ellos mismos quienes distribuyen las drogas…!, pero el pueblo ya no se chupa el dedo, ya estamos cansados de tantas barbaridades sin que se haga justicia Y yo solo pido eso: justicia.

Se incorpora al seguimiento del caso el reportero Roberto Ayala quien entrevista al procurador Gustavo García quien afirma que no van a encubrir a nadie en caso que se llegara a demostrar responsabilidad de alguno de los agentes en la muerte del Curkis, tal y como lo afirma la CEDH.

Así, El Nuevo Amanecer no ceja en su empeño de llegar al fondo de los hechos. En febrero, cuando se realiza una nueva necropsia, ahora por la PGJ los diarios locales se ven obligados a retomar el caso. En esta ocasión, los peritos intentan desmentir las afirmaciones que El Curkis falleció por asfixia pero no encuentran el hueso hioides, que de estar fracturado se comprobaría la asfixia, y se culpa a los peritos de la CND de haberse levado el hueso. Noticias omite estos detalles y repite la versión oficial: no hubo tortura. El Nuevo Amanecer no quita el dedo del renglón e insiste en la investigación.

Para abreviar la documentación periodística, acotaremos que en junio, Apolinar Ledesma, director de la Policía Investigadora Ministerial es sustituido en su cargo por Juan Manuel Ballina y tras ocho meses de denuncias periodísticas, la Procuraduría aceptó que hubo excesos y se abrieron investigaciones contra los presuntos responsables de la muerte del Curkis, que quedaron en eso: meras investigaciones.

Prensa y Derechos Humanos
¿Cuál es la lección que queda de este seguimiento periodístico?

a) Básicamente que los medios de comunicación pueden ser instrumentos de vinculación para ejercer presión en el respeto de los Derechos Humanos.

Pero esto sólo se logrará con una prensa independiente, libre de las ataduras del poder que asfixia la libertad.

La denuncia en prensa es también una forma de prevenir futuras violaciones a los derechos humanos.

b) Queda claro que los medios no son oficinas de ministerios públicos, pero si pueden ser vehículos de promoción de respeto a la persona humana. Toda acción denunciada en el medio tiene que ir respalda con las debidas acciones legales, que es al final de cuentas el terreno en donde se está peleando por la defensa de los Derechos Humanos.

c) En los medios se puede ir promoviendo una cultura de respeto a los Derechos Humanos con campañas de difusión de los valores y de acciones que los consoliden.

No es necesario un video ni una mínima imagen aunque digan que esta vale más que mil palabras. El valor de la reconstrucción de los hechos, la objetividad periodística, el dar voz a los que no son escuchados regularmente, pueden también mover el mundo.
Fuentes

Espino, Germán. El crack del 97. Querétaro 2003.

Hernández Ramírez, María Elena. “Mirada sociológica al periodismo mexicano” en Revista Mexicana de Comunicación número 89. Página web.

Taufic, Camilo. Periodismo y lucha de clases. Edit. Nueva Imagen. Santiago de Chile 1973

Recomendación de la CEDH no 50/94. Enero 4 de 1995

Semanario Nuevo Amanecer 1994-1995
[1] Taufic, Camilo. Periodismo y lucha de clases. Edit, Nueva Imagen. Santiago de Chile 1973. Pp. 25 y 26
[2] Hernández Ramírez, María Elena. “Mirada sociológica al periodismo mexicano” en Revista Mexicana de Comunicación número 89.
[3] Ibid
[4] Espino, Germán. El crack del 97. Querétaro 2003. p. 80
[5] Ibid. p. 81
[6] Ibid. p 82
[7] Recomendación de la CEDH no 50/94. Enero 4 de 1995

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Esta entrada fue publicada en octubre 2, 2009 por en Periodismo y etiquetada con , .

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