El blog de Víctor López Jaramillo

Exilio de mí mismo


Hoy desperté con un sentimiento de vacío. No triste ni melancólico, simplemente vacío.

Como si en la travesía de la noche algo se hubiera caído de mi barco para perderse irremediablemente en ese mar oscuro y yo no atinara a rescatarlo y me resignara a contemplar su hundimiento.

Quiero pensar que estoy triste pero no puedo. Si quisiera llorar mis lágrimas se pondrían en huelga. Intento reír a carcajadas pero todo es amargo.

En mi temprana adolescencia me fascinaban estos días de otoño.

Hoy, apenas si son días diferentes del resto y los más distintivo es el cambio de horario y que las tardes son más del color del Zempatzuchitl (¿así se escribe?) que en esos días de verano en que la vida y el día parecen eternos.

He perdido algo y no sé qué es.

Es como si todas mis emociones me hubiesen abandonado en una isla y yo resignadamente lo aceptara.

En la mañana salí a correr más con el objetivo de agotarme, desahogarme, gritar algo mientras voy en la orilla de esa carretera cerrada que está cerca de mi casa.

Sin embargo, no pude.

Troté y troté. De mi garganta no salió nada. Me limpiaba el sudor mientras espantaba a los perros del camino y llegaba al final.

Llegué a mi casa no muy agitado.

Sin embargo el vacío sigue.

Es como un hoyo negro interior que me devora poco a poco. Que no tiene centro de gravedad fijo pero absorbe todo.

Y es ese el problema. No hay un centro de gravedad que justifique este aturdimiento. Y eso me hace buscar a personas que ya son estatuas de sal. Y yo acabaré convertido en estatua de sal si sigo mirando atrás.

Quiero pensar que es mi soledad acumulada pero sé que sólo sería un pretexto.

Quiero pensar que son los fantasmas de mis amores frustrados pero sé que sólo sería un pretexto.

Y así me encuentro hoy, apenas inmóvil, sin motivo aparente para haber dejado de soñar.

Aunque los últimos sueños no fueron precisamente agradables, sólo me arrojaron al puerto de la mañana lleno de dudas.

Un día soñé que estaba al final de un lúgubre camino con una cabra, una cobra y un león negro, o la sueño a ella, a mi corazón sagrado, que está triste, sentada en una escalera y sólo me mira sin decir nada. Como una diosa que no acepta mis rezos.

Como si un dios arrogante me hubiera condenado a un exilio de mí mismo. A no saber explicarme ni entender que siento. A creer de repente que nada ha existido pero las cicatrices se hacen más grandes.

Miro atrás y sólo veo cadáveres cubiertos de sal, algunas estatuas de cenizas y un cielo eternamente anaranjado.

No tengo ganas de elegir entre el olvido y la memoria como dice la canción, no sabría que escoger.

Hoy apenas me siento como una nube que no llovió o como el viajero que se equivocó de autobús y no sabe si bajarse o no.

Tengo la duda del legionario romano que se pregunta si conquistar el mundo sirve para algo, que duda en seguir peleando o sólo protegerse tras su escudo de las flechas de los bárbaros que atacan sin misericordia al invasor.

En fin, que ahora tengo delante de mí un montón de notas por corregir y una portada que diseñar y sólo atino a escribir esto y mirar por internet facebook.

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5 comentarios el “Exilio de mí mismo

  1. Estatua de salami :)
    diciembre 3, 2009

    Hola, Victor. Tu tedio me recuerda una película de Goddard que dice que se es adulto cuando se tiene una opinión sobre el amor, sobre la política y sobre otra cosa que no recuerdo. ¿Será que tú lo cabas de lograr? Saludos.

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  2. Eymi
    diciembre 3, 2009

    Creo q puedes entenderme más de lo que imagino

    Me gusta

  3. hugo luchetti
    diciembre 7, 2009

    UN VACIO TAN HONDO
    PUEDE CONTENER DENTRO DE SI UN UNIVERSO

    ESTA FRASE POETICA ES, EN REALIDAD,
    O REPRESENTA, EN REALIDAD,
    LA PARADOJA DE ZENON
    DEL “ESPACIO INFINITO”

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  4. Magi
    diciembre 16, 2009

    !Orale¡, estabas inspirado en uno de esos días naranjas, sí, se pone groovie la cosa, produce un ambiente de melancolía y ensueño.

    Es verdad no se puede desahogar uno mientras corre es muy fatigoso.

    Bueno ya vi tu página, lei unos cuantos parrafos, deje comentario, misión cumplida, haber en que otro maratón te encuentro trotando a gran velocidad para huir de ti mismo.

    Que pases un invernadero feliz, por aquello de los osos.

    p.d.- Por cierto te pregunte aquella mañana si no me odiabas y respondiste que no, entonces me pregunto ¿por qué no enviaste a nadie a mi expo?, supongo tenías sentimientos encontrados que ya se desvanecieron, me parece bien. Amigos otra vez, bien.

    Feliz Vida, ya que no te gusta la navidá, pos tenía que ser feliz algo.

    Chaooo…

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Esta entrada fue publicada el diciembre 3, 2009 por en Literatura.

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