El blog de Víctor López Jaramillo

La guerra de los sándwiches


 

Víctor López Jaramillo

Y cuando despertamos, el país se nos seguía deshaciendo entre las manos, Diego Fernández de Cevallos continuaba desaparecido, el pasaje en Querétaro costaba 6.50 pesos y José Saramago y Carlos Monsiváis habían muerto. Pero le ganamos 2 a 0 a Francia.

Tendremos un Estado fallido, una guerra contra el crimen organizado que “se va ganando” aunque no lo parezca, un Querétaro donde nunca pasa nada y si pasa, son simples “hechos aislados”, hermanos incómodos de ex alcaldes panistas capitalinos, la inseguridad en aumento… pero no importa, le ganamos a Francia.

105 minutos (si incluimos los 15 de reglamentario descanso entre tiempos) en los que, como si fuera efecto de Matrix, el país entero se detiene y contiene la respiración.

México contra Francia, no es la Guerra de los Pasteles, ésta es más banal pero emociona: es la Guerra de los Sándwiches 2010.

No importa Calderón, ni siquiera importan el gobernador Calzada  -quien al más estilo populista priista, se da baños de pueblo y ve los partidos enfundado en su playera verde en Plaza de Armas- ni el alcalde capitalino Francisco Domínguez; la patria –o lo que queda de ella- está en peligro balompédico ante una nueva Intervención Francesa y Rafa Márquez es más efectivo comandando la defensa nacional que el general Guillermo Galván.

México domina pero claro, no todo es miel sobre hojuelas, Carlos Vela está más desaparecido que Diego Fernández y sale lesionado (Vela, no Diego, no se me vaya a iniciar una línea de investigación producto de una mala redacción) y un Guille Franco atrabancado como Francisco Domínguez e igual de ineficaz al ataque.

Termina el primer tiempo y nada peor que la incertidumbre del cero a cero. A reabastecerse de cerveza, botana y empezar a planear la táctica del segundo tiempo porque todos los mexicanos somos DT (Directores Técnicos).

Que si ya debería entrar el Chicharito, que si hace falta Temo para dar un buen pase, que Salcido está dando un juegazo por izquierda pero hace falta más desborde por derecha (justamente lo contrario de lo que sucede en el país, una derecha desbordada y una izquierda que hace falta), que si Gio no se puede librar de la marca ni de Belinda, que si…

En eso empieza la segunda mitad que, como mundo sabe, es muy importante porque no hay una tercera mitad.

Del pesimismo a la alegría total

Y de nuevo, ahí va “el equipo tricolor a mostrar que tiene mucho corazón y en la cancha lo demostrará” (sí, es la letra del himno de la Selección que se usó en México 86) a pelear contra el otro equipo tricolor que representa al país que ama, entre otras cosas, la igualdad, por eso vamos empatados.

Otra vez, a dominar el medio campo, a controlar a Ribery que tiene cara de mosquetero que perdió una batalla y es más rudo que Obelix, mientras Henry ve el juego desde la banca porque el tarot así se lo dijo al técnico francés.

De este lado, el ‘Vasco’ Aguirre ya ni se acuerda que dijo que somos un país jodido y Mario Carrillo se siente el verdadero “Capello” y empiezan a buscar a un zacapoaxtla en la banca pero lo más cercano que encuentran es a Cuauhtémoc Blanco y al Chícharo Hernández.

Levántensen, anoten y pártanselas, parece decirles ‘el Vasco’ y entran al terreno de juego.

Los galos tiemblan, pero de frío porque no tienen idea quien es el Temo ni el Chícharo.

Al ver a Blanco, Ribery de seguro se acordó del Jorobado de Notre Dame. Los que si tienen idea son los millones de aficionados aztecas que los aclaman y dicen: ora sí, ya entró el gol.

Y que resulta cierto.

Rafa Márquez manda un pase exacto que el mismo Montana envidiaría y el Chícharo se aprovecha de la abulia francesa que ni tiene ganas de protestar un posible fuera de lugar, recibe el balón, duda, voltea a ver al abanderado, vuelve a tener una duda existencialista, encara al portero y da el clásico pasecito a la red. Ora sí hizo sándwich de gol.

Para los pesimistas viene lo peor: aguantar el gol y una posible resistencia francesa que luego se vuelque a la ofensiva. Pero no, en la banca los galos carecían de un De Gaulle y la defensa mexicana va todos los balones por mas espurios que parezcan.

Sin embargo falta el gol que asegure el triunfo y ese llegaría de los pies de Cuauhtémoc.

Pero antes, Pablo Barrera corre toda la banda derecha con el balón, se pasa por el Arco del Triunfo a un defensa galo y cuando se le agota el gas, siente la barrida de un desesperado francés y cae en el área.

¿Clavado? No importa, es penal y el 10 azteca pide el balón.

Al Temo, que de seguro nunca ha leído al escritor francés Albert Camus -que jugó de portero-, se enfila desde la media luna y con una precisión literaria que el propio Juan Rulfo hubiera envidiado, le pega al balón que al estrellarse con las redes de la portería hace estallar las gargantas nacionales.

A festejar porque no hay resistencia gala. Dos a cero. Es la guerra de los sándwiches y los ‘tachos’ nacionales se han cubierto de gloria.

Ahí está la patria –o lo que queda de ella que, como dice la canción de Miguel Mateos, se emborracha cuando gana y amanece con un forastero en la cama y sueña con todo lo que le han quitado.

Tendremos un Estado fallido y amplias zonas del país ingobernables, pero se le ganó a Francia. Total…

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4 comentarios el “La guerra de los sándwiches

  1. Etrigan
    junio 20, 2010

    Jajajaja me encanto tu crónica, escribes muy fluido y con muchos recursos, felicidades por el articulo, saludos

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  2. maeggleton
    junio 21, 2010

    Señor director:
    Soy su fan.

    Me gusta

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Esta entrada fue publicada en junio 20, 2010 por en Futbol, Literatura, Periodismo y etiquetada con , , , , .

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